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Gerrard, la sangre roja del Liverpool

Hoy juega el agitador de Anfield, el alma y el corazón del Liverpool

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'Si me abro las venas, mi sangre es roja Liverpool. Amo a este club con pasión'. Las dos primeras líneas de la autobiografía de Gerrard son tan contundentes y sobrias como su portada, titulada sólo con su nombre y un retrato que delatan sus orígenes. Vaqueros, una cazadora casual con cuello de tirilla y pelo corto. Un chico cualquiera de la industrial y portuaria Liverpool. Uno de tantos chicos ingleses criado en simulados campos de fútbol rodeados de adosados de ladrillo visto y chimeneas infinitas.

Hoy juega Gerrard. El agitador de Anfield. Dos zancadas suyas con el balón controlado hacia la portería de Casillas levantarán a la legendaria grada The Kop y al resto del graderío. Su fútbol es el termómetro del equipo en el campo, en el vestuario y en las tribunas. Es el único futbolista capaz de hacer que Benítez acepte el fútbol libre. Su juego emocional de ida y vuelta cuando se desboca enciende Anfield. 'Es mi casa, mi mundo. Nací para ser un red', relata. Es el alma y el corazón del Liverpool.

El Madrid debe temer cuando Gerrard decida iniciar sus particulares cargas ligeras. En ellas se cuelga al equipo a la espalda, convierte el juego en una mixtura romántica de sentimientos, lucha y técnica y abandera una causa: para derrotar al Liverpool, hay que acabar antes con él.

Gerrard se crió en Huy-ton, un suburbio al este de Liverpool. Su calle, Ironside Road, pertenecía al distrito de Bluebells, cuya vía principal es conocida como la Calle de la Felicidad. 'En Bluebells confluían cuatro carreteras, cada una con un pub en la esquina. De allí salieron buenos grupos de música, como The Las, Space y Cast. Y buenos futbolistas, como McMahon'. Todos esos caracteres se formaron allí.

Cuenta Gerrard una vida cosida al balón. 'Jugaba con mi hermano Paul y sus amigos, que eran tres años mayores que yo. Me daban patadas, me entraban fuerte, pero yo seguía. Una vez me hicieron una brecha, fui a casa, me curaron y volví al partido. Me ovacionaron'.

Nunca lo pasó tan mal Gerrard como cuando estuvieron a punto de cortarle el dedo gordo del pie con nueve años al golpear un balón entre unas ortigas que también escondían un rastrillo: 'Mis sueños de ser jugador del Liverpool se vinieron abajo. El médico quería cortarme el dedo por temor a que una gangrena pusiera en peligro todo el pie derecho, pero mi padre llamó a Steve Heigway [ex jugador del club y entrenador de la cantera]. Steve le dijo al doctor que no hiciera nada, que los médicos del club me tratarían. Pasé cinco semanas sin poder golpear lo que más quería en mi vida'. El pie derecho dañado es el mismo cañón que amenazará hoy a Casillas. Cualquier rechace en la frontal del área, cualquier oportunidad de perfilarse para armar su potente disparo encogerá al madridismo y hará estallar Anfield si revienta las redes.

El secreto de su temido golpeo lo achaca a un juego picante tradicional de los scousers (nativos de Liverpool): 'Tirabas a puerta y, si fallabas, tenías que enseñar el culo. Lo mismo para el portero si encajaba el gol'.

Si esta noche logra un gol, Gerrard se lo dedicará a alguien muy especial: 'Cuando paso por la Shankly Gates, busco el nombre de una de las 96 víctimas de la tragedia provocada por el derrumbamiento de las gradas de Hills-borough. La inscripción de Jonh-Paul Gilhooley es la que busco. Tenía 10 años. Era mi primo. Juego para él'.