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Franz Ferdinand, una ametralladora de hits

Los escoceses se agarraron a sus éxitos. TV On The Radio subieron ayer el listón

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Si un emperador azteca hubiera levantado la cabeza para ver el concierto de Franz Ferdinand en el Festival deBenicàssim el sábado por la noche, no habría dudado en identificar a Alex Kapranos como el único y verdadero dios. Se preguntaría qué clase de embrujo utiliza el espigado cantante para lograr que 50.000 gargantas griten al unísono: ¡Take me out!. Algo nada fácil.

Kapranos es un estratega del pop. Montó Franz Ferdinand ya en la treintena y antes, como activista en la retaguardia de la escena musical de Glasgow, tuvo tiempo para reconocer los secretos del rock business. Por un lado, sabe venderse como un experto jefe de marketing; por el otro, domina todos los trucos para mantener a flote un concierto, especialmente cuando tienes un repertorio ajustado.

Franz Ferdinand cuenta con media docena de hits incontestables, pero 90 minutos de espectáculo se les quedan largos. No sólo por los tramos de relleno los diez minutos finales de verbena electrónica, alargados como un chicle kilométrico; también porque su lista de canciones adolece de excesiva linealidad.

Tirando de escuadra y cartabón, el cuarteto dosificó sus éxitos como si en lugar de dar un concierto estuvieran corriendo el decatlón. La tríada de hits inicial No you girls, Do you want to y This fire fue un cañonazo. Puso a botar a todo el público, incluso a cuatro arriesgados aficionados que se apretujaban sobre un contenedor en mitad de la masa. Pero los siguientes 20 minutos perdieron pulso y nervio.

Manipular a las masas

Kapranos, atento, desplegó su abanico de artimañas: incitó a corear la contagiosa Walk away, bailó en lo alto de su amplificador e incluso dedicó su mayor éxito, Take me out, a la hinchada nacional. En un ágil español (pero leyéndolo, claro), dijo: 'Esta canción es para todos los que no son turistas ingleses'. El griterío español fue más bien humilde.

En la recta final volvieron a tirar de su primer disco para tapar los agujeros del último. Michael y The Dark of the Matinée reavivaron la fiesta y entregaron exactamente lo que un festival pide: energía, diversión, actitud, baile y estribillos coreables.

El inicio de la jornada de ayer no defraudó. TV on the Radio montaron un circo de ritmos negros y atmósferas blancas que, por momentos y aunque parezca imposible, mejoró lo que hacen en sus discos. Soul bastardo trenzado con bases electrónicas, rocksureño manchado de ruido, todo interpretado con bajo, guitarra, batería, sintetizador y un saxo. Cuatro negros y dos blancos haciendo el gamberro (impresionante el momento en que David Sitek productor del disco de Scarlett Johanson atizaba su guitarra con una especie de sonajero sacando trallazos de ruido en Wolf like me).

A media tarde y a la misma hora, momento curioso: Catpeople, gallegos, cantando en inglés y emulando a Interpol; en el otro lado del recinto, Calexico, de Tucson, cantando en español y evocando a José Alfredo Jiménez. Estos últimos, con el sol en el horizonte y homenajeando a Manu Chao y Love, contagiaron al público la vibración de suindie-mariachi. Aunque parezcan canciones, Calexico hacen atmósferas, dibujos, incluso películas. Hondos y a la vez populares. Bastante.