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Dos formas de envejecer

Vidas paralelas: Raúl y Del Piero, que se admiran, explotaron a la vez

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Con genuflexiones reverenciales, como los tenores o los actores de teatro, Del Piero abandonó el Bernabéu con el público en pie. La hinchada madridista, en un gesto que multiplicará la dimensión en el tiempo y en la historia la exhibición de Pinturicchio, se rindió a un futbolista de 34 años al que el físico le ha dejado solo ante la pelota para sobrevivir. Luego, vino el otro gran gesto. Con el partido acabado, Raúl y Del Piero se buscaron para chocar las manos e intercambiarse la camiseta. Se conocen y se admiran desde que ambos sacaron la cabeza en la élite. Ahora, enfilan la recta final de sus carreras.

Se han enfrentado en multitud de ocasiones repartiéndose todos los focos. La primera vez que se vieron las caras fue en 1996 en una eliminatoria de Copa de Europa. Raúl tenía 19 años y Del Piero, 21. Con la treintena ya rebasada, se aprecia un envejecimiento distinto. Del Piero ha gestionado su pérdida de velocidad reduciendo sus intervenciones y renunciando al uno contra uno continuo. El resultado es lo que se vio el miércoles. Corre poco y toca el balón lo justo. Selecciona sus intervenciones, pero cuando entra en acción algo se mueve en los partidos.

'Fue extraordinario. Todo está en su cabeza', dice entusiasmado Arrigo Sacchi desde Italia. 'Tiene mucha clase, se merecía que el Bernabéu le despidiera de esa manera', afirma Camacho, que sabe lo que significa que el Bernabéu despida a Maradona entusiasmado pese a llevar en el pecho el escudo del Barça.

'Se vive para estas emociones. Estoy muy orgulloso', esbozaba Del Piero embutido en un traje negro entallado y rematado con zapatos de suela de astronauta y cordaje naranja, como queriendo señalar que su arte nace en los pies. 'Tengo que agradecerles a mis padres el talento que me han dado', confesó ayer a Juventus Televisión. Creo mucho en el trabajo para buscar perfeccionar. El domingo cumplo 35 años. En los últimos 15 he madurado y he tenido que cambiar muchas cosas', aseguró en el canal televisivo de la Vecchia signora. Ahí radica la diferencia en cómo el paso del tiempo ha influido en ambos.

Del Piero ha evolucionado hacia lo concreto y Raúl sigue en metido en el mismo molde que le encumbró, quizá porque no puede enfundarse en otro. Raúl corría mucho y lo sigue haciendo. Y sigue viviendo del gol. Da igual que haga desmarques meritorios o que descubra un agujero con una pared. La tabla para medirle más que nunca es su acierto en la portería contraria. Y ahí tiene un problema, antes era la gran referencia goleadora del Madrid y desde 2002 ejerce de satélite del killer de turno. Lo hizo con Ronaldo y ahora con Van Nistelrooy.

Hubo un tiempo en el que Raúl y Del Piero se disputaban la corona continental futbolística. Sus carreras iban de la mano. Aunque dos años menos que Del Piero, su explosión fue paralela en el tiempo. Dos talentos jóvenes y prodigiosos explotando en dos clubes históricos. Sin tiempo para madurar, ambos se convirtieron en iconos de la Juve y del Madrid, de Italia y de España. También protagonizaron una sucesión tan grandiosa como traumática y difícil. Raúl tuvo que borrar la improvisación genial de Butragueño y Del Piero la exquisita y punzante técnica de Baggio. Cómo no, ya les buscan sucesores. En Turín han elegido a Giovinco y en Madrid parece que Higuaín.