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Fundación Tàpies abre temporada con la primera muestra en Europa de Maiolino

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La Fundación Tàpies arranca la temporada 2010-11 con la primera retrospectiva en Europa de la artista brasileña de origen italiano Anna Maria Maiolino, adscrita al movimiento neoconcreto.

La exposición, que hace un recorrido por sus 50 años de trayectoria artística tomando como eje sus dibujos, también muestra sus fotografías, películas, esculturas e instalaciones.

La retrospectiva, comisariada por Helena Tatay, presenta asimismo una serie de creaciones efímeras en barro que la artista ha concebido con motivo de esta ocasión y que ha estado llevando a cabo en las salas del museo durante los últimos días.

Esta instalación, titulada "Una vez más", se ha realizado, ha explicado Tatay, a partir de 6 toneladas de barro sin cocer, que "se irán deteriorando durante el transcurso de la exposición".

En la realización de estas esculturas efímeras, la artista ha contado con la colaboración de estudiantes de escultura de la Escuela Massana y de ceramistas profesionales.

Anna Maria Maiolino (Scalea, 1942) desarrolla su trabajo artístico a partir de "dicotomías" (dentro-fuera, positivo-negativo, ausencia-presencia), que concibe como elementos intrínsecamente relacionados entre los que debe establecerse forzosamente un movimiento o un tránsito.

Nacida en la región italiana de Calabria, Maiolino emigró con su familia a Venezuela y a los 18 años se trasladó a Brasil, donde vive, aunque durante las décadas de 1970 y 1980 residió algunos años en Nueva York y Buenos Aires.

Aquellos desplazamientos geográficos y la compleja experiencia de enfrentarse a contextos culturales, sociales y lingüísticos ajenos, se reflejan claramente en su trabajo, en el que se encuentra una preocupación recurrente por la identidad, el lenguaje y la construcción del sujeto.

"El trabajo en el arte me facilitó poder ubicar en el mundo mis sentimientos y transformar la falta en compensación mediante un constante proceso de elaboración de signos y metáforas", ha dicho la artista.

Aunque no formó parte del movimiento neoconcreto, que defendía la recuperación del cuerpo y la subjetividad en el arte y se alejaba de la abstracción geométrica, Maiolino participó durante los años 60 junto con Hélio Oiticica y Lygia Clark en algunas exposiciones y actividades de este movimiento.

Según la comisaria, la obra de Maiolino pone de manifiesto "una preocupación por el cuerpo y el lenguaje, entendidos como elementos moduladores de la subjetividad y de la dimensión social del individuo".

Se interesa por la relación entre lo que entra en el cuerpo y lo que sale de él, ejemplificada en la conexión entre alimento y excremento, que se puede ver en obras como sus primeras xilografías y relieves: la serie "Glu Glu Glu" (1966-67) y las dos acciones de 1978 "Monumento al hambre" y "Estado Escatológico".

También está presente en obras de los años 90 como las esculturas de bandejas con formas que tanto pueden evocar comida como excrementos -"Segmentada nº 1" y "Uno, ninguno, cien mil"-.

En el trabajo de Maiolino sobre el cuerpo también encontramos alusiones al mandato biológico de la reproducción, como en la fotografía de 1976 "Por un hilo", en la que aparece la artista sentada entre su madre y su hija, con un hilo que le sale de la boca y que va a parar a la de las otras dos mujeres.

En la misma línea se sitúa la recurrente presencia de la imagen del huevo en sus obras.

En otras obras se encuentran alusiones a la situación política de Brasil durante la dictadura militar (1964-1985), como en las cartografías afectivas de los "Mapas mentales", entre las que destaca "Alma Negra de América Latina" o en la 'performance' de 1981 "Entre vidas", en la que la artista caminaba descalza en una calle llena de huevos, en alusión a la mezcla de miedo y esperanza que había entonces en el país.

En sus trabajos "con papel" (y no en papel, como la artista reitera), Maiolino cose, rasga y recorta a menudo el material, y superpone varias capas, otorgando importancia al vacío, al hueco.

Satisfecha por el resultado de la exposición, que estará abierta hasta el 16 de enero próximo, Maiolino confiesa: "ahora necesito dos años sabáticos, por que el alma del artista se alimenta también de no hacer nada, de leer, de ver el trabajo de otros artistas".