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"Con 2-0, Florentino ya no dijo ni pío"

El presidente, los jugadores y la afición del Alcorcón relatan cómo vivieron la gesta antes, durante y después

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Una sonrisa parecía dibujarse en el horizonte del contaminado amanecer de Alcorcón. Allí, en la ruidosa periferia. No importaban los infumables atascos de la carretera de Extremadura hacia Madrid, ni las apreturas por hacerse un hueco en el metro... Ayer, todo hijo de vecino de Alcorcón sacaba pecho por su equipo de fútbol, y no por habitar en la conocida ciudad de las ofertas de Ikea, los exámenes de conducir o los botellones del polígono.

'Esto ha sido cuestión de cojones', resumía un octogenario la victoria de anoche, mientras subía como podía, ayudado por su garrota, la cuesta de la calle de Las Vegas. Su objetivo es llegar como sea a la sede social de La Agrupación (nombre con el que se conoce al equipo que ayer convulsionó la superproducción del Real Madrid) y dar la enhorabuena a sus chicos.

'¡Cómo se nota a quiénes les cuesta llegar a fin de mes!', apunta una lugareña

Pero la goleada todavía no ha hecho efecto en lo que se refiere a beneficios para el club. 'Todavía no se nota mucho. Sólo se han abonado dos personas durante la mañana', dice Enrique, el único empleado que recibe en recepción todos los parabienes del milagro amarillo y que cifra el número de socios en un millar; pero que como contrapartida escupe rápidamente datos favorables: 'Pero, ojo, que ha llamado una peña del Barcelona, que ha encargado 500 camisetas del equipo y a 35 euros cada una... Ahí sí que podemos hacer negocio y seguro que alguno del Atlético también cae por aquí durante el día. Hay mucho cachondeo'.

El partido reside en cada una de las esquinas. Bancos, cafeterías, locales comerciales, mercados. Unas señoras, que salen de unas galerías comerciales del barrio de Ondarreta, carro en ristre, parecen haber aparcado su habitual chismorreo sobre la Esteban y se apuntan a la moda: '¿Pero tú has visto como corrían? ¡Cómo se nota dónde estaban los millones y a quiénes les cuesta llegar a fin de mes', dice una de ellas.

Precisamente, de dinero es lo que más se habla a unos metros de allí, en la Ciudad Deportiva del parque de Santo Domingo. A las diez y media, Anquela ya ha terminado de trabajar con los héroes de la Copa. 'No veas la de veces que me han preguntado cuánto gano', dice Borja, que con dos goles fue la estrella del Alcorcón. El punta, que ya marcó al Madrid con Alicante y Leganés, no pasa de los 2.500 euros al mes, pero prefiere estar con los pies en el suelo cuando oye la palabra prima. 'Mira, yo tengo 27 años y me conformo con jugar en la categoría que estoy y, viendo las cosas como están, con mirar la cartilla del banco a final de mes y ver que he cobrado me hace sentirme un afortunado', se sinceraba mientras era ovacionado por una treintena de escolares que terminaban su clase de educación física en el mismo campo donde se ejercitan los amarillos.

'No paro de recibir felicitaciones por la calle. La batería del móvil ha caído fulminada desde anoche. Está siendo un no parar', prosigue el delantero, que curiosamente también es abonado del Real Madrid. 'Como abonado, y ya no como rival, el Madrid nunca debe perder contra el Alcorcón', comenta, 'pero yo el carnet de abonado lo dejé en casa y en el césped no distinguía rival'.

'Anquela nos dijo que ni les miráramos a la cara', comenta Borja

Allí, en Santo Domingo, el fútbol parece haber retrocedido décadas. Los periodistas acceden al césped con tranquilidad, lejos de la trama que organizan los departamentos de comunicación de los equipos de Primera, y dialogan con los jugadores de manera sosegada, todavía sin ducharse y con unas ojeras que delatan la prolongada fiesta nocturna. 'Yo me he despertado y todavía no me lo creía', dice Esteban Márquez, presidente del equipo, que con orgullo está a pie de campo saludando a todos sus futbolistas.

'¿Ganar al Madrid y de goleada? ¿Pero quién se lo podía imaginar?', grita Márquez mientras se abraza con Juanma (portero) y Mora (mediocentro). 'Vaya alegría me habéis dado', les dice. 'Yo, si te soy sincero, daba el partido por perdido. ¡Todo un Madrid contra un Segunda B! ¿Quién lo iba a pensar? Esto pasa una vez entre un millón. Pero bueno, nos ha tocado a nosotros. Yo me había mentalizado para no sufrir mucho y disfrutar de lo que pasara, pero, mira, los chavales sacaron la casta y jugaron como los ángeles', apunta emocionado, mientras recuerda lo vivido en el palco junto a Florentino, Valdano y compañía. 'Imagínate. Al principio hablaban mucho. Pero Florentino, a partir del segundo gol, ya no dijo ni pío. Es normal. Ver que tu equipo pierde de esa manera es muy doloroso y lo comprendo. Me pasa a mí que me cabreo cuando perdemos en casa contra rivales de nuestra propia categoría, pues mira si lo hacemos con uno de regional', explica Márquez, que no esconde su temor a no pasar. 'El Bernabéu es muy grande y yo todavía no tengo todas conmigo', concluye.

El otro foco que queda tras el partido está en el vestuario. Anquela, o Anquelotti (como le apodan), no quiere que sus jugadores vivan en una nube. 'Nuestro fútbol es de Segunda B y debemos centrarnos en ganar al Conquense el domingo', señala el técnico que ha abierto la mano a sus jugadores estos días.

Una peña del Barça ya ha encargado 500 camisetas amarillas

Pero el secreto del terremoto está en las palabras que les dijo a sus jugadores en la caseta, apenas una hora antes del partido. 'Nos dijo que nos olvidáramos del escudo que estaba en frente. Que no miráramos que delante estaban Benzema o Raúl. Que sintiéramos que era un partido más, como si de nuestra categoría se tratase, ante un rival que viene a morder', revela Borja.

Si pasan la eliminatoria no dudan en señalar al Barcelona como rival preferido. 'Económicamente sería mucho mejor. Tú tienes que pensar que una persona que vive en Alcorcón tiene bastante fácil ver al Madrid, pues está aquí al lado. Pero al Barcelona es más complicado verle, por lo que económicamente hablando puede ser más rentable para nuestras arcas', explica el presidente, aunque pronto tira para atrás. 'Ojo, que estos de blanco, que en el Bernabéu tendrán ganas de revancha, van a ser muy peligrosos', concluyó.