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"Faltan maestros que enseñen a comunicar y llegar al corazón del público", según Lindsay Kemp

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Madrid, 21 sep (EFE).- El británico Lindsay Kemp, actor, mimo bailarín, director de escena y un torrente de energía y creatividad, cree que hay muchos profesores, pero faltan buenos maestros que enseñen a comunicar y a llegar al corazón del público, algo que él ha tratado de transmitir esta semana a 20 privilegiados alumnos.

Con más de cuarenta años de trayectoria en los que ha montado espectáculos como "Elisabeth I. El último baile" o la ópera "Los cuentos de Hoffmann" -los últimos estrenados en España-, Lindsay Kemp termina hoy de impartir un curso en el Real Conservatorio de Danza, organizado por el Centro de Nuevos Creadores en colaboración de la Fundación AISGE y la Asociación de Danza.

Muy contento de haber sido invitado para esta experiencia, Kemp se muestra "sobrecogido por el entusiasmo de la respuesta" de sus alumnos -todos ellos actores o bailarines ya iniciados-, de quienes, a su vez, capta "energía y amor".

"Hay muchos profesores que enseñan acrobacia, pero no a comunicar y transmitir desde los corazones, para que la danza y el arte lleguen al público. Es muy triste", comenta el artista nacido en 1939 en Escocia, que ha tratado de que sus pupilos expresen su propia creatividad y capten ese espíritu inquieto y vibrante que Kemp lleva a los escenarios: "hay que levantar al espectador del asiento, liberarle", explica en una entrevista con Efe, en la que repasa su propio proceso formativo.

"He sido muy afortunado porque he tenido muy buenos profesores, la primera mi madre, que me enseñó a vivir plenamente y a amar; me animaba a ser creativo, a leer y a provocar sonrisas en los demás", prosigue este artista de gran expresividad, que habla con su voz, su cuerpo, sus manos y su ávida mirada azul.

Su primer gran profesor de danza fue el alemán Sigud Leeder, del que bebió de las fuentes del movimiento del expresionismo alemán cuando tenía 16 años y que fue su canal con una anterior generación de bailarines; tras él, siguió absorbiendo de otras grandes figuras del siglo XX como Rudolf von Laban, Mary Witgman o Charles Wideman, el más importante innovador americano, y por supuesto, el gran mimo Marcel Marceau.

Todos estas corrientes llegaron a Londres y Kemp las absorbió para crear su propia "filosofía". "Yo no enseño Lindsay Kemp, enseño todo lo que he aprendido, todo de lo que me he alimentado", puntualiza el artista, quien no desesperó cuando, muy joven, fue rechazado en el Royal Ballet porque "tenía talento, pero no físico".

No abandonó, porque bailar y actuar es para él como "respirar y vivir", tal y como demuestra su larga trayectoria, que comenzó en los teatros marginales de Londres, hasta que montó su propia compañía en 1962 y alcanzó un gran éxito con el montaje "Flowers", de 1968.

Precisamente, preguntado por futuros proyectos, Lindsay Kemp -habitual de festivales españoles como los Veranos Villa de Madrid, Perelada o el Festival Internacional de Santander-, se afana en aclarar que tanto "Elisabeth I. El último baile" como "Los cuentos de Hoffmann" siguen de gira, pero que planea hacer una nueva producción de "Flowers", una iniciativa que sabe va a sorprender a muchos.