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"La familia nos ha tenido que pagar la luz y el teléfono"

Gema y José Carlos. Electricista y comercial. La pareja está en paro. El padre de ella, también, y la madre de él es pensionista

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'Menos mal que la familia está ahí cuando hace falta'. Gema de la Rosa y José Carlos Moreno son un joven matrimonio cordobés de 27 y 30 años. Los dos están desempleados. La familia les ayuda, pero su margen para hacerlo es escaso: la madre de José Carlos es viuda y vive de su modesta pensión y el padre de Gema es carpintero, está en el paro desde hace cuatro años y sobrevive gracias a la ayuda de 450 euros para desempleados de más de 52 años de larga duración que le acaban de reconocer; y su madre es ama de casa y cuida al abuelo, enfermo de Alzheimer.

José Carlos, comercial, no encuentra trabajo desde 2009. Ya no cobra prestación. Gema, esteticista, está parada desde el 30 de noviembre de 2011. Cobra 627 euros al mes, pero entre los dos tienen que hacer frente a una hipoteca de 680 euros más gastos. 'Mis padres y mis cuñados nos echan una mano, y alguna vez nos han tenido que pagar la luz y el teléfono', reconoce Gema.

Ante este panorama, la pareja, sin hijos, no lo duda. 'Estamos pensando irnos fuera y alquilar el piso', admiten. ¿Fuera de España? 'No, pero sí de Córdoba y Andalucía, donde es imposible encontrar nada', asegura Gema. 'Hemos enviado cientos de currículos. No nos han llamado de ningún sitio'.

Hasta ahora sobrevivían gracias al trabajo de Gema, a la ayuda del desempleo de José Carlos y a algunos pequeños empleos temporales que iban encontrando. 'Pero de agosto hasta ahora no hemos encontrado nada', aseguran. Sin embargo, no pierden la esperanza. 'Enero siempre fue un mes malo. Esperemos que de aquí a marzo o abril mejore la cosa, porque sino no sé qué vamos a hacer', se encoge de hombros Gema. 'Tampoco sabemos adónde ir'.

La pareja vive en Córdoba, una provincia con 122.600 desempleados y una tasa de paro del 31,7%. Un lugar en el que la economía sumergida (sobre todo en el sector de la platería y la joyería) y el abrigo del entorno familiar impiden situaciones dramáticas.