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La frontera no quiere vientos de guerra

Paramilitares y guerrilleros se aprovechan de la tensión entre Caracas y Bogotá

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'¿Preparados para la guerra? Nada de eso. Colombia y Venezuela han convivido desde siempre. Yo lo único que quiero es que todo vuelva a la calma para seguir comprando la ropa en Cúcuta. Hay que arreglar el problemita; veremos si Lula puede convencer a Chávez y Uribe'. I. L., que vive de vender las preciadas prendas colombianas en Venezuela, no quiere decir su nombre. En una de las fronteras más calientes del planeta matan por mucho menos. Estamos en Ureña, pequeña ciudad venezolana fronteriza con la Cúcuta colombiana.

El primer día tras los nuevos vientos de guerra proclamados por Hugo Chávez transcurre entre la calma tensa y la expectación. Estos mismos vientos guerreros han barrido, para siempre, las canciones por la paz que aquí entonó el cantante Juanes hace meses.

'Eso es pura paja de Chávez. Uribe no le para bolas'. El camarero colombiano de una mínima cafetería del lado venezolano sirve y habla a la vez. Sostiene que Chávez habla mucho y que Uribe, ni caso. Eso sí, recita casi de carrerilla la proclama de Chávez en el Aló, presidente, que ha asustado al mundo.

'Prepararnos para la guerra (dirigido a los militares venezolanos) y ayudar al pueblo a prepararse para la guerra, porque es responsabilidad de todos', clamó el líder de la Revolución. Y si EEUU ataca a Venezuela a través de Colombia se iniciará 'la guerra de los 100 años, y esa guerra se extenderá por todo el continente', añadió Chávez en tono casi bíblico.

La Gobernación del Táchira no mantiene la misma calma. César Pérez Vivas, el gobernador opositor acusado por Chávez de ser paramilitar, se defendió ayer mismo: 'Chávez tiene delirios de guerra y sueña con ser el dueño de América del Sur, en vez de abocarse a garantizar la paz y la seguridad'.

Las casas y negocios pagan por tener protección de los paramilitares

Desde la esquina de la pequeña cafetería se divisa el lento avance de vehículos que cruzan el puente de un lado a otro. La presencia militar, tras la matanza de los futbolistas del Chururú y el asesinato de dos guardias nacionales, impide el habitual tráfico de personas y mercancías.

'Los bicicleteros y maleteros (encargados de pasar las mercancías de contrabando), están jodidos. La cosa no anda muy bonita. Tienen que aprovechar las trochas (caminos campestres) para pasar a Colombia, pero claro, no es lo mismo', señala Amancay, un joven artesano que durante meses ha pagado la famosa vacuna (impuesto revolucionario) a los paramilitares, 30 bolívares (11 euros al cambio oficial) al mes. 'Aquí todo el mundo paga, incluso algunas viviendas están cotizando entre 10 y 15 bolívares por semana. ¿Qué se obtiene? Protección. Los malandros (delincuentes) no se atreven a joderte. Y los que insisten, son eliminados', relata Amancay.

En el Táchira pareciera que las vacunas económicas son tan frecuentes como las médicas. En Tachi Express, una de las compañías de taxis más importantes de la región, cada uno de sus 89 conductores paga diez bolívares mensuales a los paras. Total, 890 bolívares (más de 300 euros). 'Y así casi todos; echa las cuentas', añade Amancay.

Las guerrillas se reparten los comercios y de vez en cuando se matan

Las facciones colombianas en guerra (las guerrillas de las FARC y el ELN, más los paramilitares) se han instalado en el Táchira, uniéndose a la local Fuerza Bolivariana de Liberación (FBL), otra guerrilla cercana al chavismo. Todas ellas conviven, se reparten los negocios y, de vez en cuando, se matan.

En esta frontera caliente, todo el mundo rechaza los vientos de guerra. Todos quieren que vuelva la calma. En Táchira, medio millón de personas vive del comercio entre dos países. Se juegan su sustento diario. En el Comercial Luckyman, abarrotado de cajas de galletas, mayonesas, refrescos de extraños nombres y otros víveres, un comerciante chino apura unas salchichas mientras espera que llegue su oportunidad ('un autobús que abrirá su portamaletas para introducir la mercancía, tras hablar previamente con los guardias nacionales, como siempre aquí', revela I. L.).

'Son las Fuerzas Armadas las que controlan el negocio de la gasolina y los alimentos', denuncia Alexis Balza, comisionado de la frontera. 'Y esto genera violencia, porque los grupos en lucha se reparten el territorio y se disputan los negocios con la Guardia Nacional Bolivariana'.

'Chávez tiene delirios de guerra', dice un líder opositor local

Violencia desatada, comercio paralizado y, de ración extra, la crisis energética y del agua. Táchira sufre desde hace un mes varios apagones diarios, que suman varias horas al día. Fábricas sin energía, hogares a oscuras, embotellamientos de tráfico y el desconsuelo de llegar a casa y encontrarse sin agua. La sequía, unida a errores en el mantenimiento del sistema nacional de transmisión, reconocidos por el propio Gobierno, ha puesto en entredicho los servicios del Gobierno bolivariano.

Un empresario español lleva varios años intentando vender su casa de Ureña. Tarea imposible. Nadie quiere comprar en la frontera maldita.