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Europa y los discos de los Beatles

Más de tres cuartas partes de las grabaciones sujetas a copyright pertenecen a las cuatro grandes multinacionales del disco

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¿Conocen el caso de Mickey Mouse y la extensión del copyright? Aunque Walt Disney lleva más de cuarenta años fallecido, los ingresos que genera Mickey los monopoliza aún la compañía que fundó su creador. Su acceso al dominio público se consiguió bloquear gracias a las presiones de la misma empresa que, al mismo tiempo, ingresa enormes cantidades de dinero con historias libres de derechos como Blancanieves o Pinocho.

El copyright no es como la propiedad de una casa: pretende ser una garantía para que los artistas puedan seguir creando, incentivarles para que recuperen su inversión y les compense el esfuerzo creativo. Por lo tanto, una vez pasado un tiempo prudencial, ese derecho prescribe y su obra pasa al dominio público.

Las composiciones de Mozart, por ejemplo, forman parte del acervo cultural de la humanidad. Según la normativa vigente en Europa, cualquiera puede grabar una sonata de Mozart y editar esa grabación sin rendir cuentas a nadie, a la vez que mantiene el derecho de propiedad sobre esa grabación durante los siguientes cincuenta años. Una vez pasado ese tiempo, cualquiera puede editarla nuevamente o incluso construir algo nuevo a partir de ella, sin tener que pagar derechos al propietario de las grabaciones.

Ese término, el de la propiedad sobre la grabación, es el que ahora se quiere extender. Hasta ahora casi no había grabaciones en el dominio público, porque las técnicas de registro sonoro son relativamente recientes, pero el paso del tiempo está empezando a afectar a algunos lobbies con influencia en Bruselas.

Más de tres cuartas partes de las grabaciones sujetas a copyright pertenecen a las cuatro grandes multinacionales del disco (Sony BMG, Warner, EMI y Universal).

En Gran Bretaña, esto está a punto de afectar al primer éxito que tuvo en 1959 Cliff Richard, todo un símbolo nacional. Y si hablamos de símbolos nacionales, muchas tonadillas de Concha Piquer, Miguel de Molina o Marifé de Triana pertenecen ya al común de la humanidad.

Pero lo más dramático vendrá en unos años, cuando pasen al dominio público las primeras grabaciones de los Beatles. A partir de ahí será todo cuesta abajo y sin frenos: The Rolling Stones, The Kinks y toda la época dorada de la música grabada. Unos pocos tienen mucho que perder, y la mayoría tenemos mucho que ganar.