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Garzón, hacia el Nobel gracias a Saramago

El magistrado presentó ayer la biografía del autor portugués 

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¿Será Saramago quien abra la puerta al primer Nobel de la Paz español? En su mesa de trabajo huérfana, el escritor dejó intacta la carta con la que la Academia sueca invita al restringido club de los ya galardonados a proponer a nuevos candidatos. Una misión seria, de responsabilidad, pero que, seguro, requiere ser lo suficientemente soñador como para imaginar cómo podría ser el mundo si fuese mejor.

Ayer, la Fundación César Manrique de Lanzarote registró un inusual lleno. 'Gracias, José', se leía en las fotos de las paredes, con claveles rojos, símbolo de la tranquila revolución portuguesa. El acto de presentación de La Consistencia de los sueños, la biografía de José Saramago, realizada por Fernando Gómez Aguilera fue, antes que nada, el primer gran homenaje en España tras la muerte del escritor. Un rendirse a los pies de quien dijo que, si pudiese inaugurar una nueva internacional, sería la internacional de la bondad.

El escritor dejó una carta a la Academia sueca con la candidatura del juez

También fue otra muestra pública de apoyo de la Fundación Saramago a Baltasar Garzón, suspendido de sus funciones en la Audiencia Nacional. Pilar del Río, viuda del escritor, anunció ayer que la institución que encabeza propondrá al magistrado al Premio Nobel de la Paz. 'Es lo que Saramago hubiese hecho si no se lo hubiera llevado la muerte. Pondremos en marcha el proceso antes de que acabe esta semana, y esperamos hacerlo acompañados'.

El propio Garzón, presente en el acto junto a Gómez Aguilera y del Río, repasó las coincidencias que le aunaron con el escritor portugués: 'Detestaba la impunidad que aún reina en muchos lugares del mundo, algunos muy cercanos, y alertaba contra el fascismo oculto en nuevas tendencias pseudodemocráticas'. Como dos caras de un mismo humanismo, el juez fue detallando las causas en las que ambos se encontraron, desde la oposición a la guerra de Irak hasta la reciente inhabilitación de Garzón.

Saramago también se preocupó públicamente por la especulación destructiva que se ha hecho endémica en la isla de Lanzarote. 'Invito a los conejeros a que luchen para que Lanzarote no se convierta en una nueva Marbella', reivindicaba hace tres años, convaleciente todavía de una neumonía, durante la inauguración de la sala que lleva su nombre en la Fundación César Manrique. Allí permanecen hoy el escritorio, las antiguas gafas y la primera máquina de escribir del autor.

«Esperamos estar acompañados en esto», dijo ayer Pilar del Río

La conexión

El mismo día que Garzón lograba la detención de Pinochet en Londres, Saramago aparecía por sorpresa junto a Fidel Castro, en un polideportivo a las afueras de Oporto, durante la celebración de un concierto de apoyo a la revolución cubana que súbitamente se transformó en fiesta por la justicia, que había estado ciega, pero acababa de recuperar la visión. Eso ocurrió al poco de recibir el Nobel, en 1998, y tuvo un efecto de repique que acercó, ante la opinión general, las imágenes del magistrado y el escritor como muestra de una intelectualidad comprometida con las víctimas de las injusticias a lo ancho del mundo. Fue el mismo año que Garzón leyó por primera vez un libro de Saramago. Y hasta ahora. 'Lo tuve por un buen hombre, un amigo', recordó el juez de quien compartió sus lágrimas al ser inhabilitado, y que ahora le pasa el testigo.