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Fermín Herrero convierte en poesía los "asombros" de la niñez

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Convencido de que la poesía "es algo difícil de exterminar", aunque en la actualidad "goza de una mala salud de hierro", Fermín Herrero acaba de publicar su noveno poemario, "De la letra menuda" (Cálamo), donde ha transformado en verso algunos de los principales "asombros" de su niñez.

El mar, la nieve, la lumbre y la ceniza configuran así las costuras de un libro que, como su propio título indica, remite a lo que "es simple en apariencia pero que tiene profundidad: el lugar donde verdaderamente se encuentra la sabiduría y por donde intentan ir mis poemas", ha explicado hoy a Efe el autor.

La expresión "letra menuda" se ha distorsionado con el paso del tiempo hasta convertirse en sinónimo de algo devaluado, "pero, antiguamente, en los pueblos se nombraba con ese vocablo lo que, siendo sencillo, encierra algo de profundidad, de sustancia", ha precisado Fermín Herrero (Ausejo de la Sierra, Soria, 1963).

Acorde a esa máxima ha procurado ir este poeta, profesor de Lengua y Literatura Española en un instituto de Valladolid, a lo largo de una obra cuyo segundo eslabón, "Echarse al monte", fue galardonado en 1996 con el prestigioso Premio Hiperión de poesía, y que diez años después obtuvo el Fray Luis de León con "Endechas del consuelo".

En esta nueva entrega, la naturaleza se mantiene como una de las constantes sobre las cuales gravita el pulso y la tensión lírica de un creador que casi siempre ha sumado a sus versos la cultura rural en que vino al mundo y se crió, y a la que dedicó "Tierras Altas" (2006) para reivindicar también las palabras que verdaderamente nombran las cosas.

La poesía se despoja de ese modo de la solemnidad que tradicionalmente se le atribuye: "Escribir versos no es nada trascendente, es escribir bien, ni más ni menos", ha afirmado Herrero al tiempo que ha evocado la figura de Claudio Rodríguez como uno de sus principales referentes, "salvando las distancias, claro".

"Resulta más fácil escribir poemas que una novela, por eso hay mucha gente que se arriesga y parece que existen muchos poetas, pero no debe resultar tan sencillo cuando se descubre antes a un mal poeta que a un novelista mediocre", ha matizado.

Herrero, cuyo primer libro fue "Anagnórisis" (1995) y que con "Un lugar habitable" (2000) mereció el Premio Ciudad de Córdoba, ha observado la presencia de "más poetas que lectores de poesía" y percibido "un panorama más ecléctico" entre los autores, sin encasillamientos o etiquetados en forma de generaciones o grupos: "hay menos batallas poéticas y una mayor abundancia de estética".

Otra de sus reflexiones apunta a la abundante edición de libros de poesía en España, por encima de la capacidad de absorción de los lectores, y que ha achacado a la existencia de "muchísima autopublicación".Roberto Jiménez