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El exorcista Milingo acaba con la paciencia de Benedicto XVI, que lo reduce a laico

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La paciencia del Papa se acabó y el exorcista, sanador y cantante arzobispo africano Emmanuel Milingo, de 79 años, ha quedado reducido al estado laical y el que fuera pesadilla de la Santa Sede durante años ya es simplemente "Sr. Milingo", como hoy le llamó el Vaticano.

Milingo ha sido uno de los prelados que más escándalos y dolores de cabeza ha procurado al Vaticano, que lo trajo a Roma debido a los métodos "no convencionales" que usaba en las misas que celebrada en su Zambia natal y acabó casado con una coreana especialista en acupuntura, seguidora de la secta Moon.

Y no fue lo único, ya que se proclamó abanderado de los curas casados y se puso al frente de una corriente para la abolición del celibato sacerdotal, "creando confusión y escándalo entre los fieles", manifestó hoy el Vaticano al informar de su reducción al estado laical.

Nacido en 1930 en Mnukwa, en Zambia, Milingo fue ordenado sacerdote en 1958 y obispo en 1969, pasando a ser el prelado más joven de África en aquel tiempo.

Desde el primer momento le rodeó el escándalo, ya que su fama de exorcista y sanador se extendió inmediatamente y sus misas eran seguidas por miles de fieles que esperaban milagros, lo que desató la preocupación en el Vaticano.

Para poner "orden" en su vida, en 1983 fue llamado a Roma por Juan Pablo II para prestar servicios en el Consejo Pontificio para los Inmigrantes y así controlarle de cerca.

Milingo, a pesar de las llamadas de atención del Vaticano, seguía con sus exorcismos, cada vez más numerosos y con más público y cada vez más "fuera de control".

La "jugada" no le salió al Vaticano como deseaba, ya que ese prelado negro, africano, abierto y simpático se ganó inmediatamente a los italianos y a otros países europeos, apareciendo en numerosos programas de la televisión italiana... y sin olvidar sus misas "sanadoras", a las que acudían miles de personas.

No se quedó sólo en ello, ya que también grabó un disco, "Gubudu Gubudu", con el que se presentó al Festival italiano de la canción de Sanremo.

En 2001 volvió a las andadas, es decir a los escándalos, al casarse en Nueva York con la coreana María Sung, en una ceremonia oficiada por el reverendo Moon, fundador de la secta del mismo nombre.

El Vaticano le amenazó con la excomunión y tras un tira y afloja, con, entre medias, apariciones de María Sung ante el Vaticano reivindicando su amor por Milingo, el arzobispo rebelde.

Posteriormente fue recibido por el anciano Juan Pablo II, que le convenció para volver al redil.

Milingo renunció a su matrimonio y permaneció año y medio meditando en varios conventos en Italia y Argentina.

Ya, supuestamente, "recuperado" reapareció en una misa que levantó gran expectación entre la prensa internacional en la abadía italiana de Casamari, cercana a la sureña Nápoli, pero en 2006 volvió a las andadas: regresó con su María Sung y un año más tarde ordenó obispos en Washington a cuatro sacerdotes casados.

Automáticamente cayó en la excomunión, como establece el Código de Derecho Canónico, así como los cuatro sacerdotes a los que ordenó prelado.

Desafiando a la Santa Sede, siguió con su plan para abolir el celibato y ordenando obispos sin el permiso del Papa...hasta hoy, en el que el Vaticano anunció que Milingo ya es simplemente "el señor Milingo".

El Vaticano expresó su "profundo dolor" por la decisión, tomada, según precisó, "por la gravedad de las consecuencias que se derivan para la unidad eclesial de las ordenaciones episcopales sin mandato pontificio".

Al ex arzobispo se le ha aplicado el artículo 292 del Código de Derecho Canónico, que contempla la pérdida de los derechos y de los deberes del estado clerical -excepto la obligación del celibato- y la prohibición del ejercicio del ministerio episcopal, salvo para casos de peligro de muerte.

Milingo tampoco podrá utilizar los hábitos eclesiásticos.

El Vaticano precisó que la excomunión para las personas que fueron ordenadas obispos por Milingo continúa y advirtió que no se reconocen "ni se pretende reconocer en el futuro tales ordenaciones y las derivadas de ellas".

Observadores vaticanos señalaron que en la Santa Sede se teme que Milingo pueda seguir con sus ordenaciones.