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"Si fuera blanco o rico, no habría estado en el corredor de la muerte"

Shujaa Graham necesitó cuatro juicios para demostrar su inocencia y ahora protagoniza un spot

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'Yo creía que conocía la cárcel, pero el corredor de la muerte era totalmente diferente. Allí tienes buenos y malos días, algunos quieres vivir y otros prefieres morir porque te cansas de sufrir. Cada jornada es larga y dolorosa y el futuro promete ser peor'. Shujaa Graham (1951, Louisiana, Estados Unidos) ingresó con 18 años en prisión, donde se integró en un movimiento contra el racismo que denunciaba las condiciones de los presos. 'Yo levanté la voz y me convertí en blanco de la institución', denuncia Graham, que fue culpado del asesinato de un guardia de prisiones ocurrido en 1973. Tres años después y tras dos juicios, fue sentenciado a muerte en la cárcel de San Quintín, y aún tuvo que afrontar dos juicios más para lograr su objetivo: ser declarado inocente.

Ahora Graham forma parte de la ONG Witness to Innocence, dedicada a abolir la pena de muerte, y protagoniza junto a otros tres exculpados el último anuncio de Aquarius, que le ha permitido recorrer el Camino de Santiago y contar su caso a través de la televisión.

'Ya no estoy enfadado, aunque sí lo estuve cuando salí de la cárcel'

Graham relata sus días en prisión con la voz calmada y sin poder evitar que las lágrimas inunden sus ojos. Sin embargo, no guarda rencor: 'Ya no estoy enfadado, aunque sí lo estuve cuando salí de la cárcel. Pero decidí renunciar a mi pasado, educarme continuamente, y tener presente el deseo de ser mejor persona y no volver a mis viejas formas de tratar los problemas'.

Reconoce que ha aprendido a perdonar, pero no olvida lo sucedido y no le tiembla la voz al apuntar que el motivo que le llevó a pasar tres años en el corredor de la muerte es que no hay justicia para los pobres. 'Sé que si yo fuera blanco o rico en Estados Unidos nunca habría estado en el corredor de la muerte. Pero soy negro y pobre, y no tuve la representación que necesitaba en mis primeros dos juicios', explicó ayer a Público, durante su visita a Madrid.

Tras ser liberado en 1981, Graham ha sufrido 'cada día' por su paso por San Quintín, y no duda en afirmar que si el día que fue detenido hubiera sabido cómo le iban a tratar, les hubiera obligado a matarle en ese mismo instante. 'A nosotros nos torturaron mucho antes de que ocurriera el 11 de septiembre. Lo experimentamos en los años sesenta y setenta y lo seguimos sufriendo hoy; lo que pasa es que ahora lo reconocen y esa es la tragedia'.

'La educación es la clave para acabar con la discriminación'

Por todo ello, Graham lucha no sólo contra la pena de muerte, sino contra cualquier manifestación de violencia, y para ello se apoya en la figura de Martin Luther King. ¿Pero cómo se puede lograr la abolición de la pena capital? 'La raíz está en una educación constante, que también es la clave para acabar con la discriminación racial', señala este hombre libre que no está en la calle gracias al sistema, sino a pesar de él. Esa lucha por la vida se percibe en su voz entrecortada, que apela al empeño colectivo para cambiar el sistema, y que reafirma su libertad: 'Sé quién soy, yo soy un superviviente del corredor de la muerte'.