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La exnovia de Carcaño implica en el crimen de Marta al hermano

La menor de Camas dice que Miguel le dio con el cenicero y luego ambos «se liaron» a pegarle

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Rocío, la menor que mantenía una relación con Miguel Carcaño y con el que vivía en Camas (Sevilla) cuando desapareció Marta del Castillo, ha implicado directamente en el crimen al hermano de éste, Francisco Javier Delgado, acusado sólo de encubrimiento y el único –además de su novia, María García– que ha mantenido su inocencia desde el principio. “[Miguel] Me dijo que había estado discutiendo con Marta, que el hermano estaba en la habitación y salió. Y al ver que Marta le contestaba a su hermano, [Miguel] le pegó con el cenicero. Luego se liaron el hermano y él a pegarle”, declaró la menor en la octava sesión del juicio.

Más allá de su participación o no en el asesinato –imposible de demostrar sin el cuerpo y con las pruebas que hay– este testimonio apuntala la tesis de que Delgado estaba en el piso de León XIII cuando sucedieron los hechos, sustentada hasta el momento únicamente por la declaración de Francisco Javier García Marín, el Cuco. El entonces menor dijo, según ha confirmado la policía, que vio a Marta con la cara ensangrentada, que Delgado estaba de pie, con los brazos cruzados junto al cuerpo y que lo amenazó si decía algo, aunque luego el Cuco se retractó.

Llamada amenazante

Los padres de Marta afirmaron que creen en la menor y, de hecho, puede cuadrar con el afán protector de Delgado hacia su hermano y quizá hacia él mismo. Su exmujer, Rosa S., que también declaró este jueves, afirmó que éste “se derrumbó” cuando detuvieron a Carcaño. El problema del testimonio de Rocío es que es su enésima versión –aunque ahora, como testigo, estaba obligada a decir la verdad–.

Según aseguró, todas las demás, en las que por ejemplo dijo que vio a Carcaño con una mancha de sangre o lavando la ropa en la bañera, fueron inventadas por miedo. “Recibí una llamada amenazante y me dijeron que si decía algo rajaban a mi madre de arriba abajo y a mí me daban una paliza”, añadió, dejando claro que no se trataba de Carcaño. Pero nadie en la sala le preguntó quién la amenazó ni los detalles sobre la supuesta participación de Delgado en el crimen.

La menor explicó, con tono decidido y expresiones elocuentes –“lo he dicho y lo mantengo”, “con certeza”, “supongo que si lo pregunta usted es cierto”, “yo estaba ingenua a todo”–, que Carcaño le contó la misma noche de los hechos lo que supuestamente había ocurrido. Según su relato, éste llegó a la casa de Camas a las once menos diez de la noche en moto y con un chándal blanco. Estaban “mosqueados” desde el día anterior y hablaron. “¿Se reconcialiaron?”, le preguntó el fiscal. “Más o menos”, respondió la chica.

Durante la cena, añadió Rocío, Carcaño recibió una supuesta llamada de Samuel a la que contestó que no sabía nada y que la había dejado, en referencia a Marta, en la puerta de su casa. Pero una vez ya en la cama y aparentemente dormidos, Carcaño, sobre la 1.30, se levantó, se vistió con el uniforme del trabajo, se subió a una mesita y salió por la ventana. “Yo me hacía la dormida, pero lo llamé y me dijo que iba a su casa a arreglar un problema con su hermano y a borrar pruebas antes de que nadie las viera”, continuó Rocío. Luego estuvo varias horas fuera. Y al volver, según la menor, Carcaño le dijo que “la habían quitado del medio” para que no la encontraran. “Él, su hermano y unos más”, zanjó.

La menor insistió en que ella no se lo podía creer, que estaba enamorada e hizo que la llevara hasta donde habían tirado el cadáver. Carcaño la condujo a una arboleda junto a su casa en Camas, pero no vio nada. “Le recriminé por qué no fue a la policía y me dijo que tarde o temprano lo iban a coger y quería estar libre el tiempo que le quedara”, añadió Rocío.

Carácter frío

Tanto ella como su madre, Soledad G., que también declaró ayer como testigo, destacaron el carácter frío de Carcaño cuando veía las noticias sobre la desaparición de Marta en la tele. “Muy tranquilo. Él apartaba la cabeza y hacía ummm, como si no le importara”, afirmó Soledad G., a quien le reprocharon de forma implícita que acompañara a varios programas de televisión a su hija menor, posteriormente indemnizada.

Durante el juicio, también fue leída la declaración de la abuela de la menor y madre de Soledad, ya fallecida. Esta mujer fue detenida acusada de encubrimiento por lavar la ropa que Carcaño llevaba esa noche. “Mi abuela tenía costumbre de meterla toda junta y a veces hasta desteñía la ropa”, dijo Rocío.

Ayer también declaró un testigo que asegura haber visto a dos jóvenes con una silla de ruedas sobre las dos de la madrugada, con algo que parecía una 'alfombra' o 'una moqueta'. Y la encargada del entonces trabajo de Carcaño, que dijo que llegó sobre las cinco de la mañana y le pidió salir para llevarle una llave a su hermano.