Publicado: 29.11.2013 12:44 |Actualizado: 29.11.2013 12:44

De cómo Fabra ejecutó la radiotelevisión pública (libre) de los valencianos

La decisión de cerrar RTVV con nocturnidad y precipitación acaba con el amotinamiento durante horas de los trabajadores del ente y la retransmisión a través de Canal9 del modus operandi del gobierno de Alberto Fabra.

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Faltaba media hora para las 12 de la noche del jueves 28 de noviembre cuando la Generalitat publicaba una edición especial del Diario Oficial de la Comunitat Valenciana en el que hacía pública la orden de la Generalitat que permitía el cese de emisiones de RTVV. El gobierno valenciano se había reunido en pleno extraordinario esa misma tarde, se suponía que exclusivamente para nombrar el grupo de liquidadores que organizaría el cierre del ente de manera que se evitasen posteriores consecuencias legales y económicas adicionales de la decisión. Sin embargo, y aunque a la salida de la reunión se negara la mayor, la principal decisión tomada era la del cierre inmediato de todos los medios del ente.

Que la orden permitiera el cese de las emisiones se hiciera "efectivo a partir del día de la publicación del presente acuerdo" evidenciaba la intencionalidad del gobierno de que la ejecución fuera rápida y discreta, y la suspensión de la emisión de Ràdio9 rozando la medianoche, apenas 15 minutos después de su publicación lo confirmaba. El corte pillaba a los trabajadores haciendo el programa nocturno de deportes, el de máxima audiencia de la radio, y además tras un partido del Valencia, por lo que la noticia corría como la pólvora. El Consell no lograba así que el cierre pasara desapercibido. Lo que estaba por ver es que tampoco sería rápido.

La noticia pilló en antena a Frederic Ferri conduciendo el noticiario de continuidad del canal Nou24 y él fue el primero en comunicar el cese de las emisiones de Ràdio9 que, no obstante, seguía a su vez emitiendo a través de la señal de su segundo canal. Todo hacía prever que el rostro de Ferri, después de haber sido uno de los rostros de los informativos más criticados de Canal 9 por su sesgo propagandístico -aunque en los últimos meses ha tratado con más vehemencia de desmarcarse de ese estigma- sería el último que verían los ciudadanos en antena antes de que el canal fundiera a negro.

Pero la temida desconexión no se produjo y tras tratar de mantener durante media hora cierta normalidad en la difusión de contenidos del informativo, la noticia de la ejecución del cierre y su retransmisión en directo se convirtieron en el eje de la emisión. "Esto, el cierre de una radiotelevisión pública solo ha pasado en Grecia. Ahora, Alberto Fabra ha convertido a a la Comunitat Valenciana en la Grecia de España", resumía en antena el presidente del comité de empresa, Vicent Mifsud, la medida del gobierno valenciano que apenas unos minutos antes se había empezado a ejecutar.

La imagen de la noche fue la del técnico que no quiso asumir la ejecución del apagón"Un gobierno que cree que tiene razón utiliza fórmulas democráticas, dialoga con los afectados. El problema es que Alberto Fabra sabe que no la tiene y por eso actúa de esta manera", decía la diputada de Compromís Mónica Oltra en conexión telefónica, en una retransmisión en la que la manida "nocturnidad y alevosía" se convertía en la frase más recurrida para definir el modo de operar del gobierno valenciano. Un gobierno que, casualmente, había anunciado unas horas atrás que la reunión semanal de su pleno en Valencia se realizaría este mismo viernes en la localidad de Ibi, a 130 kilómetros de la ciudad y de los periodistas que semanalmente interrogan al Consell.

Lo que sucedería a lo largo de la noche -con el protagonismo destacado de un técnico de televisión ajeno a la casa enviado para realizar un apagón que nadie quiere ejecutar, y que él finalmente tampoco quiso o supo asumir- refrendaría la sensación de improvisación y miedo del Consell ante la posibilidad de la existencia de un medio que -una vez ratificado el cierre- sí operaba definitivamente desligado de su control y exponiendo sus miserias, aunque fueran casi exclusivamente al respecto de su cierre.

Cuando los valencianos despertaron, Canal 9 seguía allí. No obstante, ya no era la misma. Si Alberto Fabra y su gobierno la cerraban, los trabajadores habían decidido que la cerraran libre. Y como símbolo de esa libertad y de esa apertura, la invitada del informativo matinal era la portavoz de la Asociación de Víctimas del Metro 3 de julio, Beatriz Garrote, que por primera vez accedía a las instalaciones del ente.

"Es dramático que un accidente con 43 muertos no hiciera reventar la burbuja de las mentiras que nos contaban. Esto ha de servirnos para recordar en qué hemos fallado, como sociedad, y como periodistas" subrayaba Garrote, por fin hablando con libertad ante un micro de Canal 9; y con la misma elegancia aprovechaba su participación para recordar a la PAH, los colectivos de dependientes afectados por los impagos de la Generalitat, los vecinos del Cabanyal u otras tantas entidades y organizaciones sociales cuya voz también se silenció o tergiversó durante lustros por la manipulación de RTVV.

A partir de entonces, la retransmisión se convirtió en una cuenta atrás hacia el fin de las emisiones de la televisión. Un fin que, si no se producía de manera técnica, llegaría a través del desalojo de los trabajadores del centro de emisiones ubicado en Burjassot -ordenado por el juzgado de Paterna tras una denuncia registrada en la madrugada por los liquidadores del ente- y acordonado por la fuerzas de seguridad del Estado y autonómicas desde la medianoche.

"Quien hace lo malo recibirá el pago del mal que ha hecho, porque Dios juzga con imparcialidad", dice el versículo de la Biblia -Colonenses3.25- al que remitía el cartel que alzaba uno de los trabajadores que, junto a una nutrida representación de políticos de la oposición, ocupó el plató de informativos de Canal 9 desde bien entrada la madrugada. Los destinatarios de su mensaje seguramente serían el presidente de la Generalitat y su equipo de gobierno que, recibiendo un tremendo abucheo ciudadano a su llegada al edificio de Ibi en el que han realizado el pleno semanal del Consell, protagonizaron la penúltima noticia que daría Canal 9 en su historia. Su huida de Valencia en una fecha tan señalada y con una televisión pública informando de ella, no había pasado desaprercibida.

La última fue, sin embargo, para los trabajadores, que atrincherados en el plató de emisión y los pasillos colindantes a la sala en la que presumiblemente se encuentran los mecanismos para apagar la emisión, recibieron a las fuerzas policiales que les invitaron a abandonar el edificio a gritos de "esto es un golpe de Estado" y "Fabra dimisión". Cuando a las 12:20 horas la pantalla se fue a negro, después de muchos años, todos seguían cooperando para informar en libertad desde Canal 9.