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Firman un tratado para reducir las capturas de atún

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Los estados firmantes de un tratado internacional de conservación pesquera han acordado limitar las capturas en el Mediterráneo del atún rojo, una especie en peligro de extinción, anunciaron el martes las autoridades europeas.

Sin embargo, grupos ecologistas consideran los nuevos límites son inadecuados y creen que no detendrán la brusca reducción en la población de esta especie.

El atún rojo, que puede pesar más de 600 kilos, es un ingrediente frecuente del sushi, pero sus bancos se han reducido de forma drástica, debido en parte a la sobrepesca de algunos países europeos en el este del Atlántico y el Mediterráneo.

Las autoridades de diversos países, reunidas en la ciudad marroquí de Marrakech, decidieron reducir las cuotas de atún rojo en un 30 por ciento, a 19.950 toneladas para 2010, indicó la Comisión Europea.

Los científicos de la Comisión Internacional para la Conservación de los Atunes del Atlántico (ICCAT, en sus siglas en inglés) habían recomendado una cuota máxima de 15.000 toneladas para evitar un colapso de las reservas, según el grupo de conservación WWF.

La ICCAT supervisa la protección del atún en el océano Atlántico y los mares vecinos. Entre sus miembros se incluyen Rusia, Corea del Sur y Japón, así como varios países de la Unió Europea, África y América.

La Comisión de la UE indicó que el acuerdo reducirá la temporada de pesca en cuatro meses, congelará la capacidad de pesca a niveles de 2007-2008 y ayudará a actuar contra la pesca ilegal.

Pero WWF, un grupo dedicado a la conservación de la naturaleza, señaló que el fracaso del ICCAT a la hora de adoptar cuotas eficaces supone que tendrán que utilizarse acuerdos comerciales y boicots al atún para impedir la desaparición del atún rojo.

"Ésta no es una decisión. Es una desgracia", afirmó Sergi Tudela, responsable del programa de pesca en el Mediterráneo de WWF.

Esta organización señaló que la UE dirigió la decisión sobre la cuotas, con el apoyo de los países norteafricanos y de Japón.

Los defensores del medioambiente querían una prohibición total de las capturas durante los meses de reproducción de mayo y junio, cuando se produce la mayor parte de la pesca.

A su vez, Greenpeace indicó que las nuevas normas sólo reducen el periodo anual de pesca en 10 días, y definió el acuerdo como "un desastre".