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Un fantasma toma el Museo Reina Sofía

Una exposición destaca la influencia en el arte del siglo XX del escritor Raymond Roussel

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Soñó con paisajes tan lejanos que sólo se encontraban en su imaginación. Visitó todos los continentes de los que había escrito sin conocer para confirmar que el mundo no era más que una extensión de sus ilusiones. Y aquellas visiones le hicieron triunfar entre los protagonistas de las vanguardias del siglo XX. Pero él no quería eso. El dramaturgo, poeta y novelista francés Raymond Roussel (París, 1877-Palermo, 1933) no alcanzó lo que deseaba: ser un autor de fama y éxito. Se conformó con el fracaso y la incomprensión de la mayoría y con la admiración de unos pocos. En secreto, desde la primera década del siglo XX hasta nuestros días, los artistas próximos al surrealismo han encontrado en Roussel la base sobre la que apoyarse para retorcer la trayectoria tradicional de las artes plásticas.

Raymond Roussel es un fantasma que campa en la inspiración de artistas como Marcel Duchamp, Francis Picabia, Giorgio de Chirico, Max Ernst, Salvador Dalí, Joseph Cornell, Man Ray, Roberto Matta, Guy de Cointet o Cristina Iglesias. Todos ellos incluidos en la exposición Locus Solus. Impresiones de Raymond Roussel, con la que el Museo Reina Sofía, junto con el Museo Serralves, se ha apropiado de un artista francés olvidado en su tierra. 'La periferia ha hecho posible que la historia de Roussel se cuente desde Madrid y Oporto, y no desde París', como declaró ayer João Fernandes, director del centro portugués y comisario de esta sorprendente muestra, junto con François Piron y Manuel Borja-Villel.

Su obra dejó huella en Duchamp, Picabia, De Chirico, Dalí y Man Ray, entre otros

Precisamente, el director del Reina Sofía aclaró que esta es una exposición que descubre y reivindica a un autor que ha dejado 'una huella permanente y constante'. En cualquier caso, un ser en la sombra. 'En su obra el hecho lingüístico se entiende a partir de lo artístico', añade Borja-Villel. Por su parte, Piron quiso subrayar que, 'gracias a Rousselpodemos contar la historia secreta del arte del siglo XX'.

'Se trata de una nueva forma de la actividad, actividad revolucionaria, tal vez a su pesar, de este misterioso aristócrata', resumió su contemporáneo Robert Desnos (1900-1945), quien recordaba cómo el público salía exasperado de las obras de teatro de Roussel. Volcado en introducir la sorpresa, con obras 'completamente ininteligibles para el público', contó Piron. 'Se equivocó de público: trató de llegar al pueblo y tocó a la vanguardia'.

'Gracias a Roussel, podemos contar la historia secreta del arte del siglo XX'

Con estas someras claves entra un escritor por la puerta grande de un museo. Los breves apuntes biográficos que de él se muestran hacen destacar el eco de su trascendencia sobre la historia del arte. Más de 300 piezas expuestas y seguimos sin saber prácticamente nada de un escritor que se convirtió en misterio. Ni siquiera el propio Leonardo Sciascia, en su magnífica Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel (Gallo Nero), fue capaz de despejar las sospechas de asesinato sobre aquella muerte por sobredosis de barbitúricos.

'Lo que no admite discusiones es que escribía de forma admirable', reconoce Pere Gimferrer a este periódico, que tradujo al castellano en 1973 la obra póstuma de Roussel Cómo escribí algunos de mis libros. 'Todavía no he conseguido averiguar si era algo disparatado o de extraordinaria anticipación. Todos sus textos nacen de juegos de palabras y aquello les gustó muchísimo a los surrealistas. El resultado es muy extraño: son piezas extravagantes que anuncian la vanguardia literaria y plástica. Es difícil saber el grado de delirio y provocación e ironía. En cualquier caso, era un desvarío metódico', explica.

Marcel Duchamp (1887-1968) puso de relieve la importancia del excéntrico escritor francés en su obra, sobre todo, en la intervención como factor desencadenante del conocido como Gran vidrio (1912-1923), que todavía no figura en sala entre las obras seleccionadas del artista, pero que llegará en tres semanas. 'Sentí que, como pintor, era mucho mejor estar influido por un escritor que por otro pintor y Roussel me mostró el camino', declaró después de asistir, junto con GuillaumeApollinaire y Francis Picabia a la puesta en escena de una de sus novelas más celebradas: Impresiones de África.

En 1910, este incómodo aristócrata que había bebido una infancia dulce en las fiestas de la Costa Azul, dio con esta novela en verso el primer paso para su recuerdo. En ella trató el naufragio de un paquebote en las costas del África tropical, donde el anfitrión les invita a participar en su coronación. Más tarde vendría Locus solus (1914) y entonces sus maravillosos desvaríos dieron lugar al movimiento Oulipo, con Perec, Calvino y Queneau. También Salvador Dalí, al que se destaca en sala cerca de las obras de Joseph Cornell y Roberto Matta, fue fiel discípulo de un autor de escasa repercusión, pero de alcance inagotable.