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El fiscal sube 8 años la pena pedida a los acusados de planear un atentado en el metro de Barcelona

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El fiscal ha elevado hoy en ocho años su petición de pena para los once supuestos islamistas juzgados por la Audiencia Nacional por planear un atentado en el metro de Barcelona en enero de 2008, al añadir a los delitos que les imputa el de conspiración para la comisión de estragos terroristas.

En principio, el fiscal no había atribuido a los procesados este delito, sino sólo los de pertenencia a organización terrorista -en grado de miembro o de dirigente- y de tenencia de explosivos, pero lo ha incluido en sus conclusiones definitivas al considerar probado que el grupo planeaba de manera activa un ataque.

Con esta nueva imputación, la pena solicitada por el Ministerio Público para los diez paquistaníes y un indio acusados de preparar una serie de atentados suicidas en nombre de la organización terrorista Tareq e Taliban Pakistana se sitúa entre los 17 y los 26 años de cárcel.

En las sesiones del juicio que tuvieron lugar la semana pasada varios agentes de la Guardia Civil que comparecieron como testigos y peritos afirmaron que el material explosivo que se les incautó no era suficiente para provocar una explosión de grandes proporciones y que se manejaba la hipótesis de que "sólo iban a hacer un ensayo".

En los registros que siguieron a las detenciones se halló una pequeña cantidad de polvo blanco que, según los peritos, corresponde a la pólvora contenida en ocho bengalas -cuyos tubos vacíos se encontraron en otro lugar- y "sólo explotaría si se uniera a un detonador fuerte", para el que haría falta "una carga explosiva muy potente".

Según ha explicado el fiscal durante su informe, es por eso que el delito que se les imputa no es el de tentativa de estragos terroristas, sino el de conspiración, ya que para éste basta "el simple hecho de comunicar la idea de un atentado y poner en marcha una acción para buscar explosivos", independientemente de su resultado.

El representante del Ministerio Público se ha referido también al testigo protegido conocido como F1, que supuestamente pertenecía a la célula hasta que se arrepintió y delató al grupo a la Policía, y que ha sido puesto en cuestión por familiares de los acusados, que sostienen que era un infiltrado de Francia y parte de un "montaje".

El fiscal ha argumentado que el hecho de que el testigo tuviera contacto previo con las Fuerzas de Seguridad francesas no invalida su declaración, y ha subrayado que su llamada "no inicia el dispositivo policial", que ya llevaba tres días en marcha, sino que es "el dato que acelera la intervención".

A raíz de esta llamada, los acusados fueron detenidos la noche del 18 de enero de 2008, cuando se encontraban en una mezquita, según la declaración de F1 con la intención de fabricar los artefactos explosivos con los que al día siguiente varios de ellos se inmolarían en el metro.

Según han afirmado casi todos, se habían reunido allí debido a su pertenencia al grupo religioso pacifista islámico Tabligh, que acostumbra a realizar reuniones de fin de semana en las que sus miembros se quedan a dormir varios días en las mezquitas para dedicarse a la oración.

En referencia a alusiones de la defensa, tanto el fiscal como la acusación particular -que representa a la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT)- han insistido en que las imputaciones no tienen nada que ver con la pertenencia a este grupo religioso, del que aseguran estar "convencidos de que es pacífico".

"Ser del Tabligh no es ser terrorista, ser terrorista es preparar un atentado, llevar bolas de acero y nitrocelulosa", ha afirmado el fiscal.