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Un galerista neoyorquino estafa 65 millones de euros

El fiscal del distrito de Nueva York imputa un centenar de cargos a Lawrence B. Salander por un fraude masivo que ha salpicado a Bank of America y a John McEnroe, entre otros. La sombra de Madoff se cierne ahora sobre el arte

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Probablemente Lawrence B. Salander coincidió en alguna fiesta benéfica o cena de gala con Bernard Madoff. Quizá se dieron la mano y cruzaron alguna palabra. Lo que es seguro es que ambos pasarán un buen tiempo entre rejas lejos del lujoso Upper East Side de Manhattan, por donde se movían rodeados de lujo. Y por el mismo motivo: estafar a sus clientes, muchos de ellos famosos y de ricas familias, gracias a su inmaculada reputación.

A Salander ya le han apodado el 'Madoff del arte', aunque más bien sería un aprendiz del famoso financiero. Este galerista de 59 años fue detenido el jueves en su mansión al norte de Nueva York acusado de haber robado 65 millones de euros (88 millones dólares) aunque podrían ser más de 100 millones a inversores, coleccionistas y artistas que depositaron en él no sólo su confianza, sino también su dinero y sus obras de arte.

Salander operaba desde su prestigiosa galería del Upper East Side, desde donde llegó a vender la misma pintura a tres personas distintas. A sus artistas e inversores les prometía jugosas ganancias.

El fiscal del distrito de Manhattan, Robert Morgenthau, le ha acusado de 100 cargos, relacionados en su mayoría con el fraude y la falsificación. El dealer (intermediario) habría estafado a 26 personas desde 1994, entre ellos, el tenista John McEnroe.

Los investigadores del caso retrataron a Salander como un 'maestro manipulador', que se servía de su prestigio para captar a nuevas víctimas, tras el parapeto de su lujosa galería de la calle 71, de cuyas paredes colgaban cuadros del padre fallecido en 1993 de Robert de Niro, con quien las autoridades ya se habrían puesto en contacto.

Uno de los modos de operar del estafador era, por ejemplo, decirle a un posible cliente que había comprado una obra de arte por 500.000 dólares y que tenía un comprador interesado en pagar un millón. A cambio de 250.000 dólares, ofrecía al inversor una participación del 50% en la propiedad de la obra, asegurándole que tras la fabulosa venta recibiría 500.000 dólares, es decir el doble de su aporte inicial, lo que no solía suceder.

En el caso de McEnroe, éste creyó que en octubre de 2003 estaba comprando una participación del 50% en dos pinturas del expresionista abstracto Arshile Gorky, por 2 millones de dólares. Poco más tarde, el tenista se enteró de que los cuadros estaban en manos de otro marchante y le preguntó a Salander. Este pudo salvar el enredo vendiéndole sólo una de las pinturas.

Pero en 2008, otro cliente de este Madoff a pequeña escala reclamó la propiedad de esa misma pintura, llamada Pirate II. Por si fuera poco, la trama va más allá porque Salander había presentado estas dos obras como garantía para un préstamo bancario por dos millones de dólares en el Bank of America, sabiendo que ninguna de ellas le pertenecía ni a él, ni parece quedar muy claro a quién.

El fiscal del distrito señaló que los Gorkys no son las únicas obras que vendió sin ser el dueño. 'Era una maestro vendiendo. La gente confiaba en él, y así, logró vender la misma obra a dos o tres personas. Cuando no podía pagar, siempre tenía alguna excusa', declaró el fiscal Morgenthau a The New York Times.

Salander llegó incluso a amenazar con demandar en los tribunales a algunos clientes y allegados que cuestionaban algunas de sus prácticas. Así fue ganando tiempo, esquivando las acusaciones y tapando agujeros.

A Salander le gustaba vivir a lo grande. Una de sus debilidades era viajar en avión privado, del que tenía uno en propiedad. Tampoco se olvida la fiesta de cumpleaños que hizo en el museo de la Frick Collection, a un paso de su segunda galería la de la calle 71, que le costó 60.000 dólares.

Cuando las cosas le empezaron a ir mal tampoco parecía demasiado preocupado o dispuesto a cambiar de estilo de vida. Algunos recuerdan que, mientras se gastaba medio millón de dólares en joyas en Sothebys, le decía a sus clientes que no les podía pagar el dinero que les había prometido por vender sus pinturas.

Hace 16 meses tocó fondo y se declaró en bancarrota. Las demandas habían empezado a acumularse en su contra, al mismo tiempo que las deudas ya no eran agujeros que pudiera tapar. Un mes antes había cerrado su galería. Según los investigadores, Salander y su familia vivían actualmente con los 25.000 dólares que les pasaba cada mes un benefactor, que tenía pensado comprar su mansión en Millbrook, al norte de Nueva York, por 5.1 millones de dólares y dejarles seguir viviendo allí.

El jueves entró en la sala del juzgado esposado y sin afeitar. Su esposa Julie y uno de sus hijos estaban presentes. Él se declaró no culpable. El magistrado le impuso una fianza de un millón de dólares y fijó dos condiciones en caso de que la pagara: la retirada del pasaporte y la prohibición de salir del estado de Nueva York.

Durante la vista, la ayudante del fiscal le atacó sin tregua. 'Durante una década mintió y robó millones a la gente que había confiado en él'. Entre sus víctimas figuran, según la acusación, Renaissance Art Investors, una empresa especializada en inversiones en el sector que le confió 42 millones de dólares, y los herederos del pintor Stuart Davis, que perdieron 6.7 millones, y que habían sido clientes suyos desde hacía años.

Lo que muchos se preguntan es cómo se ha tardado tanto en descubrir la trama. Quizá Bernard Madoff tenga alguna pista.