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En la furgoneta, el lema es: "Que no panda el cúnico"

GECKO TURNER

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Mas allá de los aspectos musicales inherentes a la profesión, la convivencia de un grupo de ocho o nueve personas viajando en furgoneta o en avión durante días genera un anecdotario de lo más interesante. Básicamente, la cosa consiste en hacer unos cuantos cientos de kilómetros, parar a comer en algún sitio de carretera, volver a la furgoneta y seguir con la ruta, parar enseguida porque alguien se está meando, unas horas más de furgoneta, llegar a tiempo a la prueba de sonido, esperar otras cuantas horas, hacer el concierto, tomarse algo después para relajar e intentar no acostarse tarde, que al día siguiente hay que madrugar y volver a meterse una jartera de kilómetros entre pecho y espalda, como el día anterior.

Alguien de la tercera fila (en la parte de atrás de la furgo, la zona de los fumadores más recalcitrantes) comenta que hemos cogido un desvío equivocado en la última rotonda, y se corre la voz. El conductor no se da por aludido hasta que alguien le grita desde atrás: 'Vamos mal', y con frialdad apela al GPS, que emite órdenes con voz de Chiquito de la Calzada: '¡¡Gira a la derecha, pecadorrrr!!'. La furgoneta entera se descojona, la gente olvida la discusión por la ruta y se mete en una rueda de chistes que entretiene durante un rato.

Recuerdo un viaje desde Badajoz a Barcelona, en el que mi bajista 'de cabecera', Álvaro Fernández, Dr. Robelto, empezó a contarle chistes a un músico nuevo en la banda, y no paró hasta poco antes de llegar a Madrid. Tres horas de chistes... Allí recogimos al maestro Rubem Dantas, que venía como invitado especial. Subió a la furgo y se sentó junto a Álvaro, que sin perder un ápice de entusiasmo, se puso a contarle la misma ristra de chistes. Los demás nos mirábamos con estupefacción... Y no paró hasta Zaragoza.

También tenemos las típicas discusiones de: 'Vamos a parar aquí, no, vamos a parar un poco más adelante, que conozco un sitio dabuten... hostias, pues creí que estaba aquí... bueno, vamos a entrar en el primer sitio que veamos...'. O cuando vamos con retraso y ya no podemos parar, la gente se mosquea y se genera mala onda. En situaciones así recuerdo al genial guitarrista bahiano Edu Nascimento, un hombre con un extraordinario sentido del humor: '¡Que no panda el cúnico!', gritaba con su voz característica, y la gente se descojonaba irremediablemente. Sin ninguna duda, el sentido del humor es absolutamente necesario.

Lo de los viajes en avión también tiene lo suyo. Se viaja más rápido y te ahorras miles de kilómetros de carretera (o de barco), pero hay serias posibilidades de que se pierda algún instrumento, o de que aparezca después del concierto. En los dos últimos viajes a EEUU, dos de los músicos lo han sufrido. Las estadísticas de equipajes perdidos son vergonzosas, pero no parece que las compañías se den por aludidas. Por lo que se deduce que, en efecto, son unos sinvergüenzas.