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Francia busca mediar entre dólar y yuan

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Francia asume las riendas del G-20 esta semana, tras la cumbre de Seúl, cuando crece el escepticismo hacia ese foro a causa de las promesas incumplidas en materia de 'moralización del capitalismo' y de relanzamiento económico, y a causa de las tensiones entre monedas que prueban la falta de coordinación entre potencias. Por necesidad de protagonismo, Nicolas Sarkozy ha desgranado en las últimas semanas un programa maximalista con el que pretende izarse a la posición de mediador entre China y EEUU, y que Pekín acoge con gusto. París se propone organizar nada menos que 'la reforma del sistema financiero', 'el freno a la volatilidad excesiva de los precios de las materias primas, especialmente en productos agrícolas y productos de la energía', y 'la reforma de la gobernanza mundial' hoy articulada por la ONU.

La agenda de Paríspara el G-20 se centra en reformar el sistema financiero

Cuando ni siquiera las promesas del G-20 en materia de control de la banca y de los fondos especulativos se han cumplido, Sarkozy tiene prisa por pasar al terreno que toca directamente el nervio de la guerra económica: las devaluaciones competitivas de países exportadores, la utilización por EEUU de la emisión de billetes para financiar deuda, y el sistema monetario internacional. 'Desde los años setenta, vivimos en un no sistema monetario', explicó el sherpa (negociador que prepara las reuniones del foro) de Sarkozy, Jean-David Levittede, para justificar la necesidad de 'abrir en el G-20 ese tema para hablar de ello con eficacia y con un espíritu positivo'.

En ese trabajo de Hércules, París intenta en las últimas semanas ver 'señales positivas' por todas partes. Al término de la reunión de ministros de Finanzas y de banqueros del G-20 en Gyeongjiu (Corea del Sur) a mediados de octubre, la ministra francesa Christine Lagarde corrió a las radios y a las televisiones a clamar que las potencias se habían comprometido a 'no recurrir a políticas de devaluaciones competitivas', y a autolimitar sus déficits o excedentes de comercio exterior, por lo que dijo gracias a Sarkozy se habría encontrado 'el camino de la paz' entre el dólar y el yuan chino.

Tras la reunión de Corea del Sur que puso tan contenta a Lagarde, el enviado de Barack Obama se fue a Pekín a hablar con el viceprimer ministro chino, Wang Qishan, sin avisar a Sarkozy. El afán de protagonismo del presidente francés podría llevarlo, como ya ocurriera en 2008 con la polémica por los Juegos Olímpicos de Pekín, a pensar que realmente tiene algún poder de influencia sobre China. Y así interpretaron algunos la visita del presidente chino Hu Jintao a París la semana pasada.

El ex primer ministro Jean-Pierre Raffarin, embajador informal de Sarkozy ante las autoridades chinas, ha declarado que, en el contexto del G-20, 'no tenemos ninguna lección que dar ni a China ni a EEUU en cuanto a la cotización de sus monedas', cosa que equivale a aceptar de entrada que Francia no podrá hacer de árbitro en el combate de titanes. Con ocasión de la visita, se han rescatado unas declaraciones de Fu Ying, viceministra de Exteriores china y sherpa de Hu Jintao, en las que intenta demostrar que mira con simpatía, pero desde lo alto, a Sarkozy. 'No hay nada malo en que París proponga una reforma del sistema monetario internacional, pero creo que la presidencia francesa deberá tener paciencia y escuchar a todos', señaló. En París, Hu Jintao se limitó a declaraciones corteses: 'China apoya a Francia en sus esfuerzos para garantizar el éxito de la cumbre del G-20 el año próximo', dijo.

Las críticas a los planes del presidente galo llegan incluso de consejeros bajo contrato del Elíseo. Así, el experimentado economista Jacques Attaliha escrito que el arranque de la presidencia francesa del G-20 'se presenta bajo los peores auspicios'. Aconseja a Sarkozy que se centre en temas más concretos y pequeños, 'pero útiles', en lugar de 'lanzarse en una batalla perdida de antemano, por demasiado prematura, de la creación de un sistema financiero mundial'. Para Attali, por el camino actual del G-20, 'la continuación es previsible: guerra de monedas, cierre de los mercados de capitales, subida de las materias primas y una nueva depresión generalizada'.

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