Publicado: 24.11.2013 08:00 |Actualizado: 24.11.2013 08:00

"La explotación laboral es un peaje que los chinos están dispuestos a pagar"

La obra 'El Imperio invisible' desgrana cómo y por qué proliferan tan rápidamente los negocios chinos, destapan el enorme negocio ilícito que crece gracias a la inmigración ilegal, la explotación laboral,

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Durante la noche del 17 de septiembre de 2004 se celebró en Elche, capital del calzado español, una manifestación en defensa de la industria zapatera local que derivó en la quema de contenedores, neumáticos y mercancía china. Entre los gritos de los manifestantes se oía: "Elche se muere" y "¡Abajo los chinos, producto español!". La adhesión de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, llevó poco después a la industria española a sufrir en carne propia el lado amargo de la globalización. La oleada de importaciones de calzado chino barato, contra cuyo precio el productor español no podía competir, coincidió con el cierre de numerosas empresas del sector en Elche y toda la comarca de Vinalopó, cuya tradición zapatera se remonta al siglo XIX.

La población china residente en España se ha multiplicado en los últimos 20 años. De apenas 1.000 ciudadanos de nacionalidad china a los 183.000 en la actualidad. Los negocios y comercios chinos florecen a lo largo y anoche de la geografía española y, de vez en cuando, saltan a los medios de comunicación tramas de corrupción de empresarios chinos como la de Gao Ping, que consiguió defraudar entre 2008 y 2012 entre 800 y 1.200 millones de euros.

Tras años de investigación, viajes por toda Europa y analizar decenas de grandes casos criminales en España, Italia y Francia, Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo construyen en la obra El Imperio invisible (Crítica) un relato que da cuenta al lector de cómo y hasta qué punto el sistema económico delictivo chino ha logrado propagarse por nuestras sociedades de forma más o menos oculta. Y de cómo ha podido levantar un imperio invisible. Antes de comenzar la entrevista una advertencia: No se trata de criminalizar a la población china, ni tampoco todos los chinos mantienen negocios de comercio fraudulento.

Heriberto Araujo y Juan Pablo Cardenal, autores de 'El Imperio invisible'. PLANETA 

P: Una de las conclusiones de la obra es que se certifica "la existencia de una economía multimillonaria [china] que progresa y se hace fuerte por cauces ilícitos, como si de un imperio invisible se tratara, y cuya ventaja reside precisamente en las ventajas que reportan las ilegalidades". ¿Existe una estimación de cuánto dinero puede mover la economía china en España entre cauces legales e ilegales?

Juan Pablo Cardenal: No se sabe. No lo saben ni los investigadores. No recuerdo haber visto ni cifras de la economía legal y de la ilegal es prácticamente imposible. Desde el punto de vista policial también es casi imposible. Hay muy poca información y no hay ningún estudio sobre el impacto en la economía. El tema es que es un fenómeno nuevo: en España había menos de 1.000 chinos hace 20 años y ahora hay 183.000. Lo que nuestras fuentes policiales tienen clarísimo es que hay un volumen de fraude altísimo pero cuantificar este fraude resulta dificilísimo.

P: En el caso individual de Gao Ping sí que se conoce que la trama que él había organizado había conseguido defraudar entre 800 y 1.200 millones de euros en sólo cuatro años.

J.P.C.: Sí. Pero nadie sabe el total. Hemos hecho la pregunta que nos haces a todas nuestras fuentes policiales y judiciales y nadie se aventura. Incluso gente que lleva años siguiendo este fenómeno no se atreve a dar una cifra global ni tampoco a dar una cifra sobre la trama que llevan tres o cuatro investigando. Es muy difícil.

P: ¿Cómo y cuándo comienza el fenómeno del imperio invisible chino que vosotros describís?

J.P.C.: Llega una primera oleada de chinos cuando España entra en la Comunidad Europea en el año 1986. Esta primera oleada de chinos, procedente de China u otros rincones del mundo, llenan el primer hueco: los restaurantes. Este mercado se satura relativamente rápido y, entonces, pasan a otro tipo de negocio: la importancia de productos asiáticos. Con este negocio empiezan a fraguarse todas las ilegalidades porque de lo que se trata es de importar mercancías que sean competitivas en este mercado. El proceso es el siguiente: empiezan entrando mercancías de lícito comercio, sobre las cuales intentan pagar los menos impuestos posibles. De esta manera, crean una serie de estructuras societarias que les permiten colocar en el mercado productos que no han pagado los impuestos debidos. Esto genera una gran cantidad de dinero negro porque en torno al 70 u 80% de ese negocio es dinero negro. Una vez abierto ese canal de lícito comercio, nada les impide comenzar a importar otras mercancías de ilícito comercio, por ejemplo, contrabando de tabaco. Pero, al mismo tiempo, conforme avanza el imperio la inmigración ilegal se convierte en un negocio en sí mismo. De todos esos restaurantes que se crean en España en los años 90, es razonable pensar que muchos de ellos tenían como parte de su estructura de negocio la importación de compatriotas. Se les traía, a través, de encontrarles subterfugios a la ley por la vía de contratos de trabajo ficticios, la reagrupación familiar, visados de corta duración, etc. Esos inmigrantes ilegales, que habían contraído una deuda para venir aquí, devolvían su deuda con su mano de obra casi esclava. Por tanto, la vía de la inmigración ilegal está íntimamente vinculada con la explotación laboral, una explotación laboral que se produce en restaurantes, bazares o centros de producción.

P: Este modus operandi que acabas de describir, ¿es un patrón que se repite en el resto de países que habéis investigado como Francia o Italia y que se mantiene a lo largo del tiempo?

Heriberto Arauso: Esa es una de las grandes aportaciones de nuestro libro. Cuando nosotros empezamos a investigar la economía china contactamos con diferentes cuerpos de Policía y comenzamos a ver que los grandes casos de la criminalidad económica de ciudadanos chinos eran casi todos calcados y muchos de ellos tenían ramificaciones trasnacionales. Al principio, por ejemplo, no entendíamos por qué parte del dinero en efectivo que se había generado en negro, en España, salía en furgonetas o en barcos hasta Italia, a la localidad de Prato. Entonces, decidimos ampliar el marco de la investigación y hemos podido documentar que el crimen económico chino en nuestro país es un crimen organizado y trasnacional. El dinero que salía de España a Italia lo hacía porque en España los chinos habían montado una estructura de blanqueo de dinero brutal.

P: ¿Cómo es esta estructura?

H.A.: Fundamentalmente, lo que hacían es dividir los millones de euros de beneficio que generaba la venta de textil en negro en paquetes de 1.999 euros, conseguían miles de pasaportes falsos o verdaderos y se iban a agencias de envíos de remesas y hacían múltiples envíos.

Billetes de 100 yuan. REUTERS

P: ¿Por qué 1.999 euros?

H.A.: Porque tanto en España como en Italia los controles del Banco de España y de Italia contra el blanqueo de capitales tiene un umbral de 2.000 euros. Todo lo que esté debajo de 2.000 euros por trimestre y por persona no está casi controlado. Si tú fragmentas esas cantidades lo suficientemente bien puedes enviar millones de euros de una manera en la que nadie se da cuenta. Entre 2006 y 2009, un grupo criminal chino en Italia envió desde trece agencias de remesas en Italia la cifra de 4.500 millones de euros. La magnitud es extraordinaria.

P: ¿Esta estructura puede ser calificada como mafiosa?

H.A.: No. No es mafiosa. Es muy importante que quede claro porque nosotros en ningún momento lo decimos. No es mafioso porque no hay una estructura piramidal. No sabemos qué parte de la comunidad china hace eso y tenemos claro que no toda lo hace. La parte que comete esos delitos lo hace en núcleos o grupúsculos, islotes, que actúan casi por osmosis. Uno aprende de otro que lleva más tiempo cómo hace para meter un contenedor de mercancías y solo declarar el 40% y entonces lo replica. Pero los dos no son parte de la misma organización.

P: ¿Cómo sería el perfil medio del líder empresarial chino que defrauda?

H.A.: Hay dos ejemplos perfectos: Gao Ping y Luis Ye. Son empresarios que se dedican a actividades lícitas, generalmente vinculados con la restauración y a la importación y distribución de mercancía fabricada en China, cuyo leivmotiv es ganar el mayor dinero posible en el menor plazo de tiempo. Ven España o Europa como un lugar de paso para ganar tanto dinero como puedan. En esa voluntad estiran sus actividades hasta niveles que sobrepasan la legalidad. Pasan de, primero, declarar solo una pequeña parte de lo que importan a España a evolucionar importando contenedores de tabaco de contrabando o copias de camisetas de equipos de fútbol. Ese sería el resumen de lo que nosotros llamamos el crimen económico.

P: Decís que no es una mafia pero a la vez habláis de tráfico de personas y de explotación laboral.

J.P.C.: Hay un matiz importante. A los chinos no les obliga nadie a venir a España. Nadie le obliga a contraer una deuda. El inmigrante quiere salir de China e ir a otra parte del mundo, preferiblemente a Europa y a EEUU porque quieren prosperar en su vida y encontrar oportunidades que no tienen en China. Entonces, contraen una primera deuda para que la organización les coloque en Europa. Devuelven esa deuda trabajando en restaurantes, bazares o talleres confección. ¿Por qué sabemos que es consentida? Porque en la operación de Mataró de 2009 se intervino 72 talleres y pillaron a 450 indocumentados chinos que trabajaban seis y siete días a la semana con jornadas diarios de 12 y 14 horas y tenían las puertas abiertas para largarse si querían. Pero no lo hacían. ¿Por qué? Porque ellos durante dos o tres años con su trabajo devuelven la deuda.

P: ¿El tiempo medio de pago de deuda es de dos o tres años?

J.P.C: Depende. Distintas policías nos han dado distintas cifras porque la inmigración ilegal es tan flexible que no hay un único camino. Depende de qué trayecto utilicen para venir, de la comodidad, de cuanto dura, si incluye papeles o no, etc. A nosotros nos han llegado a decir que se pagan entre 2.000 y 80.000 euros. Estados Unidos e Inglaterra por ejemplo son los destinos más caros. En el caso de Mataró pagaban entre 15.000 y 20.000 euros. No obstante, decir que trabajan entre 2 y 3 años para pagar su deuda y que su deuda suele estar entre 20.000 y 30.000 euros puede ser una buena media.

P: ¿Qué pasa cuando han devuelto la deuda?

J.P.C: Están ilegales en el país. En ese momento entra un segundo nivel de deuda. La organización ayuda al inmigrante a través de sus estructuras societarias a regularizarse. Es decir, conseguir los papeles, obligatorio para poder convertirse en empresario y no estar ligado eternamente al trabajo ilegal. Esa segunda deuda también la pagan con trabajo, pero con la diferencia de que siendo legal pueden crear empresas y reagrupar a la familia, es decir, la razón que les trajo aquí. Por último, hay un tercer nivel, que es pasar de explotado a explotador. Al final, toda esa explotación laboral del principio es un peaje que ellos están dispuestos a pagar para llegar a una vida mejor porque cuando salden su deuda tendrán vía libre para poner sus negocios.

P: ¿Hay casos de trabajadores chinos que hayan intentado escapar sin pagar su deuda? En caso de que haya sucedido ¿se ha ejercido violencia contra ellos?

H.A.: Normalmente no escapan al impago. Por una razón. Es la familia la que paga a la organización cuando el inmigrante chino llega a su destino. Por tanto, quien se endeuda es la familia. Esa deuda, por tanto, ya se ha pagado y la familia comienza a recuperar dinero con las remesas que envía el trabajador chino para allá. Lo que sí que hay son chinos que ante esas condiciones de explotación han decidido denunciar la precariedad y la situación. Así explotó el caso de Mataró.

P: ¿El chino que ya ha pagado su deuda vuelve a acudir a su organización para encontrar financiación para montar un negocio?

J.P.H.: Según nuestras fuentes policiales, la inversión inicial que se necesita para abrir muchos de esos negocios que prosperan en nuestras ciudades provienen, en muchos casos, de las fortunas que han amasado los prohombres de la comunidad china con procedimientos ilegales. Un ejemplo es el caso del prohombre de la comunidad china de Luis Ye. Este tío tenía dos grandes vías de ganar dinero. Una era el contrabando de tabaco y la otra la financiación en condiciones de usura a otros miembros de la comunidad para que abrieran sus negocios. Nosotros creemos que la ilegalidad de unos elites criminales está empapando al resto de la comunidad porque sin esa financiación no se podrían abrir otros negocios chinos.

P: ¿Qué papel tiene el Estado chino en esta criminalidad económica?

J.P.H.: Al Estado chino sólo se le puede responsabilizar por la inversión china del sector público y. el fenómeno que describimos sucede es el sector privado. No creo que el Estado chino esté movimiento los hilos de esto.Lo que no hace o sí hace, por omisión, es no colaborar con las autoridades europeas. Ni a nivel aduanero, clave para poder desmantelar esta trama, ni en el tema del contrabando de ropa falsificada, cuyo origen en un 80% es de China, ni en el caso de los inmigrantes ilegales. Los chinos, como principio general, no contestan a las solicitudes de las autoridades europeas. La no cooperación es tan grave que las autoridades españolas ya no mandan comisiones rogatorias a China, primero porque no contestan, y segundo por riesgo a que haya filtraciones.

P: ¿Este imperio invisible que describís no responde a ninguna planificación? ¿Se ha creado por un proceso azaroso del ensayo y error?

H.A: Sí. Fíjate que el primer gran negocio de la comunidad fue la inmigración ilegal. Eso generó mucho dinero. Ese negocio era muy rudimentario. Se utilizaban pastillas de jabón y gomas de borrar para hacer, en los 80, falsos sellos de visados en España y así, algunos de los tipos que hoy ha montado uno de los mayores polígonos chinos en España, ha llegado a la cumbre. Esto ha pasado de una cuestión casi de 'piratilla', de zorro o astuto a ser capaces de montar estructuras para sacar del país miles de millones de euros sin que nadie se entere. Entonces, creo que sí, que se ha ido montando por ensayo y error. Tampoco hay que olvidar que España tiene un 20% de su PIB sumergido y eso es un buen campo de cultivo para que el crimen prolifere.

P: Hablan también en la obra de que las exportaciones chinas han pasado por los puertos de Nápoles, Valencia, Hamburgo... aseguran que conforme un Estado europeo pone trabas se van a otro Estado. ¿No hay una política europea que luche contra el fraude chino de manera solidaria?

H.A.: Las leyes en toda Europa son las mismas, pero la aplicación de las leyes y los intereses son muy distintos. En el Sur de Europa, especialmente Italia, donde hay un polo manufacturero tan importante, la concepción es que hay que blindar fronteras y debe entrar todo por lo legal, sino las decenas de miles de puestos de trabajo desaparecerían. En el norte de Europa donde el motor de la economía es la exportación, véase Alemania o donde apenas se produce como en Holanda, la concepción es muy distinta. Piensan que hay una economía global y lo que entra debe salir y de lo que se trata es que en las aduanas la mercancía debe fluir. Eso imposibilita un control exhaustivo. Además, manualmente, única vía para detectar estos fraudes, es imposible controlar más del 5% del total de contenedores que se reciben. Así, también hemos documentado que conforme aumentan los controles, desaparece la llegada de material de China. Cuando la aduana de Valencia se pone dura, la mercancía china deja de llegar y se va a otros puertos. ¿Dónde? Probablemente a Hamburgo o a Reino Unido.

Un vendedor revisa su móvil, sentado sobre un saco en un mercado al por mayor en Beijing. REUTERS 

P: ¿Entonces es imposible una política común contra la entrada ilegal de mercancías de China?

H.A. Es imposible. Está tan informatizado el proceso y los chinos saben tan bien cuales son las fisuras del sistema que es imposible controlarlo todo.

J.P.H: Luego hay otra cosa. La competencia entre puertos. No sólo para atraer tráfico sino por la importancia de los puertos para sus ciudades. Imagina el caso de Valencia. Una de nuestras fuentes nos decía que un determinado puerto está dispuesto a asumir el tráfico que deja Valencia, un minuto después de que el puerto de Valencia haya aumentado sus controles. No es realista pensar que se puede hacer una política común de lucha contra la introducción ilegal de mercancías. Además, cada país tiene sus propias relaciones con China. Quien dirige el puerto de Constanza (Rumania) en el Mar Negro, ¿por qué debe endurecer sus controles? ¿Para que el tráfico se vaya a otro puerto? Por tanto, no existen incentivo para ser más estricto.

P: Escriben en la obra que tal y como está organizada la Justicia española, un juzgado de instrucción tiene prácticamente imposible hacer frente a una macrocausa de corrupción de empresarios chinos.

J.P.H.: Los problemas para hacer frente a este tipo de fraude son múltiples. Es un fenómeno relativamente nuevo pero con una barrera cultural brutal. Policialmente, está el problema de que no se pueden infiltrar agentes en la comunidad china porque no hay policías con rasgos chinos. A la hora de pinchar los teléfonos chinos, también es complicado porque hay que encontrar gente que hable el chino mandarín pero también las decenas de dialectos. Luego está el fenómeno de la trasnacionalidad. Hay una ramificación de delitos, unos se producen en España y otros fuera de España. La cooperación entre policías de diferentes países no siempre es fluida y hay dificultades. A nivel policial ya es complicado. Después nos encontramos con otros problemas. Nuestra legislación no es lo suficientemente dura con algunos de esos delitos y, además, un 'macrocaso' de este tipo puede colapsas un juzgado de instrucción. Por tanto, los jueces no son proclives a aceptar casos de este tipo y si lo hacen, lo hacen parcelando las causas. Todo eso lleva a la sensación de impunidad que nosotros denunciamos en el epílogo. No creo que sea porque haya una desidia por parte de las autoridades sino porque el Estado no tiene los mecanismos o herramientas para luchar contra este fenómeno.

P.: ¿Pero que el Estado no tenga las herramientas o mecanismos para luchar contra este tipo de fraude veinte años después no muestra una falta de voluntad política o una desidia por parte de los gobernantes?

J.P.H.: Nosotros creemos que el tema clave aquí es que no hay alarma social. Por tanto, el político no tiene ningún incentivo para endurecer esto ya que le pueden tachar de racista. Sí que podían hacer mucho más a nivel de Código Penal. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con falsificaciones sale prácticamente gratis.

P: Escriben que el fin de este tipo de criminalidad económica pasa por los hijos de los inmigrantes chinos. Son ellos los que, dicen, pueden ponerle fin por su sentimiento de pertenencia a España.

H.A.: Creo que el 'modus operandi' de esta criminalidad muestra que hay un pensamiento a corto plazo de hacer mucho dinero en el lugar de acogida. En el momento en el que esa concepción cambie y el dueño del negocio haya nacido aquí o pretenda quiera echar raíces se comenzará a contribuir más y a intentar también de beneficiarte de las posibles ventajas del Estado. Los grandes prohombres chinos están preocupados por que sus hijos se españolicen y dediquen más tiempo al ocio que al trabajo duro. Sus hijos hablan chino como segunda o tercera lengua, por tanto, yo creo que por ahí se intuye un cambio.