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La Fed, ante el reto de estimular de verdad el crecimiento

Las fuertes inyecciones de liquidez no se han filtrado a la economía real y han fomentado la especulación

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Tiempo. Eso fue lo que pidió el pasado 26 de agosto, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Ben Bernanke, en la tradicional reunión de verano que los banqueros centrales celebran en Jackson Hole (EEUU).

Los expertos financieros esperaban que ese día de agosto el presidente de la Fed anunciara un nuevo programa de estímulos para la economía porque el año anterior había elegido ese marco para hacerlo. No fue así. En esta ocasión Bernanke tiene que estudiar con más cuidado la decisión. Por eso necesita tiempo. Tiempo para pensar. Tiempo para analizar la situación, pero sobre todo tiempo para convencer al resto de miembros de la Reserva Federal de que la economía de EEUU necesita un nuevo paquete de estímulos económicos, aunque las dudas pesen sobre la efectividad de las dos potentes inyecciones de efectivo realizadas por ese organismo al inicio de la crisis entre 2008 y mayo de 2010 (1,2 billones de dólares) y desde noviembre de 2010 hasta junio de 2011 (600.000 millones).

A partir de mañana, los miembros de la Fed tendrán 48 horas, y no 24 como en otras ocasiones, para deliberar si ponen en marcha, por tercera vez en los cuatro años que llevamos de crisis, la máquina de imprimir dólares, si siguen esperando, o si dan con una nueva alternativa que sea capaz de inyectar la dosis de optimismo moral que necesita la economía para superar el impasse en el que se encuentra y evitar la temida vuelta a la recesión.

'El mercado necesita algún estímulo. Bernanke debería anunciar nuevas medidas de estímulo monetario, posiblemente consistentes en un alargamiento de la duración de su cartera de bonos con el fin de mantener los tipos bajos a largo plazo e incentivar la inversión en activos de riesgo', aseguran los analistas de Renta 4. No lo tiene tan claro José Luis Martínez, estratega jefe de Citigroup. 'Sería precipitado implantar ahora otra inyección de liquidez. La situación económica es diferente a la de 2008. Ahora hay riesgo de inflación y la Fed debe medir muy bien sus tiempos', comenta.

'El dinero se ha destinado en esta ocasión a invertir en materias primas en lugar de en Bolsa'

Tras el estallido de la crisis de las subprime, el Gobierno de EEUU no tuvo dudas: la economía necesitaba ayudas y la Fed no tuvo ningún reparo en ponerse a imprimir billetes de dólar. 'La teoría dice que la política monetaria expansiva en un entorno de tipos de interés bajos es efectiva, porque permite a los bancos que reciben ese dinero dar más créditos y por lo tanto permitir más gasto a las familias. El problema es que eso no está ocurriendo en EEUU. Los bancos no han trasladando la millonaria inyección de la Fed a la economía real', explica Gayle Allar, profesora estadounidense del Instituto de Empresa cuando se le pregunta por la efectividad de los anteriores planes de estímulo.

En aquel momento, al mismo tiempo que la Reserva Federal imprimía billetes verdes a destajo, Obama puso en marcha un plan de inversiones y estímulos fiscales, con programas de obras públicas que sí consiguió sacar a EEUU de la recesión y avanzar en la senda del crecimiento.

Mucho mejor funcionó la segunda derivada del plan de la Fed; esa que invita a los bancos de inversión a buscar productos que den rentabilidad, ya que la compra masiva de bonos por parte de la Fed hace bajar su tipo de interés y por tanto incentiva otras inversiones. Por ejemplo, acciones de empresas cuyo precio sube, lo que da a los accionistas la sensación de ser más ricos. 'Esa gran liquidez permitió frenar la espiral de caída en la que estaban las bolsas y protagonizar la potente subida que vimos desde marzo de 2009', asegura José Luis Martínez. El principal índice bursátil de EEUU, el S&P 500, subió un 80% desde esos mínimos de marzo hasta su finalización en mayo de 2010.

En otras palabras, 'los bancos utilizaron el dinero de la Fed para especular en Bolsa', asegura Javier Alfayate, analista de Accionesdebolsa.com. Cierto que cuando los mercados suben en el inconsciente económico se instala el pensamiento de que la cosa va mejor. 'Pero si eso no va acompañado de creación de empleo, el principal motor de la economía, que en el caso de EEUU es el consumo, la euforia se desvanece pronto', apunta Gayle Allard.

Así ocurrió tras el fin del primer programa. Pocas semanas después los titulares de la prensa de todo el planeta alertaban del riesgo de que la economía estadounidense y del resto del mundo volviera a entrar en recesión.

El miedo entró de nuevo en el cuerpo de Bernanke que activó una vez más la máquina. El segundo plan de estímulos (formalmente denominado en jerga financiera Quantitative easing, QE2 entre los brokers) había llegado. 600.000 nuevos millones de dólares destinados a comprar bonos del Tesoro de EEUU para inyectar liquidez a la economía estadounidense. Ese segundo programa de estímulos terminó el pasado mes de junio. Los menos desmemoriados no necesitarán echar mano de las hemerotecas para comprobar que el miedo a una nueva recesión volvió a copar titulares.

El problema es que los efectos de este segundo plan (que no fue acompañado de otras medidas fiscales) no han servido para estimular la economía (el crédito sigue sin fluir para las familias y las pymes) y el efecto riqueza en Bolsa ha sido mucho menos potente. La subida del S&P 500 durante el tiempo que el programa estuvo vigente, noviembre de 2010-junio de 2011, fue del 15%. 'El dinero se ha destinado en esta ocasión a invertir en materias primas en lugar de en Bolsa. Esto ha presionado mucho su precio y eso está perjudicando tanto a las economías emergentes como incluso a las grandes potencias', advierte el experto financiero Juan Ignacio Crespo.

Y ese es el mayor problema ahora. El efecto riqueza que supone las subidas bursátiles se debilita al tiempo que el peligro de que suba el riesgo de inflación es palpable, al menos, mucho más de lo que era al inicio de anteriores programas de estímulo.

Los expertos financieros estadounidenses barajan varias alternativas a una reedición de los estímulos sólo con inyección de dinero. Entre esas otras alternativas estaría un cambio en la composición de los activos que compra la Fed, ampliar el plazo de los bonos ya emitidos en lugar de comprar nuevos e, incluso, bajar el tipo de interés que paga a los bancos por sus reservas para desincentivar que mantengan el efectivo en sus balances y así estimular los créditos. Algunos expertos incluso apuntan que un aviso del peligro de inflación podría ser suficiente para estimular el consumo. Si creen que los precios pueden subir, comprarán más, aseguran. Todo ello, de nuevo, como en 2008, complementado con un plan de estímulo fiscal y gasto por parte del Gobierno, si es que la oposición republicana lo permite.