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El filme "14 Días con Víctor" explora los límites del dolor y de la redención

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Sitges (Barcelona), 11 oct (EFE) - La película del director español Román Parrado, "14 días con Víctor", estrenada en el Festival de Sitges, explora los límites del dolor, tanto físico como psicológico, y de la búsqueda de la redención a través del cuerpo y el arte.

"Es una película muy dura psicológicamente. Quería hablar del sentimiento de perderse a sí mismo y del dolor interior. El dolor físico es un mero contexto", ha declarado Román Parrado en rueda de prensa.

Ambientada en el Londres de mediados de los noventa, el film cuenta la historia de Víctor, un "inadaptado social", en palabras del cineasta, que llega al taller del pintor Martin para ofrecerse como modelo para sus creaciones.

Martin plasma el dolor y el martirio en sus pinturas, y pronto convertirá el cuerpo del joven en su propio lienzo.

Bajo este pretexto, "14 días con Víctor" se inspira en una 'performance' que vio el productor de la película a finales de los 90 en la que el artista exploraba su resistencia física, el llamado 'snuff art', y es también una reflexión de los valores y los límites en el arte contemporáneo.

"La película habla de personajes llevados hasta el límite y de sentirse aceptado o rechazado. El arte es el telón de fondo", ha afirmado Parrado de "14 días con Víctor", que transcurre casi por completo entre las cuatro paredes de un taller, convertido en purgatorio, y en el que conviven tres almas rotas.

Los protagonistas son, Víctor (Fernando Tielve), un adolescente que vive con una madre que le ignora, Martin (Joe Dixon), un pintor sin inspiración y que debe cuidar a un hermano boxeador que quiere volver al ring y Anna (Margo Stilley), una fotógrafa que ha dejado de comer porque su padre está a punto de morir de cáncer.

Los tres actores han coincidido en que fue un rodaje duro, sobretodo desde el punto de vista emocional, por la carga de culpa, dolor y pérdida de los personajes que interpretan.

En esa línea, Joe Dixon ha explicado: "La película habla de un dolor muy intenso, el de perder la identidad. Fue para mí todo un desafío físico y mental".

Tielve, que lleva el hilo argumental de esta película marcadamente física, ha contado que para la creación del personaje se inspiró "en la relación entre la madre y el hijo" y ha recordado que fue un rodaje "incómodo" porque estuvo "media grabación atado a un poste".

Por último, Margo Stilley ha relacionado con los tiempos de hoy a su personaje, una incomprendida Anna que, viendo a su padre morir, se tortura a sí misma dejando de comer y que "interioriza todo lo que le pasa y carga mucho peso, pero siente que no tiene más que dar".