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Franco prefería una guerra rápida y limpia

Jorge M. Reverte publica una nueva versión de las intenciones del general

PEIO H. RIAÑO

El periodista Jorge M. Reverte anuncia en las dedicatorias de su nuevo libro sobre la Guerra Civil que El arte de matar. Cómo se hizo la Guerra Civil española (RBA) es su 'definitivo libro' sobre el asunto, o al menos eso cree. Todo puede pasar porque a fuerza de trastear en archivos va añadiendo documentación inédita a sus futuros libros. En este caso ha juntado un tesoro sobre las cartas que aclaran la visión de la guerra del general del Ejército Popular Vicente Rojo. En el Archivo Histórico Nacional (AHN), los documentos del EMC y del Archivo General Militar de Ávila aclaran la visión estratégica del general: 'Resulta chocante su obsesión por la batalla decisiva, por el desarrollo de alguna ofensiva que acabara la guerra de un plumazo', escribe el autor en el prólogo del libro.

En El arte de matar Reverte confirma que uno de los fallos más graves del Ejército Popular fue la visión tan distante que mantenían Manuel Azaña, presidente de la República, y Juan Negrín, presidente del Gobierno. El primero quería resistir como fuera para que las potencias europeas obligaran a un cese de las hostilidades al Ejército Rebelde y el otro lanzar ofensivas decisivas. Tan ingenua una como la otra al mirarlas hoy. 'Azaña nunca perdió la esperanza de que las potencias europeas plantaran cara a Hitler y ayudaran a la República', explica el escritor a este periódico.

Rojo fue el mejor general, según Reverte, pero cometió el error de creer que podría dedicarse a la actitud ofensiva con los escasos recursos que tenía. 'Se queja constantemente de que no tiene oficiales preparados. Y con lo que tuvo hizo operaciones increíbles, como el cruce del Ebro y otros planteamientos mucho más ingeniosos que los de sus enemigos'. Entre los logros, el periodista destaca sobre todo la defensa de Madrid y aprovecha las remontadas del Ejército Popular, para proponer una nueva teoría a la actitud de Franco: 'No es que quisiera que la guerra durase más, es que Franco no pudo ganarla antes'.

Franco demostró que su soberbia fue el origen de su torpeza en el campo, como quedo claro en el empecinamiento por conquistar una plaza inútil como Teruel. No fue un buen estratega militar, fue un 'buen estratega político'. Y no consiguió su batalla rápida porque la planteó mal: 'En el ataque a Madrid echa todo lo que tiene, pero se encuentra con una gente que le resiste. En las interpretaciones que apoyan la idea de una guerra de desgaste y represión, se olvida del Ejército Popular, que consigue rehacerse una y otra vez. Madrid fue una obsesión para Franco y Madrid se le resistió siempre', explica Jorge M. Reverte.

La idea de que Franco quería alargar la guerra la formuló Dionisio Ridruejo y luego la adoptaron historiadores como Paul Preston o Ángel Viñas. 'Pero es una teoría que no se sostiene sostiene el autor, porque está amparada por una ideología que describe a Franco como un asesino que quería matar más. Y Franco no necesitó guerra para seguir matando, porque lo hizo hasta el año 1943 de una manera sistemática y masiva'. No olvida que, aunque Franco prefiriese una batalla rápida, la idea de Mola era 'matar en pocas semanas a 100.000 personas'.

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