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La furia de Saura contra el Guernica

Un volumen reúne los libelos con los que el pintor criticó el oportunismo político

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'Detesto imaginar qué hubiera opinado Picasso si hubiese sabido que el Guernica llegaría a España en un régimen monárquico, protegido por la Guardia Civil, siendo Calvo Sotelo presidente del Gobierno y un cura, director del Museo del Prado'.

El pintor Antonio Saura (1930-1998) cargó contra toda la parafernalia que rodeó el traslado del Guernica, en 1981, de Nueva York a Madrid.

El regreso del 'cartelón', como él lo llamaba, se produjo en un ambiente de incoherencias políticas que lo cabrearon hasta el punto de escribir un libelo machacante lleno de juicios como 'detesto', 'odio' y 'desprecio'.

Saura volvió sobre el Guernica en 1992, con motivo de su traslado del Prado al Reina Sofía, y en 1997, a raíz de la reivindicación del Gobierno vasco por incluir la obra en el Guggenheim de Bilbao. Los tres escritos se presentan ahora bajo un único volumen, Contra el Guernica (Ediciones La Central), prologado por Félix de Azúa y presentado hoy en el Reina Sofía.

Aunque el lienzo de Picasso sirva como marco, lo que Saura esboza en este libro es la utilización espectacular del arte por parte de la casta política. Una praxis que, según Azúa, 'es ya lo más común, lo cual no quiere decir que no siga siendo un fraude'.

La actualidad del texto reside, precisamente, en la generalización de que lo que Saura consideraba una práctica nefasta en democracia: el dirigismo cultural desde el Estado y el tratamiento de ciertas obras de arte como una estrategia de marketing de los museos.

Las dos primeras partes son una sátira retórica que no deben leerse al pie de la letra. Algunas de ellas son después contradichas en la tercera parte del libro, la única en la que el pintor deja de lanzar dardos a diestro y siniestro (a sí mismo, a otros artistas, políticos, críticos de arte, directores de museos, periodistas) y elabora un discurso argumentado.

Es ahí cuando más claro se muestra: se declara partidario de la marcha del Guernica al Reina Sofía y contrario al préstamo a la franquicia Guggenheim.

Veintiocho años después del primer texto de Saura, el arte contemporáneo está viciado. 'El nuestro es un arte dedicado a la bondad, la caridad, la solidaridad, la humanidad, el diálogo y demás placebos ideológicos que ocultan la terrorífica explotación y el crimen organizado que son los dueños del país.

El espacio del arte tiene exactamente las mismas leyes de desgobierno, corrupción, fracaso y despilfarro que el fútbol', denuncia Azúa.