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Una exposición explora la especial relación de Toulouse-Lautrec y Jane Avril

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Una exposición que se inaugura el 16 de junio en la galería Courtauld, de Londres, famosa por su colección de impresionistas y posimpresionistas, explora la especial relación entre Henri de Toulouse-Lautrec y la bailarina Jane Avril.

Avril (1868-1943) era una de las estrellas del Moulin Rouge y a su éxito en el París de la época contribuyeron en buena medida los carteles que creó el artista francés (en el famoso cabaret).

La exposición, que estará abierta al público hasta el 18 de septiembre, reúne no sólo los carteles y grabados sino también las pinturas que le inspiró su musa, material procedente de museos y colecciones de distintos países.

La propia galería Courtauld posee un impresionante retrato al óleo y pastel de la bailarina, el titulado "Jane Avril entrando en el Moulin Rouge", de en torno a 1892, que sirve de punto de partida para la exposición.

Muestra a la estrella del Moulin Rouge con sólo 24 años, pero Avril parece mucho mayor, con su famosa cabellera rojiza, sus facciones angulosas y su mirada grave, elegantemente tocada con un sombrero verde y con una boa envolviéndole el cuello.

Parece ensimismada, una figura solitaria con un toque melancólico, muy lejos de las imágenes que se conocen de ella gracias a los carteles en los que se la ve con sus medias negras bailando el cancán.

Ambos procedían de mundos muy diferentes: el artista descendía de una familia aristocrática, la de los condes de Toulouse, y llevaba el nombre de auténtico retintín: Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa.

Pero los accidentes que sufrió en su juventud y tal vez también un trastorno congénito le convirtieron en un enano de piernas muy cortas y un enorme cabezón, algo que influiría en su deseo de escapar de su entorno social para refugiarse en el demi-monde de Montmartre gracias a su extraordinario talento artístico.

Jane Avril se llamaba en realidad Jeanne Beaudon -su nombre de artista se lo sugirió un amante inglés- y era hija de una cortesana y al parecer de un cliente aristócrata.

Cuando nació Jane, el padre natural no quiso saber nada de su amante ni de la hija, y ésta se crió con una madre alcohólica y dada a maltratarla, de la que terminó huyendo con trece años para trabajar durante breve tiempo como amazona en el hipódromo parisino.

Por culpa de un trastorno nervioso, conocido popularmente como el baile de San Vito, fue internada aún adolescente en el hospital de mujeres parisino conocido como La Salpêtrière, y fue tratada por el doctor Jean-Martin Charcot, uno de los pioneros de la psiquiatría.

Fue en uno de los llamados "bailes de locas" (fiestas de disfraces para las residentes) que se celebraban anualmente en esa institución pública, cuando descubrió su verdadero talento para la danza, lo que, según confesaría ella misma, sería también su curación.

Nuevas investigaciones con motivo de la exposición londinense examinan la relación entre sus movimientos excéntricos en el escenario, descritos por un observador como "una orquídea en frenesí", y las teorías que circulaban entonces sobre la histeria femenina.

Su paso por La Salpêtrière contribuyó en efecto al morbo de verla bailar en el escenario con sus movimientos frenéticos, casi histéricos, que justificaban el que muchos la conocieran como "Jane la Folle "Juana la Loca" entre otros motes.

A los 42 años se casó con el pintor alemán Maurice Biais, que dilapidó su fortuna y la dejó en la pobreza más absoluta. Murió en una residencia de ancianos en 1943 y está enterrada en el cementerio parisino de Père Lachaise.

Su febril energía, unida a una expresión de refinamiento conquistaron inmediatamente a Toulouse-Lautrec, que la representó en un primer afiche titulado "Jane Avril au Jardin de Paris" (1893) y que lanzó a la fama tanto al retratista como a la retratada.

Toulouse-Lautrec le dedicaría llamativos carteles, claramente influidos por la estética de Gauguin y los grabados japoneses, que se colocaban en los quioscos de la ciudad para anunciar el espectáculo y que aún hoy son tremendamente populares en todo el mundo gracias a las reproducciones que se han hecho de ellos.

No hay pruebas de que Toulouse-Lautrec y Jane Avril fueran amantes, pero su amistad, muy profunda a juzgar por los retratos más íntimos, duraría hasta la muerte del pintor en 1901, víctima del alcoholismo y con sólo 36 años.

Por Joaquín Rábago