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Gervasio Sánchez gana el Premio Nacional de Fotografía

El jurado ha valorado su compromiso con la denuncia y especialmente su trabajo sobre las minas antipersona

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Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) es un fotógrafo curtido en carreteras secundarias. De los que hablan de 'historias' en lugar de 'imágenes' y de los que echan horas detrás de una barra para pagarse el avión a África. 'Yo quería ser periodista porque creía que iba a viajar', explicó ayer, minutos después de saber que el Ministerio de Cultura le concedía el Premio Nacional de Fotografía.

Sánchez definió el galardón como 'una grata sorpresa. Quiero pensar que es un premio a la fotografía de prensa. En el mundo del periodismo, el trabajo del fotógrafo queda muchas veces devaluado por los propios compañeros, desde el diseño a la maqueta. Pero hay historias que no funcionarían si no fuera por las imágenes'.

Las fotos de Gervasio no son cómodas para él ('he visto cosas muy duras', admite), ni para el espectador. Libros como Vidas minadas, El cerco de Sarajevo, Niños de la guerra, Kosovo, La caravana de la muerte y Sierra Leona muestran a fondo conflictos que los telediarios despachan en tres minutos. Y lejos de engrosar una bibliografía olvidada, funcionan en su mente como un azote contra el olvido.

De ahí que siempre vuelva sobre el lugar de los hechos. Lo hizo con Vidas minadas, serie que muestra las prótesis y las condiciones de vida de algunas víctimas de las minas antipersona, y sobre la que volvió en 2002 y 2007, a los cinco y a los diez años del primer proyecto. Datos objetivos como los tres euros que cuesta producir una mina (contra los 750 que cuesta desactivarla) se mezclan en sus exposiciones con el sueño plácido de un bebé africano.

A los ocho años Gervasio se sabía todas las capitales del mundo, gracias a un álbum en el que iba coleccionando sellos de diferentes países. Con el tiempo, la curiosidad se transformó en compromiso: se matriculó en Periodismo y leía periódicamente los boletines de Amnistía Internacional.

'Quería saber si lo que contaban pasaba', recuerda. Así que primero hizo el petate para marchar a Guatemala, después a El Salvador, Nicaragua, los Balcanes, Oriente Medio... Entre medias, trabajó como camarero y redactó noticias para una emisora de radio.

'Quizá suene inocente, pero yo siempre he creído que el periodismo servía para mejorar las cosas, como la Sanidad o la Educación. Y más concretamente, para que la sociedad sea menos manipulable', agregó al otro lado del teléfono.

Esta obsesión por mostrar la realidad sin reservas le lleva a completar sus fotografías con textos en los que desgrana la vida de las personas que fotografía, que a menudo activan la implicación emocional del espectador. 'Gervasio no ha esperado a ser un astro en la luz o la estética, sino en dar contenido a la fotografía, en subrayar su función social', valoró ayer Chema Conesa, uno de los editores gráficos de este país.

Precisamente 'su compromiso con la fotografía como herramienta de denuncia de la violencia en los conflictos armados' fue destacado ayer por el jurado, presidido por Ángeles Albert, directora general de Bellas Artes, y formado por José María Rosa Angulo, Paloma Esteban Leal, Rosina Gómez-Baeza, María Fernández Palou, Rafael Doctor Roncero y Santiago Olmo García.

El Ministerio también valoró 'su continuada labor a favor de la justicia y especialmente por su trabajo sobre las minas antipersona, su aportación a la fotografía de reportaje y cómo a través de ella dignifica a las víctimas fotografiadas, con una mirada particular que enaltece los mejores valores del fotoperiodismo'.

Sus compañeros coincidieron en destacar su enorme fe en el trabajo. 'Es un fotógrafo coherente, honesto y consecuente. Se ha buscado la vida y se ha puesto al servicio de lo que quería defender, contando las historias que quería contar', estimó el fotógrafo Matías Costa. Nadie se atreve a colgarle sambenitos más precisos porque Gervasio Sánchez los odia.

'Me molestan ciertas etiquetas, como cuando me dicen que soy un periodista solidario. Para mí el periodismo es compromiso', enfatiza. El compromiso de no callar historias como las de Sofia Elface, mozambiqueña que perdió a su hermana en la explosión de una mina y viajó a Barcelona para cambiar sus primeras prótesis; o el bosnio Adis Smajic, que a sus 25 años vive de una pensión como mutilado de guerra tras perder un ojo y un brazo y ha padecido 30 operaciones quirúrgicas.

'Quienes han sufrido la pérdida de una o dos piernas a edades tempranas necesitarán cambiar de prótesis unas 25 veces antes de morir', escribió en el catálogo de la muestra Vidas minadas, celebrada en el Instituto Cervantes en 2007.

Con el mismo espíritu reivindicativo, Gervasio Sánchez tampoco se ve como un privilegiado, a pesar de que ha sido testigo de acontecimientos políticos históricos. 'He llegado donde he llegado trabajando muy duro y por carreteras secundarias del periodismo. He trabajado de camarero y nunca en la plantilla de un periódico. Me he buscado mi dinero para poder irme a donde me interesaba', resumió.

Pero además, en los últimos años, Sánchez se ha volcado en la divulgación y la formación de la fotografía con sus Encuentros de Albarracín (Teruel), de los que es organizador. Es allí donde cada año habla de su pasión por este oficio. 'A los chavales les digo que es más difícil hacer una buena historia al lado de tu casa que en Nueva Delhi. Y lo mismo pasa con la crónica periodística', resuelve.

'Es el gran fotógrafo humanista de este país', según Juanma Castro Prieto, 'por su compromiso social y sus retratos de la locura de la guerra'. Si en algo coinciden todos sus colegas de profesión es en destacar su fe en el trabajo. 'Me hace mucha ilusión que se haya premiado a un fotógrafo de tanto tesón y vocación', subrayó José Manuel Navia. En la misma línea se expresó Paco Gómez: 'Se lo merece. En los últimos años ha cambiado en algunas cosas, abriéndose a la instalación y a obras más conceptuales'.

Con todo, da la impresión de que el último Premio Nacional de Fotografía equipare el fotorreporterismo a la fotografía artística, galardonada en pasadas ediciones con el reconocimiento a María Bleda y José María Rosa, Manuel Vilariño y Ouka Leele. 'No podemos olvidar que el documentalismo es el tronco de la fotografía', defendió ayer Navia. Y las historias de Gervasio Sánchez nos lo recuerdan constantemente.