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Europa: cómo preservar el progreso

Además de gestionar la crisis actual, debemos prepararnos para el largo plazo y reestructurar la economía europea

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La crisis económica supone un reto para las instituciones y los valores fundamentales de la UE. Nuestra confianza en los beneficios a largo plazo de la libre circulación de personas, dinero, productos y servicios se está viendo enfrentada a la tentación de establecer medidas proteccionistas a corto plazo. El liderazgo de la UE en la cuestión del cambio climático está siendo llamado a la reconsideración. El sentido de solidaridad dentro de Europa entre el Este y el Oeste, los ricos y los pobres, lo nuevo y lo antiguo, está bajo presión.

Lo cierto es que el mercado único, la ampliación y el Euro han hecho que Europa sea más efectiva, y no menos. La forma de conservar estos logros es construir sobre ellos. Por esta razón la reforma continua es la mejor, si no la única forma de defender los logros de la UE y garantizar su éxito continuado.

Dicha reforma debería centrarse en tres áreas clave. La primera sería la economía. En los últimos años hemos asistido a una ola de innovación financiera. Pero los organismos reguladores no han sabido mantener el ritmo ni parar la acumulación de riesgo sistémico. Este fracaso ha hecho peligrar los ahorros y las pensiones de los ciudadanos y ahora, a medida que se va abriendo camino hacia la economía real, muchos ven peligrar sus empleos y hogares. Por eso, para dar respuesta a esta crisis, hay que cambiar la normativa tanto en Europa como en el resto del mundo.

El informe Larosière sobre la mejora de la supervisión y las normativas en Europa tuvo una acogida favorable en el Reino Unido. Hemos propuesto la creación de un órganismo europeo de alerta temprana. También queremos que se cree un organismo independiente que dicte las normativas financieras técnicas eliminando las divergencias nacionales.

Además de gestionar la crisis actual, debemos prepararnos para el largo plazo. Debemos reestructurar la economía europea. Necesitamos más universidades de primera línea y una mayor inversión en I+D si queremos competir en calidad e innovación más que en precios. Muchos países aún necesitan flexibilizar sus mercados laborales y cuando comience la recuperación, las empresas deberían ser capaces de arriesgarse y estar dispuestas a ello empleando a más personal, mientras tratan de expandirse y crecer.

La segunda prioridad es dar un giro hacia una economía con menores emisiones de carbono. No se trata solo de un asunto medioambiental o de algo a largo plazo, sino que es fundamental para la seguridad europea y para nuestra prosperidad, ya que la subida vertiginosa en los precios de las materias primas el año pasado hizo que los bancos centrales tuvieran que actuar para frenar la inflación, justo cuando la crisis crediticia estaba pidiendo tipos de interés más bajos. Y en enero pudimos observar como la disputa entre Rusia y Ucrania dejó a parte de Europa central y oriental sin combustible durante dos semanas.

Para luchar contra la recesión y prepararnos para una recuperación sostenible debemos invertir en nuevas infraestructuras bajas en carbono: casas más eficientes, coches eléctricos, mejor interconectividad y captura y almacenamiento de carbono. Esto podría y debería ser una importante fuente de creación de empleo. Han de impulsarse los mercados energéticos abiertos y transparentes y mejorar la competencia para beneficio de los consumidores. Y el presupuesto de la UE ha de estar en línea con los problemas actuales sobre la energía y la seguridad climática más que con el principal problema de la postguerra, que fue la seguridad alimentaria.

En tercer lugar, debemos reavivarlas relaciones con nuestros vecinos. Porque esta crisis nos ha mostrado muy claramente que estamos expuestos a los problemas más allá de nuestras fronteras. Aunque la tentación sea grande, no podemos encerrarnos en nosotros mismos.

Debemos lograr que Turquía continúe en el camino hacia la pertenencia europea - el proceso de adhesión y las reformas requeridas ya están reportando beneficios. La oferta de pertenencia a la UE es además muy importante para superar la política nacionalista y las divisiones étnicas que han marcado a los Balcanes europeos durante tanto tiempo.

Además de estos países, hay otros - como por ejemplo Islandia y Ucrania - para los cuales debemos dejar abierta la posibilidad de integración. Y en el caso de todos aquellos que no son candidatos o no quieran unirse, debemos intensificar nuestra cooperación en aras del interés mutuo. Porque la prosperidad de los países con los que compartimos fronteras está ligada a la nuestra. Porque el impacto de conflictos como el árabe-israelí llega más allá de su epicentro. Y porque, si nos tomamos la diversificación de nuestras fuentes de energía en serio, deberemos buscar alternativas, por ejemplo, examinando la forma de aprovechar la energía solar del norte de África.

Esta crisis ha puesto a prueba nuestras instituciones y nuestros valores, y también las presunciones de aquellos que siempre han respaldado la integración europea y de aquellos que han defendido una unión más amplia, pero no más profunda.

Aquellos que temían la idea de una 'Europa demasiado grande', que han invertido tiempo y energía en luchar por el concepto inalcanzable de un estado federal, han de admitir ahora las amenazas reales a las que nos enfrentamos. La fragmentación del mercado único tendría un efecto devastador en todas nuestras economías.

Para mantener nuestras libertades económicas debemos defender las instituciones políticas de Europa. La mejor defensa contra el proteccionismo es una Comisión Europea efectiva.

Y aquellos que promulgaban que las reformas económicas y sociales, las reformas presupuestarias y la ampliación acabarían con el proyecto europeo, han de admitir ahora que son necesarias para defenderlo y fortalecerlo. Por eso son parte del programa de las fuerzas progresivas de Europa.

Esta crisis es una crisis mundial que requiere una respuesta mundial. Tiene un impacto nacional y local y por tanto, requiere acciones nacionales y locales. Pero la acción de la UE también ha de ser parte de esa respuesta, ya que la UE ayuda a acortar la distancia entre una economía interdependiente a nivel global y unas identidades políticas nacionales arraigadas. Sus logros históricos (el mercado único y la ampliación) han de ser bien acogidos. Y si su éxito continúa en el tiempo, debemos continuar realizando reformas para construir la flexibilidad, la resistencia y la influencia global de Europa.