Público
Público

El ganador del Premio Ciudad de Salamanca se estrena en la novela como escritor vocacional

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

El etnógrafo zamorano Luis Díaz González obtuvo el pasado lunes el XIV Premio de Novela Ciudad de Salamanca por "Los últimos paganos", su primera novela, aunque ha desvelado en una entrevista con la agencia Efe que "hace tiempo" que tiene claro que es "un escritor vocacional" al que no le gustan las poses del oficio.

Díaz González (Zamora, 1951) se ha mostrado "inmensamente satisfecho" por el veredicto del jurado, "porque supone un espaldarazo muy importante para una primera novela, es una de las cosas que más me han alegrado en mi vida".

El etnógrafo y antropólogo zamorano ha explicado que nunca le han atraído mucho los premios y los que ha recibido "han ido surgiendo, normalmente" por su trayectoria, pero no se ha presentado "a casi nada antes de este", que le hacía "especial ilusión" porque vivió un tiempo en Salamanca, donde fue profesor.

Aunque ya tiene en marcha otra novela, Luis Díaz González ha observado que no le interesa "ir de escritor profesional por la vida, la pose que se ha generalizado, estar pendiente de ventas y editoriales, no tener angustias ni envidias que hoy tienen muchos escritores".

"Los antropólogos lo que hacemos, principalmente, es escribir, así que siempre he sabido que era cuestión de tiempo que consiguiese terminar una novela, y no lo he hecho antes porque no he tenido prisa", ha ironizado.

"Los últimos paganos" está ambientada en una villa romana similar a la de Almenara, cerca de Coca, "una zona que es muy especial para mi, porque allí he estado muchas veces, antes de que se haya adecentado, para escuchar qué decían las piedras, porque es una época que me interesa mucho", ha señalado Díaz González.

En la novela, uno de los protagonistas, Antonio, narra durante una noche en vela, en la que espera la llegada de los bárbaros que cercan la villa, la vida de aquellos paganos tardíos de provincias "que habían reproducido una Roma que ya no existía y adoraban a sus dioses domésticos como si el cristianismo no fuera, desde hacía bastantes años, la nueva religión del Imperio".

El etnógrafo y ahora novelista ha comentado que la época en la que se ambienta la novela, siempre "le ha resultado muy interesante, pero escribir sobre ella suponía un gran reciclaje", porque está "especializado en cultura contemporánea".

Durante la fase en la que acumuló documentación sobre estas villas, Luis Díaz González decidió descartar la escritura de un libro de ensayo para decantarse por la novela "y envolver la historia en una ficción, un mito".

"Aquella experiencia es muy próxima a la que vivimos ahora, como un sistema de globalización, el mundo en el que vivimos, se puede derrumbar en cualquier momento como ocurrió en el siglo V", ha sostenido el autor.

Luis Díaz González presentó la novela bajo el pseudónimo de "viejo lobo marsupial", del que el presidente del jurado, Luis Alberto De Cuenca, dijo que responde "a una persona que mira al mundo con desconfianza".

Sin embargo, el autor ha reconocido que no le gustó mucho esa observación ya que no mira "al mundo con desconfianza sino con escepticismo" y espera "no perder nunca la lucidez", porque es "muy rebelde". "Mi madre siempre decía que era el indómito de la familia", ha recordado entre risas.

Habrá que esperar hasta junio para leer "Los últimos paganos", cuando Luis Díaz González reciba el galardón dotado con 30.000 euros y cuando, según explica el autor, puede que ya esté publicada la novela, cuya edición está vinculada al IV Premio de Novela Ciudad de Salamanca.

Mientras tanto, el etnógrafo y antropólogo continúa con el proyecto "De acá y de allá", del que acaba de editar el quinto volumen de "la mayor colección de cuentos populares que hay en castellano".

Como presidente de la asociación de antropólogos de Castilla y León, Díaz González está preparando el Congreso nacional de antropología que se celebrará en León en 2011 y continúa investigando y escribiendo sobre la cultura popular y las tradiciones de su tierra.