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La furia de los jóvenes griegos, una señal de alarma para Europa

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Por Daniel Flynn

La ferocidad de los disturbios protagonizados por los frustrados jóvenes griegos ha conmocionado a muchos en toda Europa, pero sirve de advertencia a los políticos del continente, que debaten cómo hacer frente a la crisis económica mundial.

Los siete días de protestas, que han causado daños valorados en cientos de millones de euros en 10 ciudades griegas, fueron provocados por la muerte de un adolescente tiroteado por la policía el 6 de diciembre, pero reflejan el resentimiento causado por un elevado desempleo entre los jóvenes, los bajos salarios y unos deficientes servicios sociales.

Se han sucedido actos solidarios de protesta desde Moscú a Madrid, a veces organizados velozmente por Internet o mensajes de móvil, dado que la sensación de muchos jóvenes es que sus líderes ignoran sus frustraciones.

"Es hora de que escuchen a la gente. Gritamos 'miren el caos en el que estamos'", dijo Stella Nicolakakos, una maestra de 35 años.

Los economistas dicen que los políticos europeos, que están dando los toques finales a un plan de estímulo de 200.000 millones de euros en Bruselas, tienen que prepararse para más protestas de sus ciudadanos, que ven peligrar sus puestos de trabajo tras una década de crecimiento que creó expectativas de prosperidad.

"Casi toda Europa pensó que era inmune a la crisis y se han dado cuenta tarde de que no lo es", dijo Vanessa Rossi, investigadora de economía de Chatham House en Londres. "Las implicaciones para algunos países no son buenas, en términos de recesión y tensiones sociales".

En España, donde se prevé que la tasa de desempleo más elevada de la UE llegue al 20 por ciento a medida que se agrava la crisis, un banco y una comisaría fueron atacados por jóvenes en Madrid y Barcelona tras unos actos de protesta por el asesinato de Grecia.

En Roma y Copenhague, manifestantes de izquierdas apedrearon a la policía y dañaron comercios, mientras que en Moscú un grupo de jóvenes arrojó bombas incendiarias a la embajada griega.

En Francia, dos automóviles fueron incendiados el jueves frente al consulado griego en Burdeos. "Llega la Insurrección" y "Para apoyar los fuegos griegos", decían los graffiti cerca del incendio.

"SOBRECARGADOS, MAL PAGADOS, ENDEUDADOS"

Muchos de los factores subyacentes en los disturbios griegos son singulares, entre ellos la subcultura de anarquismo que florece en barrios como Exarchia, en Atenas, donde comenzaron los problemas. Los antecedentes de violencia policial también hicieron que las autoridades griegas temieran correr riesgos con una respuesta enérgica.

que subió al 7,4 por ciento en septiembre - está apenas debajo del promedio en la eurozona. El factor clave, sin embargo, es el desempleo entre los jóvenes, que es del 22 por ciento en la franja de 15-24 años, según la OCDE.

"Los jóvenes griegos, incluso los que tienen 35 años, componen una mayoría silenciosa de ciudadanos sobrecargados, mal pagados, endeudados e inseguros", dijo Generación 700 euros, un grupo que defiende al 56 por ciento de los griegos menores de 30 años que ganan esa cantidad mensual.

Son el equivalente de los "mileuristas" en España, la "generación praktikum" (interinos) en Alemania o la "generación precaria" de Francia.

Los jóvenes, forzados a menudo entrar en trabajos menores a pesar de una educación universitaria, utilizan Internet o los mensajes de móviles para organizar las protestas, según George Prevelakis, profesor de Geopolítica de la Universidad de la Sorbona.

"Muchos de estos chicos en Atenas, algunos adolescentes, no son anarquistas, simplemente imitan lo que ven en televisión o Internet. Eso puede pasar en cualquier sitio", afirmó.

"Toda Europa afronta una crisis de integración social", dijo Dimitris Keridis, profesor de política en la Universidad de Macedonia. "La sociedad europea se está fragmentando rápidamente".

Los gobiernos europeos tendrán más problemas si no convencen a los votantes de que se toman sus problemas sociales y económicos en serio y aprueban políticas que los afronten, dijo Rossi, de Chatham House.