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El fiasco presidencial de Merkel podría obligar a cambios

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La lucha maratoniana de la canciller alemana, Angela Merkel, por conseguir la elección como presidente de su candidato la ha debilitado severamente sólo meses después de un nuevo mandato y podría forzar un cambio de política, incluyendo retoques en los planes de austeridad del Gobierno.

Pocos analistas descartan a Merkel tras el desastre de 9 horas del miércoles, en el que su elegido a dedo para la presidencia, Christian Wulff, sufrió tres votaciones de infarto en una sesión especial de la asamblea antes de lograr mayoría.

Ninguno de los partidos de su coalición de centroderecha cada vez más impopular, que asumió el poder el pasado octubre, tiene ningún incentivo para permitir las elecciones anticipadas que algunos críticos están reclamando.

Y Merkel hará todo lo que pueda para preservar su control del poder, cómoda sabiendo que ni tiene rivales poderosos ni sucesores obvios en el Partido Democristiano (CDU).

Pero el revés del voto presidencial, en el que docenas de parlamentarios de su campo conservador se rebelaron y respaldaron a un candidato rival en las primeras rondas, perseguirá previsiblemente a Merkel durante algún tiempo, obligándola a realizar compromisos sobre política y minando su influencia en temas nacionales.

"Ahora tendrá que intentar ejercer su liderazgo con determinación, pero la agenda no estará en sus manos", dijo Peter Loesche, profesor emérito de ciencia política en la Universidad de Goettingen.

"Los planes de austeridad tendrán que ser revisados", añadió, refiriéndose al paquete de ajuste del Gobierno de 80.000 millones de euros en cuatro años que ha sido vapuleado en el país como socialmente injusto y fuera de Alemania como un obstáculo para la recuperación económica mundial.

Poner fin a un impuesto sobre el valor añadido (IVA) reducido y subir impuestos para los que más ganan están entre las medidas que podría verse obligada a considerar, según analistas.

NECESIDAD DE COMPROMISO

Merkel, de 55 años, se vio privada de su mayoría de centroderecha en la cámara alta del Parlamento, el Bundesrat, cuando su partido sufrió una humillante derrota en las elecciones del estado más poblado de Alemania

Esos comicios debilitaron su capacidad para sacar adelante leyes sin respaldo de la oposición. El voto presidencial, al poner aún más de relieve su vulnerabilidad política, sólo aumenta la necesidad de forjar compromisos sobre políticas.

los Liberales Demócratas (FDP) y la Unión Socialcristiana (CSU) - es quizás el lugar más obvio para empezar, según analistas.

Pero la debilidad del FDP, que ha visto caer su apoyo por debajo del 5 por ciento tras lograr un récord del 14,6 por ciento en las elecciones del pasado septiembre, y el nerviosismo en la antagónica CSU podría obstaculizar su capacidad para controlar una coalición que se ha visto asediada por las críticas y la falta de ideas audaces.

La presión sobre Merkel desde dentro de su propio partido aumentará previsiblemente en el periodo previo a seis elecciones estatales el próximo año, donde los reveses para la CDU podrían obligarla a hacerse a un lado o convocar elecciones anticipadas, como hizo su predecesor Gerhard Schröder.

Tranquilizar a los miembros de su propio partido, que se ha visto afectado por destacadas dimisiones de las que muchos responsabilizan a Merkel, es quizás tan importante para su supervivencia política como asentar su difícil coalición.