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El euro, una moneda al borde del abismo por la ortodoxia germana

Hasta el lobby internacional de la banca pide al BCE que actúe contra la especulación

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Fábricas de moneda funcionando 24 horas al día. Billetes en carretillas que iban perdiendo valor de camino a la tienda. Hiperinflación. La pesadilla de los alemanes durante la República de Weimar en el periodo de entreguerras del siglo pasado, la aversión a las consecuencias de pagar deudas (entonces reparaciones de guerra), dándole a la maquinita de hacer dinero, marca el rumbo de la política monetaria de la zona del euro en el año 2011. El Banco Central Europeo (BCE) se creó a imagen y semejanza del Bundesbank por imposición alemana.

El Tratado de Maastricht se diseñó para evitar lo que ahora un coro de voces pide al BCE: que actúe, que rompa el círculo de tensión sobre la deuda, que salve el euro con dinero fresco. La ortodoxia va a matar a la moneda única, dicen. Ayer se unió al coro el Instituto de Finanzas Internacionales, el lobby de la gran banca que subrayó que 'el BCE es la única institución capaz de ofrecer apoyo realista en las próximas semanas'. También la patronal italiana Confindustria cuya presidenta, Emma Marcegaglia, afirmó que 'una Europa con una moneda única pero sin un prestamista de última instancia (...) no puede mantenerse en pie'.

Cambiar los tratados para que el BCE financie a los estados tarda años

Alberto Montero, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Málaga, cree que 'si bien cualquier relación directa del BCE con los estados está prohibida, en el secundario (mercado de compra y venta) puede actuar libremente por el mandato de gestión de la base monetaria'. Otros piensan que esa es una interpretación muy laxa del Tratado. Montero considera que 'a quien está beneficiando esa actuación es a la banca, que cambia activos de riesgo por dinero' y con poco efecto porque las actuaciones 'no tienen continuidad, se interviene en situaciones extremas'. Pero para que el BCE financie directamente a los estados, no hay duda: 'Hay que cambiar los tratados', sentencia.

Se puede (está por ver que se quiera, con Alemania cerrada en banda), pero eso exige un proceso tan largo que, si es la única solución, para cuando esté concluido, este periódico quizás se pague en pesetas. Cambiar 'es fácil si los estados saben lo que quieren', explica a Público Francisco Fonseca, director de la Comisión Europea en España. Pero incluso con esto claro, lo máximo que se puede acelerar el proceso, antes de que el texto esté listo para ser ratificado por los parlamentos, es 'un año'.

'Con la propuesta concreta, el Consejo debe consultar al Parlamento, la Comisión y, en este caso, al BCE. De ahí sale un dictamen no vinculante. Se reúne entonces la Convención, integrada por representantes de los parlamentos de cada país, de cada Gobierno, miembros del Parlamento Europeo y de la Comisión para elaborar una propuesta global que, una vez aprobada, estudia una comisión intergubernamental. Si hay acuerdo, se firma el Tratado y empieza el proceso de ratificación'.

Existen vías para frenar el ataque que podrían aplicarse inmediatamente

Este minucioso camino puede ser sustituido por otras vías que servirían al mismo fin sin tocar los tratados, comenta. 'Se puede utilizar el Banco Europeo de Inversiones; o dar ficha bancaria al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, que podría así acudir a la barra libre del BCE; o acceder a la propuesta de la Comisión de crear una cesta de títulos de deuda', explica.

¿Y si no? 'Estamos en una situación muy límite', advierte José García Montalvo, catedrático de Economía de la Universitat Pompeu Fabra, quien se muestra en contra de compras masivas por el BCE que minarían su credibilidad, cuando es de las pocas instituciones en Europa que la conservan. Sí cree que se deben buscar soluciones rápidas porque 'el proceso de desconfianza ya llega al ahorrador final'. Por eso considera 'muy importante el anuncio de ayer de que el BCE estudia dar líneas de liquidez a la banca de dos o tres años. Incluso el Quantitative Easing de EEUU (programas de inyección masiva de dinero) es a corto plazo, por si repunta la inflación, drenar rápidamente dinero. Esa actuación del BCE solucionaría el gran problema de la banca, que no es de solvencia, sino de liquidez', comenta García-Montalvo.