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¿Es cierto que existe una isla de plástico en el océano Pacífico?

En una zona del Pacífico hay una abundante presencia de plásticos que ingieren los peces que viven en las cercanías

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En el Pacífico no existe una isla de plástico. Lo que se descubrió hace unos 14 años es una zona donde se han detectado importantes cúmulos de plástico, aunque en ningún caso se trata de una isla. Esta zona con abundancia de plástico está situada en el océano Pacífico entre 140º y 150º de longitud oeste y 37º y 42º de latitud norte, con un diámetro de aproximadamente 200 kilómetros.

En esta zona hay una importante abundancia de pequeñas partículas de plástico, especialmente fragmentos de monofilamento, o sedal, empleado en pesca, y que superan al plancton en masa. Esta acumulación se explica por la dinámica oceanográfica de la región, situada en una zona de convergencia de masas de agua, en la periferia de uno de los grandes giros subtropicales, donde las partículas que flotan tienden a acumularse incluyendo la basura que lanzamos al océano.

La Expedición Malaspina 2010 ha hallado acumulación de plástico en el Atlántico sureste

Esta no es, posiblemente, la única acumulación de plástico en el océano. En la Expedición Malaspina 2010, proyecto financiado por el Ministerio de Ciencia e Inno-vación que lidera el CSIC, estamos haciendo un inventario de basura oceánica y hemos observado una gran acumulación de plástico en el Atlántico sureste, donde la dinámica oceanográfica facilita la convergencia de masas de agua y la aglomeración de las partículas que flotan en estas.

Esta dinámica oceanográfica es muy similar a la encontrada en la isla de plástico del Pacífico Norte. De hecho, sería posible guiar una búsqueda de nuevas zonas de masas de basura a través de la búsqueda sistemática en las zonas de convergencia del océano.

Además de la dinámica oceanográfica, el cúmulo de plástico en estas zonas está determinado por su uso en actividades en el océano, como la pesca o la acuicultura, y también por la lenta degradación de los materiales plásticos. Mientras que las bolsas de plástico pueden tardar de diez a 20 años en degradarse, el monofilamento usado como sedal de pesca es mucho más resistente y puede tardar hasta 600 años en degradarse.

Así pues, todo el monofilamento que se pierde en el océano, de palangres de deriva y otros materiales de pesca, sigue acumulándose en el océano, ya que aún no han transcurrido 600 años desde que se introdujo este material por primera vez en la industria pesquera. Otros materiales son aún más persistentes, como las botellas de vidrio, que podrían tardar hasta un millón de años en degradarse completamente. El monofilamento de pesca no sólo se acumula en superficie, sino que también es responsable de la muerte de arrecifes de coral, cuando estos filamentos quedan enredados entre corales y el movimiento con el oleaje y corrientes marinas hace que este material erosione los corales o incluso llegue a cortarlos.

El sedal de pesca, que erosiona y corta los corales, puede tardar hasta 600 años en degradarse

Los cúmulos de basura no sólo se han detectado en superficie en las islas de plástico oceánicas, sino que se acumulan también en los fondos marinos. Un ejemplo, descubierto recientemente con submarinos de investigación, es un basurero submarino en la llanura en la que desemboca, a 2.000 m de profundidad, el cañón de Marsella.

Este cañón focaliza las basuras que se arrojan desde la ciudad de Marsella, que descienden por el mismo para acumularse frente a su desembocadura, donde se han encontrado importantes cantidades de botellas de plástico y de vidrio, entre muchos otros tipos de basura.

Estos cúmulos de basura tienen impactos importantes sobre el ecosistema, pues muchos de los compuestos que conforman el plástico son tóxicos y se acumulan en la cadena trófica. Resultados recientes indican que los peces que se encuentran en las cercanías de las islas de plástico ingieren una cantidad importante de este material, que se encuentra en sus estómagos, y finalmente la ingestión de plásticos, confundidos con medusas, es una de las principales causas de mortalidad de tortugas a nivel global.