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La ‘Generación Polígono’ lucha contra su fracaso

La crisis económica se ha cebado con los jóvenes sin formación. Muchos han vuelto a la escuela para sacarse un título 

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Ocho de la mañana en la cola del paro de la localidad madrileña de Arganda del Rey (47.000 vecinos). Laura, de 19 años, espera a que abran las puertas agarrada a una carpeta. Trabajaba en una empresa y acaba de quedarse sin trabajo. No llegó a terminar la Formación Profesional. 'Mi jefe me dijo: ya no puedes seguir trabajando aquí'. Y Laura se fue.

También se ha quedado en paro un amigo suyo que trabajaba en un concesionario de coches y otro que despachaba en una tienda. A su lado, espera su turno Rocío: 'Trabajaba como cajera en Alcampo y me han despedido'. Sólo tiene estudios básicos. Su padre, que la acompaña, no deja de quejarse: de la cola, del Gobierno, de la crisis.A las once de la mañana, apenas hay movimiento en el polígono industrial del municipio.

Óscar Martínez barre su taller de neumáticos. 'Antes éramos cuatro trabajadores y nos hemos quedado dos', explica. Ese día están él y una empleada rumana que no tiene nada que hacer. No hay clientes. El sueldo de Óscar también ha menguado y ha tenido que regresar a casa de sus padres. No tiene la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y, ahora, con la crisis económica, le ha visto las orejas al lobo: 'Está la cosa mal, y yo sin estudios...'.

A mediodía, un grupo de alumnos de la escuela de adultos de Arganda comenta a la salida cómo les ha salido un examen. Hay gente mayor pero también adolescentes. Muchos de ellos se han quedado en paro y han regresado a las aulas para intentarsacarse un título.

La crisis económica se está cebando especialmente con los jóvenes que, en su momento, dejaron los estudios por un trabajo y dinero fácil. La historia se repite en el relato de chicos y chicas de la escuela de adultos y del polígono, como como Gema ('dejé el instituto por la tontería'); Silvia ('dejé las clases por un curso de estética y luego me pagaban una mierda...'), o como la de Omar ('me salí porque no me gustaba estudiar').

La industria

El porcentaje de parados menores de 25 años subió en noviembre pasado un 58,06% respecto al mismo mes del año anterior. La cifra baja hasta un 40, 70% si se tienen en cuenta a los mayores de 25 años. Esta generación de jóvenes, muy vinculada al trabajo en los polígonos industriales, es la que engrosa el 31% de fracaso escolar que existe en España (el segundo más alto de la UE).

Es decir, son chicos que no tienen una titulación básica.


Arganda del Rey es sólo un ejemplo. Esta localidad tiene una de las tasas de fracaso escolar más altas de la Comunidad de Madrid debido, en parte, a la proximidad de un gran polígono industrial, que ha proporcionado a muchos chicos del municipio un dinero fácil y un despido fulminante en cuanto los beneficios de las empresas han empezado a decrecer.

Con la carta de despido, llega la hora del ¿y ahora qué hacemos con ellos? Miguel Soler, director general de Formación Profesional del Ministerio de Educación explica que, a falta del cierre de los datos oficiales, ya hay una percepción de que el porcentaje de abandono escolar, a pesar de ser aún muy alto, está empezando a descender. 'Por dos motivos, porque los chicos que antes abandonaban el instituto para ponerse a trabajar ya no lo hacen y porque los que se quedaron en paro se han apuntado a la escuela de adultos o han vuelto al instituto'.

Precisamente el pasado mes de noviembre, el Gobierno anunció, en colaboración con las comunidades autónomas, un plan para paliar el fracaso escolar. Con él se pretende que en 2012 ese porcentaje de jóvenes que no han pasado de la ESO quede reducido a la mitad. El plan prevé un aumento de unas 80.000 plazas en los llamados Programas de Cualificación Profesional Inicial, pensados para recuperar para el sistema educativo a los jóvenes que un día dejaron
los estudios.

El sindicato CCOO cree que cualquier plan tiene que ir acompañado de 'una mayor relación entre el proceso formativo y el mercado de trabajo'. 'Hay que mejorar los procesos de inserción laboral y acompañarlos con itinerarios personalizados', afirman desde el sindicato.

Obligación social

Para César Coll, catedrático de Psicología Evolutiva y Educación de la Universitat de Barcelona, 'es una obligación social reinsertar a estos chicos, hay que buscar fórmulas para que vuelvan a engancharse a los estudios'.

Primer problema: la motivación. Lo sabe bien Carmen Jiménez, directora del Centro de Educación Para Adultos (CEPA) de Arganda, donde estudian más de 1.000 personas. El CEPA admite alumnos de 16 años que presenten un contrato de trabajo. 'El problema con los alumnos más jóvenes es que muchos no se lo toman en serio, se piensan que todavía están en el instituto. Los chicos de 16 años todavía tienen que madurar', sostiene Jiménez. 'Hasta que no tienen 20 ó 21 años no le ven las orejas al lobo', agrega.

Este argumento lo corroboran los alumnos. Magda García, de 20 años, trabaja los fines de semana como cajera. 'Aquí mucha gente viene al pitorreo', dice. Ella se lo toma en serio porque ya sabe lo que es trabajar sin tener formación. 'Hasta que no te pones a currar no ves lo que necesitas tener estudios, incluso lo echas de menos', añade.

A su lado escucha atentamente Manuel Marín, de 24 años, que en su día dejó el instituto 'por la economía familiar'. 'Somos seis hermanos y no había manera de que el sueldo de mi padre llegase a todos. ¿Que si tengo ganas de sacarme el título? Claro, si no, no vendría'.