Publicado: 01.12.2013 08:24 |Actualizado: 01.12.2013 08:24

La frágil y desigual salida de la recesión en 7 claves

El PIB creció un 0,1% en el tercer trimestre gracias al leve repunte del consumo y de la inversión. Sin embargo, los datos de la contabilidad nacional muestran que las rentas de los asalariados siguen bajando mientras los beneficios empre

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El pasado jueves el INE certificó de forma fehaciente y oficial —a través de los datos de contabilidad nacional — lo que ya se sabía desde hace semanas: en el tercer trimestre de 2013 España salió de la recesión. El PIB creció un 0,1% entre julio y septiembre después de nueve trimestres sin crecimiento. Ese dato, sin embargo, no puede esconder que en el último año la economía española ha bajado un 1,1%.

Pese a todo, Luis De Guindos y Cristóbal Montoro, los ministros económicos, no se cansan de recurrir a la manida expresión de que la luz ya se ve al final del túnel. Pero el crecimiento es aún endeble, mucho más de lo que el Gobierno del PP está dispuesto a admitir. Y tiene otra característica: es desigual, está mal repartido y es, por tanto, injusto. Un análisis de la evolución PIB permite llegar a esa conclusión.

En los últimos dos años el sector exterior ha tirado de la economía. En este tercer trimestre de 2013 las ventas al exterior han seguido creciendo pero con mucha menos intensidad. Su contribución a la economía se ha frenado y es dos tercios menor que en el segundo trimestre, cuando las exportaciones de bienes y servicios crecieron un 6,4% con respecto al anterior. En este tercer trimestre su crecimiento se ha reducido al 2,2%. Si adoptamos una perspectiva interanual, las exportaciones de bienes y servicios también han moderado notablemente su crecimiento: pasan del 9,1% -ritmo al que crecían en el segundo trimestre de 2013 con respecto a un año antes- al 4,7%.

Al tiempo que las exportaciones se moderan, las importaciones crecen, en concreto un 2,8%, con respecto al segundo trimestre de 2013. Mejoran por primera vez en tres años su comportamiento respecto a las ventas al exterior. Con respecto a hace un año crecen sólo un 0,7%.

Que las importaciones de bienes y servicios crezcan implica básicamente dos cosas, ambas positivas: que crece el consumo de las familias -aunque sea mínimamente- y que crece la inversión de las empresas.

El consumo de las familias, que representa grosso modo entre el 55% y 58% del volumen del PIB, ha crecido por primera vez desde el primer de 2012. En este tercer trimestre de 2013 el consumo final de los hogares ha aumentado un 0,3% respecto al anterior, aunque con respecto a un año antes aún baja el 2,2%, si bien este dato interanual es el mejor también desde el primer trimestre de 2012. También ha crecido aunque sea muy poco, un 0,1%, el consumo de las administraciones públicas, algo que no ha sido muy habitual desde que el PP llegó al poder.

Las cifras son modestas. A este ritmo de crecimiento del consumo, la economía tardará en arrancar. Pero en parte también dan la razón al Gobierno, que no cesa de de decir que estamos en el punto de inflexión de la crisis. Ahora el reto es ver si el consumo de las familias se acelera. Los próximos meses serán claves.

La formación bruta de capital fijo o, dicho de forma más simple, la inversión de las empresas es otra de las patas en las que se apoya el tímido crecimiento de las importaciones. Desde el inicio de la crisis —allá en los albores de 2008— este indicador ha caído un 42%. En el tercer trimestre, sin embargo, ha crecido un 0,2% —de nuevo un crecimiento apenas perceptible—, lo que supone al menos un cambio de tendencia. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) este mejor comportamiento "se debe por un lado a que la inversión de los bienes de equipo tiene una trayectoria positiva y, por otro, a que la construcción sigue presentando tasas de variación negativas".

En sus datos de Contabilidad Nacional, el INE certifica que la inversión en activos de construcción sigue su desplome particular. Entre julio y septiembre cayó un 1,5% con respecto a los tres meses anteriores. Es uno de los indicadores con peor comportamiento. Con respecto al año anterior, la caída es del 10,3%, un nivel similar al que viene ofreciendo desde el verano de 2012. Se puede concluir que el sector de la construcción ahora mismo está estancado.

Se ha apuntado antes: el gasto de las Administraciones Públicas creció un 0,1% con respecto al segundo trimestre de 2013. Y por primera vez desde que el PP llegó al poder, ese gasto público ha crecido con respecto al año anterior: un exiguo 0,3%. Es poco, pero es mejor que nada. Según el INE en esta trayectoria positiva "el menor descenso de los sueldos de los asalariados públicos".

La recesión que el país acaba de dejar atrás -al menos desde el punto de vista técnico- se ha llevado por delante 3,7 millones de empleos. El año 2013 acabará con más paro del que empezó. En el verano de este año el empleo bajó un 3,2% respecto al verano de 2012. Son 522.000 empleos netos menos. El ritmo de destrucción de empleo se ha aminorado, pero tan sólo siete décimas. A principios de 2012 se destruía empleo a un ritmo del 5% anual, ahora estamos en el 3%. No es mucho consuelo. Pero parece que en 2014, por fin, se creará trabajo, poco, pero se creará.

La leve mejoría de algunos indicadores, en especial del consumo, no puede esconder que las rentas de los asalariados siguen cayendo con fuerza: nada menos que un 3,6% respecto al segundo trimestre de este año. Desde el verano de 2011 este proceso se ha consolidado. Y es que los salarios tampoco crecen (la remuneración por asalariado en el sector privado creció apenas un 0,15). Lo que sí aumenta es la productividad por trabajador: un 2,1% este trimestre. Los trabajadores cobran menos por el mismo trabajo.

También crecen los beneficios empresariales: un 1,8% con respeto al trimestre anterior. De hecho, los beneficios empresariales no han dejado de crecer desde el segundo trimestre de 2012. Estos datos demuestran cuál es la salida de la crisis que propugna el Gobierno: un empobrecimiento general de la clase media -lo que el Gobierno llama "devaluación interna- y un crecimiento económico a costa de los salarios, que están perdiendo peso en la tarta del PIB, es decir de la riqueza que somos capaces de crear como país y sociedad.