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Fiesta nocturna y turismo bajo vigilancia militar

Jesús, ingeniero, combinó la capital con las ruinas históricas

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En Beirut, capital de Líbano, se dice que viven 1,8 millones de personas, aunque llevan desde 1932 sin un censo de población. Entre ellos, destaca una comunidad de cristianos al este; musulmanes y drusos al oeste; cientos de militares controlando la zona; 400.000 refugiados palestinos; 50 judíos octogenarios; y algún que otro extranjero. En este último grupo se encuentra Jesús Marcos Morell.

Este joven de 25 años llegó a Beirut el pasado 3 de octubre a las dos de la madrugada sin nadie conocido que le esperara, con un contrato en la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España y cargado de dudas. 'El primer contacto con la ciudad es intenso, la presencia militar es permanente y ves pasar jeeps con soldados a todas las horas pero, aunque parezca mentira, te acostumbras rápido', explica Jesús.

'Llegamos a comprar siete kilos de arroz y mucha agua por si teníamos que encerrarnos en casa'

Líbano, al tener frontera con Siria e Israel, es un foco de conflictos. La fuerte presencia de Hezbolá en la zona, su influencia sobre los refugiados palestinos y la contundencia del Ejército israelí ha provocado decenas de enfrentamientos en las últimas décadas. Ese chico reconoce haber pasado 'momentos tensos' . 'Incluso llegamos a comprar en el supermercado siete kilos de arroz y mucha agua por si teníamos que encerrarnos en casa', asegura.

Conseguir alojamiento en la ciudad tampoco fue algo sencillo. Jesús estuvo viviendo en cuatro casas diferentes porque resulta muy complicado encontrar algo decente por menos de 800 dólares al mes. 'Hay mucha demanda inmobiliaria y en el centro los alquileres pueden llegar a costar 8.000 o 9.000 dólares al mes', puntualiza.

Sin embargo, Jesús insiste en que estas han sido situaciones 'aisladas' y cuenta que lo que más le gusta de Beirut es su vida nocturna: 'Me sorprende que puedas tomar una birra en prácticamente cualquier bar e incluso te ponen un aperitivo'. Por si fuera poco, dice que hay gente con ganas de fiesta 'todos los días de la semana'.

En nueve meses ya ha diseñado su ruta perfecta: 'Se empieza cenando en el mítico restaurante Le Chef, por unos diez euros, luego tomando unos gin tonics en el Coop d'Etat (en una azotea), después puedes seguir la noche en el Name this Bar hasta las 5 de la mañana, y si aún no tienes ganas de ir a casa tienes el BO 18, un pub que simula un refugio antiaéreo y donde abren el techo dejando pasar los primeros rayos de luz del día'.

Otro tema que no quiere dejar pasar es el de los viajes, y marca una serie de visitas obligadas: Baalbeck, Biblos, Tiro y Sidón. El primero de los destinos es el más recomendado. Baalbeck es un conjunto monumental romano en perfecto estado de conservación donde se encuentra, según este viajero, 'el mejor templo romano del mundo en pie'. Para moverse por la zona lo mejor es el transporte público y las furgonetas que toman los autóctonos, en las que se pueden recorrer 80 kilómetros por 5.000 libanesas (moneda nacional), unos 2,5 euros.

A Jesús, su paso por Líbano le ha hecho crecer 'como persona'. Se llena de orgullo al decir que ha vivido todo intensamente y mira al futuro con optimismo: 'Me quedo con lo bueno, como hacen los libaneses, porque nunca sabemos si se volverá a repetir'.