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Una fábrica de software en una aldea

180 informáticos crean programas y mantienen los sistemas de grandes firmas a las afueras de un pueblo salmantino

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Por fuera parece una nave industrial más, pero allí no se fabrican productos, sino programas. Sobre 4.000 m2 de moqueta y rodeadas de paredes de corcho para reducir el ruido, 180 personas crean aplicaciones para grandes empresas españolas. Y cuando no programan están gestionando la infraestructura informática de otras compañías igual de grandes. Es uno de los dos centros de innovación tecnológica (CENIT) que IBM tiene en España. Y no está en Barcelona ni en Madrid, sino a las afueras de Aldeatejada, un pequeño pueblo de Salamanca.

Al alcalde de la villa, Herminio Velasco, le tomaron por loco cuando dijo que iban a instalar una gran empresa en el pueblo. 'Fue hace cuatro años. Unas personas me pidieron un terreno para albergar a 500 trabajadores. Me hicieron los ojos chiribitas' , recuerda. Aldeatejada tenía entonces apenas 1.000 habitantes. Ayer mismo, eran 1.673.

La culpa de esta explosión demográfica en la aldea es del CENIT de INSA, empresa perteneciente al grupo IBM. Justo ahora hace un año que echó a andar. Aquí se crean aplicaciones a medida para una veintena de empresas europeas. 'Esto es una factoría de software', dice la directora general de INSA, Pilar García. La misión de los programadores que ocupan la planta baja de las instalaciones es escribir aplicaciones para firmas como Iberdrola, el Grupo Santander o El Corte Inglés.

Gran presencia femenina

Pilar García no es la única mujer aquí. Un vistazo a la diáfana sala donde están los programadores revela que hay muchas mujeres. 'El 40% lo son', concreta un responsable. La casi paridad es algo extraño en el mundo de la tecnología. Como reconoce el vicerrector de innovación tecnológica de la Universidad de Salamanca, Francisco García, 'los números en la universidad no coinciden con lo que se ve aquí'. Entre los estudiantes de informática hay casi diez hombres por cada mujer. Las cifras son similares en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Entre ambos centros surten de efectivos al CENIT de Aldeatejada. Según Pilar García, los criterios de selección son sólo el currículo y el talento. La conclusión es clara: aunque son pocas las que empiezan la carrera de ingeniería informática, muchas la acaban con un expediente académico excelente.

Sean mujeres u hombres, los programadores están repartidos por áreas temáticas. En un rincón trabajan con el lenguaje de programación Java, en especial para aplicaciones web. Más allá están los que operan con la plataforma de gestión empresarial SAP. Hay una zona donde todas las pantallas están en negro. Es la zona Cobol, un viejo lenguaje de programación (su primera versión es de 1959) que, a pesar de los intentos por desbancarlo, sigue siendo el mejor para crear aplicaciones exigentes en la gestión de la información de sectores como el bancario.

Otro gran grupo hace más labores de gestión que de programación. Las infraestructuras tecnológicas del grupo alimentario Arias, el Canal de Isabel II, Movistar o consejerías de varias comunidades autónomas son manejadas desde este rincón de Salamanca. Es lo que llaman externalización.

La mayoría de los informáticos tienen el horario de la empresa para la que trabajan en remoto. 'El gran atasco empieza a las siete, como en Madrid o Barcelona', comenta el alcalde. Casi todos son recién licenciados que, cómo dice Alfonso López, de la Universidad Pontificia, 'no han tenido que marcharse a vender su talento fuera'.

A las tres de la tarde, casi todos se van a casa. Muchos se la han comprado entre las nuevas construcciones que tanto han cambiado el paisaje de Aldeatejada.