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Ghana defiende el honor africano

Reuters

Por Carlos Castellanos

El concepto de universalidad y el deseo de fomentar el desarrollo del fútbol en todos los rincones del planeta motivó a la FIFA (Federación Internacional de Fútbol) en 2004 a conceder a África la organización de su primer Mundial, después de 7 torneos en América, 10 en Europa y 1 en Asia.

Por primera vez, África contaba con la presencia de seis selecciones en un Mundial y se esperaba que ésta fuera la ocasión que sus equipos dieran un importante salto de calidad. Sin embargo, una por una, han ido cayendo en primera ronda y, a falta del último partido de Costa de Marfil, que debe recuperar ocho goles a Portugal en la jornada final, sólo Ghana ha salvado el honor del continente.

La primera vez que un país africano participó en un Mundial fue en 1934, cuando Egipto acudió a Italia tras superar una eliminatoria única a doble partido frente a Palestina por 7-1 y 4-1. Su presencia en la fase final terminó después de un solo partido, una derrota por 4-2 ante Hungría. Ningún país africano volvería a jugar un Mundial hasta 1970, cuando Marruecos llevó la bandera del continente en México.

El primer representante de la África negra fue Zaire en 1974, el campeón continental de ese año. Los zaireños pagaron cara su inexperiencia y cayeron por 2-0 ante Escocia, 9-0 contra Yugoslavia y 3-0 frente a Brasil.

La opinión generalizada era que las selecciones africanas tardarían mucho tiempo en ser competitivas, pero al siguiente Mundial, Túnez dio la campanada y logró la primera victoria de un equipo de ese continente cuando venció a México 3-1 en Rosario (Argentina). Túnez cumplió una gran actuación y se fue a casa después de perder 1-0 con Polonia y empatar 0-0 con Alemania Federal.

La hegemonía en África de los países árabes del norte quedó ilustrada en el Mundial de España en 1982 con la destacada participación de Argelia, que consiguió imponerse 2-1 en Gijón a la Alemania Federal que sería finalista de ese torneo.

Argelia volvió a acudir al siguiente Mundial, con menos éxito que en España, y finalmente en 1990 se produjo la verdadera explosión del fútbol africano que todos esperaban y deseaban, así como el traslado de poder a los países subsaharianos: Camerún debutó con el campeón de aquel momento, Argentina, en el partido inaugural y logró derrotarlo por 1-0. La buena marcha camerunesa continuó hasta que Inglaterra le puso fin en los cuartos de final con un resultado de 3-2 después de la prórroga. Nunca una selección africana había llegado tan lejos y, como consecuencia, empezaba extenderse la opinión de que algún equipo de ese continente estaría preparado para ser campeón del mundo en un plazo de 20 años.

EXPECTATIVAS NO CUMPLIDAS

Los pronósticos más alentadores nunca se cumplieron y desde aquella ocasión en el Mundial de Italia de 1990, sólo Senegal en 2002 ha sido capaz de repetir la actuación camerunesa y clasificarse entre los ocho mejores. Los demás, por diversas razones, no han cumplido las altas expectativas de los expertos.

Este año, el Mundial de Sudáfrica iba a ser la ocasión que el fútbol emergente de África iba a situarse finalmente entre la élite gracias al nivel de sus figuras en las ligas europeas y su mayor roce y experiencia internacional. Pero si Costa de Marfil no consigue entrar en la siguiente fase, sólo Ghana, con una victoria, una derrota y un empate, portará el pabellón y defenderá el orgullo de África.

Una de las posibles explicaciones de este fracaso, en "su" Mundial reside en la desigualdad que existe en el nivel de juego entre las primeras espadas de los equipos y el resto de integrantes. Entre esas debilidades coincide en todos los combinados africanos la inseguridad de sus porteros.

Sumado a algunas deficiencias en el campo, existe una impaciencia en las federaciones nacionales que resulta en cambios frecuentes de entrenador y proyectos de selección demasiado cortos.

Tanto Nigeria como Costa de Marfil despidieron a sus entrenadores después de la Copa de África del mes de enero y tuvieron muy poco tiempo y un escaso número de partidos para preparar el Mundial con Lars Lagerback y Sven Goran Eriksson respectivamente. En Camerún, Paul Le Guen asumió en julio de 2009 y firmó un contrato renovable de cinco meses. Sudáfrica cambió varias veces de seleccionador hasta que Carlos Alberto Parreira volvió en 2009 al cargo que había abandonado un año antes.

Los dos seleccionadores que más tiempo llevan en el puesto son Milovan Rajevac, al frente de Ghana desde 2008, y Rabah Saadane, conductor de Argelia desde 2007. Y Ghana, con dos años ininterrumpidos de trabajo, ha avanzado a octavos de final.

África, indudablemente, sigue teniendo un enorme potencial gracias a las cualidades técnicas y a la fortaleza física de sus jugadores y seguramente algún día consiga ganar un Mundial, pero quizás esa posibilidad todavía esté a 20 años de cumplirse.

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