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Galliano propone en la colección Dior una mujer optimista y audaz para el 2009

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"Optimista", "elegante", por supuesto, y "moderna", así fue siempre la mujer Dior el siglo pasado y promete serlo en el siglo XXI, por arte y magia de John Galliano, quien volvió a conquistar hoy París con su colección Prêt-à-Porter para la próxima temporada invernal.

En busca de una exquisita "incandescencia" para cada modelo, todos absolutamente llevables, sin fantasías imposibles, Galliano fue a buscar los códigos claves de finales de los años 60, adaptados a los gustos más exigentes de la mujer actual, que será, desde luego, amante del lujo y la opulencia.

Por ello, además de las voluminosas melenas cardadas vistas hoy en los jardines de las Tullerías, los zapatos de tacón muy alto y grueso, con espejos laterales incrustados; y los sombreros con alas de espíritu vaquero, a menudo en piel, de avestruz o de cocodrilo; serán algunas características fundamentales del Dior invernal 2009.

Cuando los haya, sombreros y guantes estarán a juego con el conjunto monocolor muy vivo que acompañen, al igual que el bolso.

Cambio el tercio aquí también, éste será de tamaño consistente, sin exagerar, pero en todo caso, sobre la pasarela, no hubo espacio para los pequeños modelos, en beneficio de un nuevo "icono", el "61".

En cuanto al conjunto en sí, monocolor, nunca pantalón, será un traje de chaqueta, corta o hasta las caderas, recta o entallada, con mangas hasta el antebrazo, rectas o trapecio, a veces hasta la muñeca.

La falda llegará hasta las rodillas o quedará por encima de ella. Nada de minis, pero sí volúmenes abullonados, para ciertas ocasiones.

Lana, seda, cuero y piel de serpiente pitón se teñirán en todo momento de colores muy vivos: fucsia, verde esmeralda, turquesa, limón, rojo o violeta; aunque también de blanco, y de negro, algunas veces mezclados sobre tejidos pata de gallo.

Estampados hubo muy pocos, levemente psicodélicos, por aquello de la elegancia infalible, para vestidos sin mangas, rectos, cortos, sujetos con un cinturón plateado; largos y realzados con bordados y volúmenes asimétricos para las noches de gala.

Entonces, la serena construcción geométrica dejará espacio a efectos asimétricos y largos abrigos de piel, blancos, negros o en jacquard crudo y plateado con los puños bordados.

La inevitable conquista perpetrada de nuevo por Galliano -en once años nunca falló a su público- tuvo lugar en la carpa que gusta ocupar en estas ocasiones junto a la plaza de la Concordia, muy cerca del Museo del Louvre, donde tiene su cuartel general la semana de colecciones de París.

Un espacio muy diferente al lejano Polo del bosque de Boulogne, donde el modisto presenta su alta costura Dior, aunque el espíritu del lujo máximo dominó todo el desfile.

El resultado fue una idea de mujer envidiable y poderosa, dulce, audaz y segura de sí misma a la vez, que algunos invitados situaron de inmediato a medio camino entre el estilo Jackie Kennedy, Barbie y la británica Amy Winehouse, ésta última por compartir visiblemente con Galliano su interés indumentario por los años 60, incluido el gran cardado capilar.

Un portavoz de Dior desmintió a Efe que el maestro se haya inspirado en la talentosa cantante heroinómana, pero Galliano abrió y cerró su desfile con "Miss Robinson", de Simon y Carfunkel, tema que en 1967 ilustró el papel de la tentadora y alcohólica "Señora Robinson", en "El Graduado", del también irreverente director Mike Nichols.

Quizás Galliano, artista que hace unos años causó sensación en Dior con una colección inspirada en los harapos, optó aquí por elevar al plano musical, cinematográfico y metafórico la rebelde genialidad de quien no puede evitar ir mucho más allá.