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El Gandhi del Pirineo

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Si alguien duda aún de la reencarnación, estos días tiene en Huesca una oportunidad de oro para despejarlas por completo. Sólo tiene que pasarse por la Audiencia Provincial y entrar como público en el juicio que se sigue por el asesinato del alcalde de Fago.

Allí, en el banquillo de los acusados verá a un hombre no muy alto, de piel blanda y carrillos sonrojados que, a la vista de lo que declaró ayer el juicio, se ha propuesto, no sólo emular al gran pacifista que fue Gandhi, sino también intentar arrebatar en el último segundo el Nobel de la paz a Barack Obama.

Se trata de Santiago Mainar, un guarda forestal que a falta de los humildes ropajes del apóstol indio de la no violencia y de los trajes impecables del todopoderoso presidente de EEUU, se conforma con una camisa blanca y una chaqueta, aderezado con unos brillantes grilletes policiales que no le dejan separar las manos cuando habla.

Este último detalle no ha impedido a Mainar, único acusado de la muerte de la máxima autoridad de la pequeña localidad oscense, Miguel Grima, dibujar de si una imagen de hombre abnegado capaz de poner una y otra vez la mejilla antes que empuñar una escopeta de postas del calibre 12 contra el que ha descrito como un 'tirano' que hacía 'un ejercicio abyecto del poder', además de ser un 'ecologista de salón', 'arbitrario' y 'prevaricador'.

Mainar ha dibujado de si una imagen de hombre abnegado capaz de poner una y otra vez la mejilla antes que empuñar una escopeta de postas

Y es que, según ha insistido el guarda forestal metido a gran pacificador del Pirineo, las 'fechorías' del difundo alcalde le 'indignaban', pero 'no me enfadaban'. Un abogado de la acusación, tras escuchar la larga relación de supuestas provocaciones que el acusado aseguraba haber recibido de la víctima, no ha tenido más remedio que preguntarle si llegó a odiar a ésta: 'Lo compadezco, pero no lo odio', ha dicho tan tranquilamente. Y sin darle a la rueca hindú.

El sacrificio de Mainar no ha quedado ahí. Triste porque veía que la Guardia Civil no conseguía encontrar al autor del asesinato y preocupado porque notaba que sus vecinos estaban 'sometidos' a la presión de los agentes y de los medios de comunicación, el guarda forestal decidió dar un paso adelante y autoinculparse del asesinato. Para ello, no dudó en crear un 'guión' con lo que había oído a periodistas, vecinos, 'literatos' y curiosos, 'novelarlo' con las 'indicaciones' de la Guardia Civil y reconocer que él fue quien apretó el gatillo para 'provocar mi detención'. Dice que eso es 'altruismo' y ante la falta de ejemplares de ejemplares de Diccionarios de la Real Academia en la sala, solícito ha explicado que es 'una variante de la compasión'.

Y como un buen 'altruista' no es un chivato, Mainar se ha negado a dar los nombres de las personas que le dieron los datos que incluyó en su declaración para hacerla 'verosímil' y que, por esas cosas del secreto del sumario que había entonces, no las debía conocer nadie salvo la juez, los investigadores y el autor del crimen. Ahí, más que de Gandhi, ha echado mano de Stieg Larsson y ha reconocido que los detalles que daban era de 'sentido común' para alguien como él, 'de un nivel intelectual normal y acostumbrado a las novelas policiacas'.

Mainar ha venido a decir que tiene más paciencia que el Santo Job y Mariano Rajoy juntos tras detallar como el alcalde le provocaba aparcando su coche delante de su garaje o negándole la licencia para abrir una casa rural para luego la víctima abrir la suya. Ante todos estas 'arbitrariedades', él no dijo ni mú, que para eso ya estaban sus vacas. 'Yo soy de ese temperamento'. Que tomen nota los que aún busca a la reencarnación de Gandhi.