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G-20: Éxito desigual contra la crisis

Cien días después de la cumbre de Londres, el desarrollo de los acuerdos se ha cumplido parcialmente con luces y sombras

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Londres, 2 de abril de 2009. Los líderes del Grupo de los 20 (G-20), junto a los que estuvo España, firmaron una declaración en la que se comprometían a sentar las bases de un nuevo orden financiero internacional. Fue el primer acuerdo global del siglo XXI, un nuevo Breton Woods, dicen algunos, que pretendía movilizar en total más de un billón de dólares para luchar contra una crisis de dimensiones épicas.

Casi cien días después, el balance del cumplimiento de aquellos compromisos es desi-gual, aunque, en términos generales, la comunidad internacional se muestra públicamente satisfecha. A priori, un grupo tan heterogéneo de países (desde Argentina a Turquía o de Indonesia a España) con un espectro tan amplio de puntos a abordar (paraísos fiscales, estabilidad financiera, comercio) inspiraba poca confianza. 'Papel mojado', presagiaron muchos tras leer el acuerdo.

Sin embargo, varias materias recogidas en la cumbre se han cumplido con especial celeridad, como los paquetes de estímulo fiscal y otras están en camino, como la reforma de los sistemas financieros. Para el investigador principal de Economía del Real Instituto Elcano, Federico Steinberg, 'no se han cumplido compromisos muy concretos' de los sugeridos en la cumbre pero se ha logrado el objetivo de inspirar confianza para trazar el camino de la recuperación económica. 'El G-20 no va a arreglar la crisis, pero ha tomado el liderazgo político necesario', asegura.

La mayor parte de los expertos coinciden en que la principal virtud del G-20 ha sido sustituir al G-8 como foro de debate económico, más adecuado para en un mundo globalizado. Pero la prueba de fuego que le queda por delante al grupo es encontrar uno o dos países que a su vez lideren el foro para que continúe con el trabajo iniciado en Londres.

En abril, Reino Unido, personificado en la figura del primer ministro, Gordon Brown, llevó la batuta de la reunión y se convirtió en el artífice del éxito del encuentro. Sin embargo, tres meses después, Brown ha caído en una aguda crisis política que ha eclipsado por completo su papel internacional en la crisis.

La Europa continental, con Merkel y Sarkozy en órbitas de interés muy alejadas entre sí, tampoco ha sabido o querido tomar el relevo. En opinión de la directora de la sede berlinesa del Consejo Europeo de Relaciones Internacionales, Ulrike Guérot, 'Europa ha desaprovechado su momento de liderazgo internacional'.

Para esta experta, los países europeos han actuado 'por debajo de sus posibilidades' y a partir de ahora 'ya no se espera mucho más de ellos'.

Las diferencias reflejadas sobre la reforma del marco de supervisión financiera pusieron en evidencia los problemas de la UE, en su conjunto, para marcar un paso único frente al G-20. Aunque finalmente los países comunitarios alcanzaron un acuerdo, en algunos aspectos es menos ambicioso que lo propuesto en EEUU por la Administración Obama.

En cualquier caso, en Londres se sentaron las bases para reforzar el Consejo de Estabilidad Financiera, un órgano multilateral destinado a vigilar y coordinar las decisiones en materia de mercados de capitales. En la última reunión del Consejo, el pasado 26 de junio en Basilea, se hizo una revisión de los avances logrados desde Londres: se ha acelerado el trabajo del Consejo de reglas de Contabilidad Internacional, los banqueros centrales han elaborado una propuesta integrada de refuerzo de capital y medidas anticíclicas en las provisiones de los bancos, y también se ha avanzado en los sistemas para detectar los riesgos sistémicos.

También la Organización Internacional de Reguladores Bursátiles (Iosco) ha desarrollado una legislación homogénea sobre los fondos de inversión libre (hedge funds). El Consejo llevará a la próxima reunión del G-20 en Pittsburgh (EEUU) en septiembre la adaptación por parte de los países miembros de estas normas internacionales de regulación financiera.

Precisamente, la regulación de los mercados bursátiles es uno de los aspectos que los países del G-20 han resuelto de forma más desigual, también porque se partía de bases muy diferentes. Brasil, por ejemplo, ha puesto especial atención en las agencias de rating para poner bajo estricta vigilancia sus recomendaciones.

El origen financiero de la crisis ha allanado el camino a este tipo de reformas que el G-20 entendió como 'de medio plazo' y que se han tenido que simultanear con las más urgentes, en su mayoría en forma de estímulo fiscal.

La lectura de la utilización de estos paquetes de gasto público es doble. Por un lado, los países miembros han alcanzado el mínimo fijado en Londres de utilizar un 2% de su PIB en medidas de impulso económico y, de hecho, en la mayor parte de los casos se ha superado ampliamente esta cifra.

El caso de China, cuyo Gobierno ha destinado 586.000 millones de dólares para dinamizar la economía, es el que ha dado frutos con mayor rapidez. Sin embargo, en la mayoría de los países los resultados aún no son palpables y el desempleo sigue subiendo.

El secretario del área internacional de Comisiones Obreras, Javier Doz, recuerda que serán necesarios varios años para que el empleo se recupere de la crisis financiera. 'Es un reto para el G-20 en septiembre', afirma.

Doz cree que hay muchas medidas complementarias que aún no se han llevado a cabo y que han supuesto un freno a la recuperación.

El G-20 también ligó el gasto que los Estados se comprometían a realizar en este año a las denominadas 'estrategias de salida'. Es decir, que expliquen cómo van a regresar a la estabilidad presupuestaria y la reversibilidad de las medidas.

Las instituciones internacionales, como el BCE y el FMI, llevan semanas clamando por introducir estas salidas en las cuentas para el año próximo, pero la prolongación de la crisis hasta mediados de 2010 ha hecho que los países amplíen sus estímulos fiscales un ejercicio más, un asunto que también saldrá a relucir en la cumbre de Pittsburgh.