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De la 'gestapillo' a la 'camorrilla'

Aguirre sufre una derrota sin presentarse al campo de batalla

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Horas antes de la reunión del Comité Ejecutivo, varios dirigentes carecían de duda alguna: el cónclave dejaría las cosas como estaban, no sería el cierre de la crisis permanente que acompaña al partido como su sombra. La premonición que expresaron era que Esperanza Aguirre sería crucificada. Pero ninguno de ellos aventuraba la posibilidad de que la derrota de Esperanza fuera una derrota sin combate. Esto es, que la presidenta madrileña desertara.

Cuando más tarde esos dirigentes supieron que Esperanza había tomado la decisión táctica de ausentarse, la reacción de los mismos fue casi unánime. Esperanza había tirado la toalla. 'Es la situación en la que cuando sale el toro, el torero se raja', dijo uno de esos dirigentes que simpatiza con la presidenta. 'Usted ya no va a ser líder de nada nunca', añadió.

Está claro, según otras fuentes, que Aguirre meditó mucho la decisión de ausentarse, mejor dicho, de no presentarse al campo de batalla. 'Aunque sepas que vas a perder, es mejor una derrota después de presentar combate que huir', dijo un dirigente del PP. 'Es que al final tampoco te preservas. Has demostrado que se trata de jugar a las escondidas. Ha ocurrido en el congreso de Valencia en 2008 y ha ocurrido hoy [por ayer]. Es tu final', agregó.

Rajoy no ha atinado a hacer un ejercicio de definición conceptual

El protagonista de ayer, mira por dónde, ha sido Manuel Cobo. Y no porque, como esperaban muchos dirigentes, se hubiese disculpado por sus declaraciones. Sino porque las amplió y les dio resonancia en la reunión. Fue en ese ámbito donde acusó directamente a Esperanza de espionaje al afirmar que no se puede definir como contraespionaje lo que le hicieron a él y a sus escoltas porque los que espiaban no tenían autorización del espiado, que es lo que definiría el contraespionaje.

Cobo pasó de la gestapillo, pues, a la camorilla. Y Ruiz-Gallardón le apoyó. A Rajoy esta acusación le entró por un oído y le salió por el otro. Madrid se ha convertido, pues, en Poisonville, la Ciudad Venenosa en el que sitúa la batalla de bandas gangsteriles Dashiell Hammett en su novela Cosecha Roja.

Lo llamativo es que, cuando ha tenido la oportunidad de definir lo que está ocurriendo, Rajoy no ha atinado a hacer un ejercicio de definición conceptual. Ha descrito los comportamientos en Valencia y en Madrid como si fuese un cronista de la crisis, no el principal protagonista de la misma. Y como cronista se ha quedado en los síntomas sin profundizar en las causas.

Porque, ¿cuál es la raíz de la crisis? La raíz es la percepción de los principales dirigentes del PP de que Rajoy se ha mostrado incapaz de tomar decisiones en un asunto de tanta importancia como la corrupción, sobre la cual ayer manifestó, genéricamente, su extraordinaria relevancia. La percepción de que en el caso de la Comunidad Valenciana ha sido notablemente tolerante con Francisco Camps y sus maniobras.