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El G-77 se rompe y atasca la cumbre

Los negociadores siguen discutiendo sobre el procedimiento y contenidos, a sólo un día de la llegada de 119 líderes mundiales. La ONU impide la entrada de 20.000 delegados de ONG

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La cumbre del clima de Copenhague vivió ayer otra jornada de caos, dentro y fuera del centro de convenciones, pese a la llegada de los primeros 119 líderes mundiales que, supuestamente, iban a desbloquear las negociaciones. Por la mañana, China, India y Brasil torpedearon el comienzo del tramo de discusiones de alto nivel ante los rumores de que la presidencia danesa de la conferencia había preparado por su cuenta, con la colaboración de un puñado de países escogidos, un borrador de acuerdo global para reducir las emisiones de CO2.

El primer ministro danés, Lars Løkke Rasmussen, asumió ayer la presidencia de la cumbre para acelerar las negociaciones, a falta de tres días para el final y sin ninguna cifra en la mesa sobre las cuestiones clave: el recorte de emisiones, el cheque climático para los países pobres y la forma legal del acuerdo.

En el G-77 hay países que quieren recortes, pero otros no los aceptan

Sin embargo, la llegada de Rasmussen atascó aún más la cumbre. Su plan era crear una vía paralela de negociación, en la que sólo participaran 25 países, para evitar el guirigay en el que se han convertido las sesiones con los delegados de las 192 naciones presentes en la conferencia. Pero los países emergentes rechazan estas charlas informales al margen de la mesa de negociación.

'Creo que lo que el mundo espera de nosotros es que alcancemos un acuerdo que afronte el cambio climático, no que estemos discutiendo constantemente sobre el procedimiento de discusión', se defendió Rassmussen.

El jefe de la delegación china, Su Wei, respondió en seguida al primer ministro danés: 'Creo que el asunto no es sólo el procedimiento, creo que hablamos de la sustancia. No se puede sacar de repente un nuevo texto de la chistera'.

Sólo 90 miembros de las ONG podrán acceder el último día al Bella Center

Fuentes de las negociaciones creen que esta situación está a punto de provocar una explosión en el G-77, el heterogéneo grupo de los 130 países más pobres del planeta. Dentro de este bloque se encuentran los países emergentes China, India y Brasil, interesados en prorrogar la vida del protocolo de Kioto, que no les obliga a reducir sus emisiones, y en descafeinar el nuevo protocolo de Copenhague, que les impondría un cambio de modelo de desarrollo.

Pero el G-77 también incluye más de 40 Estados insulares, algunos de los cuales podrían desaparecer del mapa si el calentamiento global se dispara y sube de manera significativa el nivel del mar. Y a los países africanos, que demandan un acuerdo urgente para cobrar cuanto antes el cheque climático. Y a Venezuela y Bolivia, con un discurso anticapitalista pero con interés en mantener su industria petrolera y gasística.

'Si no tienen nada que esconder, ¿por qué prohíben a los observadores?'

'El G-77 es una olla a presión y esto se traduce en miles de retrasos', explican fuentes de la delegación española. 'La cumbre de Copenhague puede ser el detonante que rompa el grupo, porque ya no es un bloque coherente', subrayan.

El G-77 se creó en 1964, cuando los 77 países más pobres del mundo decidieron unirse para ganar peso en Naciones Unidas. Ahora cuenta con 130 miembros, aunque mantiene el nombre oficial.

Al cierre de esta edición, la cumbre seguía discutiendo sobre cómo discutir. Rasmussen había convocado un plenario extraordinario para convencer a los díscolos dentro del G-77 de que acepten el sistema de charlas informales con sólo 25 países.

El nuevo presidente de la cumbre también se estrenó en medio de la indignación de las organizaciones no gubernamentales, a las que se prohibirá la entrada el último día, pese a contar con unos 20.000 observadores acreditados. Naciones Unidas sólo permitirá la entrada de unos 90 miembros de ONG y sindicatos en la jornada final, cuando los 119 líderes mundiales tengan que llegar, por fin, a un acuerdo. Ni siquiera un observador por cada país podrá acceder al recinto del Bella Center.

Las diez organizaciones españolas presentes en Copenhague denunciaron ayer que 'el Gobierno danés y Naciones Unidas, con la complicidad de los países presentes, pretenden convertir la cumbre en un búnker'. En una reunión con la ministra Elena Espinosa, que ayer aterrizó en la capital danesa, las ONG reclamaron al Gobierno español, como futuro presidente de turno de la UE, que garantice la participación social en el final de la cumbre.

'Si no tienen nada que esconder, ¿por qué prohíben la entrada de los observadores?', se preguntaba ayer Pablo Cotarelo, portavoz de Ecologistas en Acción. 'Ojalá de la cumbre salga una foto con líderes sonrientes, pero espero que tengan algo por lo que sonreír', añadió Mar Asunción, portavoz de WWF.