Público
Público

Giovanni Giacometti, un pintor de la luz, a la sombra de su hijo

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Giovanni Giacometti, pintor de la luz, ha quedado a la sombra de su hijo, Alberto Giacometti, figura señera de la escultura del siglo XX, pero que fue un gran artista y un extraordinario colorista lo demuestra la exposición que puede verse hasta el 21 de febrero en el Museo de Bellas Artes de Berna.

Última de una serie dedicada a grandes pintores suizos como Cuno Amiet, Félix Vallotton y Ferdinand Hodler, la exposición reúne en torno a un centenar de obras procedentes de museos y colecciones privadas.

La luz fue siempre una preocupación central de Giovanni Giacometti (1868-1933), algo en lo que tal vez influyese el hecho de que en Stampa, la localidad del valle suizo del cantón de los Grisones donde tenía su estudio, el sol estaba ausente durante largos meses y, cuando llegaba finalmente, era como una bendición.

En muchas de sus cartas, Giovanni Giacometti se refirió a la importancia de ese fenómeno: el artista suizo trató en sus cuadros de reflejar las mínimas variaciones lumínicas, recurriendo a la inmediata yuxtaposición de puntos o pinceladas de colores puros y complementarios.

Su pasión por el color, que parece a veces un grito de júbilo, está en las antípodas de la grisura de la obra pictórica de Alberto, del gran vacío en el que parecen existir sus esculturas filiformes.

"El color es para mí mucho más expresión de la luz que simple motivo decorativo. No se puede pintar el sol cuando uno no lo lleva en los ojos, o mejor, en el alma", escribió Giacometti.

Y en otra ocasión: "El artista debe entusiasmarse por el objeto, que puede ser la luz que dora el paisaje, o las manchas de sol que juguetean en torno a la madre que amamanta al hijo".

Giacometti bebió de distintas fuentes: del divisionismo de Giovanni Segantini y del expresionismo centroeuropeo -aunque el suyo es un expresionismo perfectamente controlado y no un grito de desesperación-, pero sobre todo de su ídolo Van Gogh.

Son fascinantes sus paisajes alpinos bajo la nieve y bañados en una luz que a veces parece sobrenatural, pero también los retratos de su familia, a la que utilizó repetidamente cada vez que quería experimentar un nuevo estilo.

Su estilo último es en sus mejores obras -entre ellas un autorretrato en su estudio- tan innovador como el del austríaco Oskar Kokoschka o el noruego Edvard Munch.