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Europa llega al G20 con un espíritu reformista que causa recelo en Washington

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Los líderes europeos llegan hoy a Washington con el Viejo Continente oficialmente en recesión y una ambiciosa agenda para la reforma de los mercados financieros que el presidente saliente de EE.UU., George W. Bush, mira con recelo.

El inquilino de la Casa Blanca alertó ayer, en la antesala de la cumbre del G-20 que arranca hoy con una cena de jefes de Estado en Washington, que la actual crisis mundial, con epicentro en Estados Unidos, "no es un fracaso del libre mercado".

Según Bush, tampoco es fruto de la escasa regulación, como mantienen sus homólogos europeos, sino de unas normas desfasadas y una mala gestión del riesgo.

La solución, no es un mayor Gobierno sino un Gobierno más inteligente, dijo Bush a los líderes del G-20, integrado por países desarrollados y en desarrollo, que mantendrán mañana una reunión de trabajo en el National Building Museum de la capital de EE.UU.

Una visión bien distinta tienen los responsables europeos, con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, jefe de turno de la Unión Europea (UE), y el primer ministro británico, Gordon Brown, a la cabeza.

Y es que, según la visión predominante en Europa, sin mayor regulación es inevitable que se repitan las turbulencias que han convulsionado a los mercados mundiales durante los últimos meses.

La actual crisis es fruto, en gran medida, de la ingeniería financiera ideada por los "gurús" de Wall Street que diseñaron, bajo la mirada ausente de los reguladores, complejos instrumentos financieros respaldados por hipotecas de alto riesgo a las que las agencias de calificación dieron su visto bueno.

El estallido de la burbuja dejó al descubierto conflictos de interés, niveles suicidas de endeudamiento entre los grandes de la banca de inversión estadounidense ya desaparecidos, gigantescas lagunas reguladoras y sistemas de riesgo que erraron a la hora de predecir el apoteosis.

Con ese escenario como telón de fondo, Sarkozy, llega a Washington con la intención de alcanzar un acuerdo que permita la puesta en marcha de amplias reformas en el plazo de cien días.

Esas reformas incluirían un sistema para detectar con antelación posibles desequilibrios en los mercados financieros.

Dada la resistencia de Estados Unidos a las regulaciones y el hecho de que el presidente electo de EE.UU., el demócrata Barack Obama, no estará presente en la cumbre, la opinión dominante parece ser que el encuentro no se traducirá en cambios drásticos.

"No podemos esperar un milagro de esta cumbre, que fue idea de Europa, sino el comienzo de un proceso que dará lugar a un programa acabado en cien días", dijo el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso en una entrevista que publica hoy el diario alemán Sueddeutsche Zeitung.

Aun así, la canciller alemana, Angela Merkel, dijo hoy en declaraciones a los medios en Europa antes de partir hacia Estados Unidos que es necesario que los líderes del G-20 "actúen".

Insistió en que la crisis todavía no está superada y es necesario ponerse de acuerdo en un marco general para endurecer los estándares reguladores e incrementar la transparencia.

Por su parte, el británico Gordon Brown, una de las voces más respetadas en medio de la actual crisis, quiere reformar los organismos multilaterales para dar más voz a Asia y otras economías emergentes, e insiste en la necesidad de mayores acciones coordinadas para impulsar el crecimiento.

Los observadores señalaron que la propuesta de Brown sobre el crecimiento podría toparse con menos resistencia que otras iniciativas, en la que se ha bautizado como "Cumbre sobre los Mercados Financieros y la Economía Global".

El G-20 está integrado por la Unión Europea (UE), el Grupo de los Siete (EE.UU., Canadá, Japón, Alemania, Reino Unido, Italia y Francia) y Corea del Sur, Argentina, Australia, Brasil, China, India, Indonesia, México, Arabia Saudí, Sudáfrica, Turquía y Rusia.

A invitación de Francia también estarán presentes España y Holanda.