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Fea realidad de abortos en Brasil se pierde tras ruido electoral

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Por Stuart Grudgings

Entre los titulares de crímenes,violencia y accidentes en las afueras de Río de Janeiro, pocosnotaron uno que daba cuenta de la muerte de Souza Queiroz, de 26años, cuando se practicó un aborto clandestino que salió mal.

Queiroz se convirtió el mes pasado en una de 300 mujeresbrasileñas que mueren cada año como consecuencia de abortosclandestinos.

El tema en el país católico más poblado del mundo ha salido ala luz durante las elecciones presidenciales, en las que lacandidata oficialista, Dilma Rousseff, ha sido castigada por losvotantes religiosos por manifestarse en el pasado a favor de ladespenalización del aborto.

Grupos pro derechos abortivos en Brasil han dicho desde hacetiempo que la ley no hace mucho para impedir los abortos en elpaís y, más que nada, daña a las mujeres pobres que no puedenpagar por ingresar a clínicas clandestinas más caras y seguras.

El Ministerio de Salud afirma que alrededor de una de cadasiete mujeres brasileñas menores de 40 años se ha practicado almenos un aborto y que cerca de un tercio de los embarazos en elpaís termina en el procedimiento.

Eso es en línea con el resto de Latinoamérica, que tiene unade las tasas de aborto más altas del mundo pese a sermayoritariamente ilegal, y se compara con un quinto en EstadosUnidos, donde el aborto es legal.

Pero con Rousseff y su rival, José Serra, tratando deconvencer al electorado de su "respeto por la vida" y suoposición a la despenalización de la práctica poco antes delbalotaje el 31 de octubre, ahora una reforma podría quedar fuerade la agenda durante años.

INFLUENCIA RELIGIOSA

Cuando el presidente Luiz Inácio Lula da Silva llegó al poderen el 2003, muchos pensaron que las estrictas leyes de aborto deBrasil podrían ser liberalizadas.

Su Partido de los Trabajadores (PT) ha apoyadoconsistentemente mayores derechos abortivos y en el 2005 fueenviado al Congreso un proyecto de ley para legalizar los abortoshasta las 12 semanas de gestación.

Sin embargo, ese proyecto fue rechazado y los cristianosevangélicos tienen un bloque cada vez más poderoso en el Congresoy en las campañas electorales.

Rodeada de rumores de que favorecería la completalegalización de los abortos, Rousseff publicó la semana pasadauna carta abierta en la que prometió que no enviará al Congresoningún proyecto de ley para despenalizar el procedimiento.

El aborto es permitido en Brasil sólo en casos de violación ycuando la vida de la madre está en peligro, y algunas veces nisiquiera en esos casos.

La campaña de líderes evangélicos y católicos contra Rousseffimpidió que ganara los comicios en primera vuelta, el 3 deoctubre.

También podría perjudicarla en el balotaje, dado que sondeosrecientes han mostrado que Serra está ganando terreno.

Los que están a favor de una reforma sobre el tema sostienenque los problemas de Rousseff en la campaña están entorpeciendolas discusiones sobre el aborto.

"Creo que este debate podría remover viejos estigmas", dijoLeila Adesse, directora de Ipas Brazil, un grupo que trabaja parareducir las muertes como consecuencia de prácticas abortivas."Ninguno de nosotros está promoviendo el aborto, sólo queremosque sea tratado con dignidad", agregó.

Alrededor de 200.000 mujeres son hospitalizadas cada año porcomplicaciones derivadas de abortos, muchas de ellas coninfecciones causadas por usar instrumentos sucios, mientras queotras usan químicos que queman y riesgosas pociones caseras.

El método más común es la ingestión de la droga misoprostol,conocida por su nombre comercial Cytotec, que el Gobiernoprohibió a comienzos de la década de 1990, pero que puede serobtenida en el mercado negro.

Narcotraficantes de las favelas de Río de Janeiro venden ladroga, que provoca pérdidas y a menudo también hemorragias.

"Sin duda hay un gran problema, no sólo para las mujeres,sino para los niños no nacidos que mueren por abortos", dijoLenise Garcia, presidenta del grupo Brasil Sin Abortos, cuyositio web aconseja respecto de qué candidatos son "pro vida".

"El problema debería ser enfrentado a través de laprevención", añadió.

Los que manifiestan su apoyo a más derechos abortivos nadancontra la corriente en Brasil. Un sondeo de la encuestadoraDatafolha este mes arrojó que un 71 por ciento de los brasileñosrechaza el aborto y quiere que la ley sea mantenida y que sólo un7 por ciento se declara a favor de la despenalización de lapráctica.