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Ganadores y páramos: el legado económico del Muro

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Por Paul Carrel

El empresario Ulrich Weitz se inclina hacia delante y dibuja un gráfico que muestra cómo la facturación de su compañía se ha multiplicado por 10 en los últimos 15 años.

"Acabaremos este año con beneficios", dice en su oficina, en la histórica ciudad de Weimar, en el este de Alemania, donde tiene una foto que evoca la caída del Muro de Berlín.

una dentro del grupo de compañías tecnológicas en el este cuyo crecimiento desde la reunificación en 1990 ha ayudado a que la región reduzca la distancia con el oeste.

Veinte años después de la caída del Muro, parte de la economía oriental se ha desprendido del lastre del pasado comunista, gracias al billón de euros otorgado en transferencias públicas desde la parte occidental que ha contribuido a llevar a cabo una reestructuración completa.

La productividad casi se ha duplicado desde 1991 y la producción per cápita alcanzó el año pasado un 69 por ciento del nivel de Alemania occidental, desde el 33 por ciento que representaba en 1991.

Pero los cambios han tenido un precio. Mientras que la República Democrática Alemana (RDA) se jactaba de conseguir el pleno empleo, vastas franjas del este sufren altas tasas de desempleo persistentes, de un 11,8 por ciento. En el oeste son del 6,6 por ciento.

Muchas de las fábricas contaminantes del sur, tan adoradas por los propagandistas comunistas, han cerrado. El aire es más limpio pero los trabajos tradicionales se han evaporado para siempre.

Muchos jóvenes están abandonando la región, lo que implica que las compañías afrontarán una escasez de mano de obra cualificada en los próximos años. La población del este ha descendido en unos dos millones de personas desde 1990.

"Hay paisajes florecientes y hay muchos páramos", dijo Udo Ludwig, experto sobre el Este en el grupo de expertos IWH.

El Gobierno pretende que los estados del este se equilibren con los estados más pobres del oeste para finales de 2019, cuando finalice el "Pacto de Solidaridad", el paquete de ayuda especial.

Sólo en el periodo 2006-2008, los estados del este recibieron 45.000 millones en subsidios para la inversión en economía e infraestructuras.

LOS SUBSIDIOS DAN SUS FRUTOS

El este está encontrando sus cimientos. En un informe titulado "East On The Up", economistas del Deutsche Bank dijeron que se prevé que la región sufra menos la recesión mundial que el oeste ya que está menos industrializado y depende menos de las exportaciones.

Ninguna de las empresas del índice DAX tiene su sede en el este.

"La economía de Alemania del Este ya no tiene una dependencia dominante de (las ayudas) de desarrollo económico, pero en su lugar está apoyada por pequeñas y medianas empresas cada vez más independientes, y unas pocas islas de gran producción industrial", añadieron.

Muchas de estas exitosas empresas del este han evolucionado desde las empresas que existían en la RDA. En Jena, Jenoptik, el grupo de ingeniería de alta tecnología que cotiza en bolsa, evolucionó desde el conglomerado VEB Zeiss Jena.

En Weimar, 20 trabajadores del ex instituto de investigación de la RDA se asociaron con el grupo de ingeniería multinacional de Alemania Occidental Glatt en 1991 y fundaron Glatt Ingenieurtechnik, que ahora tiene 120 empleados. El acuerdo dio a los científicos nuevas oportunidades.

"El mundo de repente se abrió para nosotros", recuerda Karlheinz Ruempler, ahora director de desarrollo de negocio de la firma.

Weitz compró su firma, IBU-tec, un fabricante de materiales de alta tecnología, en 2001 cuando estaba prácticamente en bancarrota después de que el Estado cortara los subsidios de los que había dependido durante una década. Dio la vuelta a la compañía, aunque atribuye a esos subsidios parte del éxito de la empresa.

"Aún recurrimos a cosas hoy que fueron generadas entonces", dijo.

Uno de los grandes retos que Weitz ha afrontado a la hora de montar su negocio ha sido reclutar trabajadores altamente cualificados que necesita para trabajar en áreas como la nanotecnología, por lo que ha tenido que llevar personas procedentes de Alemania occidental.

"No creo que puedas transformarla en una compañía tecnológica sólo con trabajadores de Alemania oriental", dijo Weitz, que nació en Weimar pero que creció en el extranjero al ser hijo de un diplomático, antes de estudiar en Berlín Occidental.

Tanto Weimar como Jena están en Turingia, el estado del este alemán con la menor tasa de paro, el 10,1 por ciento. En Berlín, alcanza el 13,6.

Las malas perspectivas para muchos jóvenes en ciudades orientales con menos éxito implica que abandonarán la región.

"Cada año, alrededor del uno por ciento de la población entre 18 y 29 años desaparece", dijo Harald Uhlig, profesor de economía de la Universidad de Chicago.

El economista del IWH, Udo Ludwig, dijo que la clave del futuro de Alemania del Este pasa por educar a los jóvenes.

Los economistas del Deutsche Bank estuvieron de acuerdo, al indicar en su informe que los estados del este tienen que ayudar a los jóvenes a encontrar trabajo.

El principal reto de la región a medio plazo es la despoblación por el descontento con la vida en el este, escribieron, añadiendo: "Ciudadanos descontentos no son buenos para el desarrollo económico".