Publicado: 01.05.2014 00:00 |Actualizado: 01.05.2014 00:00

La fusión sindical, en el horizonte

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El Primero de Mayo ha llegado este año en un delicado momento para los sindicatos. Con su popularidad en entredicho, consecuencia de los escándalos de los ERE fraudulentos en Andalucía -en los que están implicados CCOO y UGT- y de la presunta trama de las facturas falsas y el desvío de los fondos de formación que afecta a la federación andaluza de UGT.

Los casi seis millones de parados y la ristra de expedientes de regulación de empleo que cuelga de todas las regiones del país tampoco han contribuido a mejorar su imagen de cara a la opinión pública. Si en 2010 el Centro de Investigaciones Sociológicas arrojaba que más del 70% de la población tenía "poca" o "ninguna" confianza en las centrales sindicales, en 2013 los ciudadanos les pusieron una nota de 2,45 sobre 10, la tercera institución del Estado peor valorada tras los partidos políticos y el Gobierno.

A este descrédito ciudadano respecto a su papel como freno al deterioro del mercado de trabajo hay que añadir su desaparición, al menos en primera línea, de la movilización social. Las mareas ciudadanas fueron las que sacaron a la calle a cientos de miles de personas en 2013 contra los recortes y el deterioro de los servicios públicos, unas manifestaciones en las que los sindicatos participaron, aunque con ciertas desavenencias con las plataformas ciudadanas que las convocaban. Mucho más acusada fue su ausencia en la última gran movilización contra el paro y la precariedad, las Marchas de la Dignidad del pasado 22 de marzo, cuando cerca de un millón de personas llenó el centro de Madrid convocadas por los movimientos sociales y sindicatos alternativos como el SAT, CGT y otros aún más pequeños.

Los dos grandes sindicatos han captado parte del mensaje y, aunque se escudan en sus dos millones de afiliados y en el éxito de las eleccione sindicales en las empresas, se han sumido en un profundo proceso de renovación que reconstituya su imagen, le devuelva su protagonismo en la calle y su fuerza frente al Gobierno del PP y la patronal. En ese sentido, algunas voces resucitaron hace poco tiempo el viejo debate sobre si se hace necesaria una unión orgánica de los dos grandes sindicatos.

Toni Ferrer: "No hay nadie que no tenga la idea de la unión en la cabeza"

Fue un antiguo secretario general de la federación catalana de CCOO, Josep Luis López Bulla, quién volvió a poner sobre la mesa la vieja idea del histórico Marcelino Camacho durante la Transición. Lo hizo a través de un manifiesto en 2011 que contó con el apoyo de parte de las bases de ambos sindicatos, no tanto de las cúpulas. En 2012 la idea de un sindicato unitario volvía a resurgir, esta vez desde UGT. El secretario general de la federación catalana, Josep María Álvarez aseguraba en una entrevista en El País que la fusión no era "ciencia ficción".

Dos años después, Álvarez sigue defendiendo su postura. En declaraciones a Público, el sindicalista lo deja claro: "Lo continúo viendo igual. Donde hay un sindicato muy mayoritario las cosas mejoran y los ciudadanos se pueden defender mejor. En la medida en que sume y haga al sindicato una organización más democrática y con más participación en la toma de decisiones, la fusión es positiva". Aunque matiza que la hipotética unión no puede ser el resultado de las prisas ni consecuencia de la crisis actual del sindicalismo. "Creo que se dará más a medio o largo plazo, pero se dará", asegura, y advierte de que "a determinados poderes fácticos no les haría ninguna gracia" que se produjera.

Sin embargo, otros dirigentes de ambas organizaciones consultadas por Público aseguran que este asunto no se está debatiendo ni es una prioridad, ya que la unidad de acción es cada vez más fuerte, aunque tienen diferentes opiniones. Para Toni Ferrer, secretario de Acción Sindical de UGT, "entrar en este debate ahora sonaría a que estamos más preocupados por nuestras estructuras que por defender a los trabajadores", aunque es consciente de que "no hay nadie que no tenga la idea de la unión en la cabeza".

Desde CCOO, su secretario confederal de acción sindical de CCOO, Ramón Gorriz, se muestra más reservado y tajante: "No hemos considerado una unidad orgánica. Es una aspiración legítima del conjunto de los trabajadores, pero creo que ahora no se dan las condiciones para avanzar a una sola organización". "No está en nuestra agenda planteárnoslo, pero no tenemos una bola de cristal", afirma. Sin embargo, es consciente de los avances en la unidad de acción desde los años 80 y de que, con el tiempo, las diferencias entre ambas centrales "son mínimas en muchos aspectos", más allá de sus orígenes y de las formas de actuar en las empresas. La fusión, subraya Gorriz, se podría dar a medida que "se aminoren esas diferencias en la práctica". "La gente que esté en ese momento decidirá los pasos que se den", zanja el sindicalista.

Gorriz: "Ahora no se dan las condiciones para avanzar a una sola organización"

Pese a lo inapropiado del momento, José Javier Cubillo, secretario de organización y comunicación de UGT, es más optimista: "Lo último que haría sería descartarlo. Creo que cada vez que los sindicatos nos entendemos en un planteamiento o en una movilización, logramos mayor eficiencia. Cualquier planteamiento en ese sentido será bueno, pero ahora no estamos a este tema. Hay otras prioridades". Pero afirma que "ni los centros de trabajo ni el mundo laboral están lo bastante maduros como para el planteamiento de una fusión".

Según Salce Elvira, miembro de la Ejecutiva Confederal de CCOO hasta el último congreso del sindicato, "lo ideal sería una central unitaria -que no única- que reconozca en su seno distintas corrientes, con mucha pluralidad y mucha democracia interna", pero como el resto de consultados, ve más útil en el presente avanzar, no sólo en la unidad de acción, sino en fortalecer alianzas  con los movimientos sociales y con la gente que ha abandonado el sindicato.

Todos coinciden en los beneficios que la fusión acarrearía. En el plano económico, sumarían más de dos millones de afiliados, lo que facilitaría la independencia en la financiación de los sindicatos, cuyas subvenciones del Estado se han visto reducidas un 40% desde que gobierna el PP, además de otros recortes en liberados sindicales a nivel autonómico.

La fusión facilitaría la independecia de los sindicatos en cuanto a financiación

Por otra parte, una central de ese tamaño ejercería una mayor influencia en la toma de decisiones políticas y tendría mucho más peso a la hora de sentarse a negociar tanto con el Gobierno como con una gran empresa.

Josep María Álvarez pone como ejemplo el sindicalismo de los países nórdicos y del centro Europa, aunque su compañero de sindicato Toni Ferrer aprecia un cierto "mito de la gran central" y pone como ejemplo el caso de Portugal, en el que la central sindical unitaria acabó dividida un año después de su formación. "Si no son procesos lógicos y naturales respaldados por algo sólido, lo que puede pasar es que aparezcan tres o cuatro escisiones", advierte Ferrer, unas palabras casi literales a las de Gorriz y Elvira.

En cualquier caso, si el proceso se inicia "tendría que surgir de un debate propuesto por las propias bases y en el que los afiliados tendrían que tener la última palabra", explica Álvarez. Un proceso inclusivo en el que se limaran las diferencias de origen y que también debería incluir otros sectores. "El día que se camine hacia una central única tiene que ser algo más que la suma de CCOO y UGT", apunta Gorriz, con el que coinciden desde UGT.

Aunque aseguran que la unidad de acción ha dado y da grandes resultados, la idea general es que, a medida que se sigue coincidiendo en los planteamientos y en las propuestas, llegará el día en el que el debate tendrá que afrontarse. Algunos hablan de diez años, otros de 15 y otros prefieren no poner fecha porque "nunca hay que tener prisa en un proceso de esta envergadura" ni, añaden, puede ser la solución al difícil momento que atraviesan . Para Álvarez, "cada día que se da un paso eliminando diferencias ideológicas, de funcionamiento orgánico y de decisiones en convenios, a medida que se toman decisiones democráticamente, damos un paso hacia la unión".

El dirigente de UGT en Catalunya explica que hizo aquellas declaraciones "pensando en el congreso de UGT Catalunya". Ese titular "puso a las claras que no todo el mundo está al mismo nivel. Hay quien cree que eso no sumaría". Sin embargo también recibió felicitaciones tanto de militantes de UGT como de CCOO."Muchos vieron la utilidad que puede tener un sindicato más fuerte y con más recursos económicos", recalca, aunque reconoce que también le llovieron algunas críticas, sobre todo desde las estructuras de ambos sindicatos.