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Gamoneda convierte el "sufrimiento" de la poesía en "una forma de placer"

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Antonio Gamoneda consideró hoy que uno de los "misterios" de la poesía es que aunque de forma mayoritaria está fundamentada en el sufrimiento y la conciencia mortal, milagrosamente acaba convertida en una "forma de placer".

En su disertación sobre la poesía, en una conferencia extraordinaria pronunciada en los cursos de verano de la Universidad Complutense en El Escorial, el poeta ovetense confesó ante una sala repleta de público que desconoce por qué la poesía puede transformarse en una fuente de placer si surge del sufrimiento, y precisó: "esto no es una salvación existencial, pero lo parece".

Gamoneda, Premio Cervantes en 2006, se mostró convencido de que el poeta no tiene un proyecto previo de su obra, que se produce -dijo- "por una pulsión imprevista, la aparición de unas palabras cargadas de una conducción rítmica del lenguaje interior".

"La poesía, a mi humilde entender, no procede necesariamente del razonamiento, sino de intuiciones verbales que se manifiestan al hilo de una conducta musical inherente al desarrollo de un poema", sentenció.

Para el autor de "Descripción de la mentira", "Edad" o "Arden las pérdidas", la poesía es esencialmente pensamiento y lenguaje "subversivos", al derrocar la significación de la palabra académica y convencional.

Pero el poeta va más allá, al expresar su convicción de que este pensamiento reflexivo tiene su raíz en lo desconocido, aunque sea creador de algún tipo de conocimiento, lo que le lleva a considerar la poesía como un "acto de creación".

Gamoneda, en su disertación sobre "Poesía y poética", subrayó que la poesía puede intensificar nuestra conciencia, "pero directamente no nos sirve para cambiar el mundo".

Coincidió con la reflexión de Federico García Lorca de que la poesía se hace sentir "cuando se da en nosotros la percepción de que dos o más palabras están juntas por primera vez", lo que lleva necesariamente -en su opinión- a nombrar algo "que no existía, que no había sido nombrado nunca".

Quiso citar también en su discurso al poeta "mayoritariamente y tontamente olvidado" Juan Larrea, y su frase "he aquí el mar, alzado en un abrir y cerrar de ojos de pastor", una línea que -dijo- "no encuentra acomodo razonable en el pensamiento discursivo, pero es causa de una presencia intelectual hasta ahora inexistente y desconocida".

El poeta, hijo adoptivo de León por ser ésta la tierra en la que se crió, se mostró convencido de que la poesía es un lenguaje aprendido "cuando el mundo era sagrado", y aunque hoy el mundo ya no sea sagrado "permanece el lenguaje aprendido con una entidad necesariamente poética".

A su entender, el hecho de que la poesía sea una cosa "minoritaria" ha llevado a que los científicos no se hayan ocupado en averiguar si puede existir una zona del cerebro en algunos humanos en la que el pensamiento "se suceda a sí mismo".

"Creo que existe una conexión entre la primera palabra del homínido capaz de la fonación articulada y las dos palabras que aparecen juntas por primera vez", aseguró el escritor, para quien la poesía "nos lleva a nuestros orígenes, a cierta capacidad de creación y revelación".

Con una gran carga irónica, Gamoneda pidió a los presentes perdón "por no haber tenido tiempo de hacer más breve mi intervención", aunque advirtió de que la poesía "también puede ser el arte de la desobediencia", y quiso dar "señales en mí de una mínima obediencia" (al ruego del director del curso de no sobrepasar el tiempo en exceso), al acabar su discurso recitando tan sólo unos breves poemas.

Entre ellos, el emotivo poema dedicado a un amigo iraquí a quien las torturas del régimen de Hussein le provocaron una epilepsia de origen traumático, fallecido hace tres años en Nueva York, y a quien el poeta definió como "un árabe perfecto: te engañaba por la mañana y te daba su corazón por la tarde; para mí era mucho".